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Extramuros: la ciudad que no sale en postales ni en pregones

  • Sociología. El turismo del casco histórico se complementa con el mapa-mundi del distrito Macarena, el más poblado de la ciudad, con una población que es una sociedad de naciones

Salida del autobús de La Algaba en la calle Don Fadrique, con la Basílica de la Macarena al fondo. Salida del autobús de La Algaba en la calle Don Fadrique, con la Basílica de la Macarena al fondo.

Salida del autobús de La Algaba en la calle Don Fadrique, con la Basílica de la Macarena al fondo. / belén vargas

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El frío de Sevilla no tiene pregoneros, como si el invierno no existiera. No aparece en los pregones ni en las postales. Sólo en los versos de Pepe Hierro: "Ojú qué frío... los andaluces". Pero ese frío no es térmico. Víctor Fernández decía desde Nervión, a punto de iniciar la retransmisión dominical, que suena a balones de precepto, que el termómetro marcaba quince grados, pero la percepción térmica era de quince grados bajo cero. Como cuando se ponían los negativos en las clasificaciones de los equipos. Hasta que llegó la Liga de los tres puntos, dos cuando empatan.

El relente se nota en la muralla de la Macarena. La iglesia de los Capuchinos recuerda los años que residió y pintó allí Murillo. 22 lienzos nada más y nada menos, que ahora se exponen en el Museo de Bellas Artes. El retrato del pintor es omnipresente en todos los paneles de la avenida León XIII. Una calle singular que bulle de actividad de día y se apaga de noche. Junto a un jardín acotado como particular estuvo la vivienda donde la pinza de Arenas y Rejón exilió a Manuel Chaves con Diego Valderas presidiendo el Parlamento. Tenía por vecina a la bailaora Carmen Albéniz, la que le enseñó a bailar sevillanas a Paco Rabal para la serie Juncal.

Allende la Macarena no llegaron los azulejos de Gestoso, sí los cuadros de Murillo

En la puerta de una peluquería se ve la convocatoria de una misa en San Julián en memoria de José María, que da nombre al local y consta como maestro de una legión de profesionales. La calle Antonio Machín, el cubano que está enterrado en Sevilla -al revés que el torero Curro Cúchares, que le dio nombre al arte de la tauromaquia y lo enterraron en La Habana- está delineada en casas unifamiliares, en contraste con los bloques de la avenida.

Cuando la tarde se muda en noche, no queda casi nadie en la calle. La sociedad es una suma de historias que buscan el refugio del hogar, de la familia. Se atisban las historias en las luces de interiores: cuadros, libros, muebles, la imagen en movimiento de una televisión encendida. La sociología de la ciudad cambia en cuanto uno se aleja del casco histórico. Los monumentos empiezan a ser de carne y hueso. Hasta aquí no llegaron los azulejos de José Gestoso en el tercer centenario del Quijote ni las citas de Ocnos de Cernuda. Gente corriente, la que hace la historia.

El frío es una curiosa paradoja con calles que se llaman por ejemplo Playa de Conil. Aquí sí hay playa. Domingo paseante por El Cerezo con tres peluquerías low-cost, cinco euros se lee en los escaparates, las tres bien surtidas de clientela, algunos incluso esperando. Avenida Leal Castaño, padre que fue de Antonio Leal Graciani, que fue jefe de los servicios médicos del Sevilla. Se nota en los rostros de cansancio a la gente que sale del hospital para tomar un refrigerio en el bar Universitario, donde se encuentran serranitos a deshora.

La calle Don Fadrique es una sociedad de naciones, un mapa-mundi de aventuras. Negocios que cambian de titularidad, de temática, salvo el clásico Casa Manolo, que tiene anotadas las fechas de todas sus reformas. A esa hora parece la cantina de una estación de ferrocarril con destino a todos sitios y a ninguna parte, donde iban los cómicos de la legua en la obra de Fernando Fernán-Gómez que fue película. Por Don Fadrique pasan el autobús de La Algaba y el 14 camino del Polígono Norte: quitaron del callejero a Pedro Gual Villalbí, el ministro sin cartera que vino para administrar el reparto de viviendas y enseres a los damnificados por la riada del Tamarguillo y sale en las Memorias de Samaranch, a quien los rusos y el barón de Coubertin salvaron de que lo borraran de calles y plazas.

Continúan las obras en las inmediaciones de la Basílica de la Macarena. Una visitante sale impresionada del Tesoro, con el aporte sentimental de recorrer ese patrimonio material e inmaterial con el sonido ambiente de la misa de ocho. En el comienzo de San Luis hay una parada del C5, el microbús que entra por curvas y requiebros. La Rosa de San Gil. El nombre del bar es una hermosa denominación de la Reina del barrio. La calle Pozo es una sierpe con convento y colegio de carmelitas. La calle Parras conserva una fisonomía que aguanta bien el paso del tiempo. Calle con alma aunque a esa hora no hay un alma en la calle.

La ciudad Extramuros es una caja de sorpresas. El distrito Macarena es el más poblado de la ciudad, aquí se ganan y se pierden alcaldías. Don Fadrique tiene entre sus vecinos al Parlamento de Andalucía. El sufragio universal, ocho provincias en Cinco Llagas. En un entorno de chinos, africanos y latinos. Por España y la Humanidad. Blas Infante dixit.

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