Fallece Daniel Jiménez-Quirós, ex hermano mayor del Santo Entierro

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Si hay algo de lo que estaba orgulloso Daniel Jiménez-Quirós Martínez era de la armonía, concordia y buen ambiente que impregnaron la vida en su hermandad del Santo Entierro en los ocho años que fue hermano mayor, de 1997 a 2005. En la madrugada del lunes Dani, como era conocido este abogado, falleció en su casa sevillana tras sufrir un infarto a los 53 años de edad. Fatalidades del destino, murió el mismo día de su cumpleaños.

Hermano antiguo de la cofradía de las Tres Caídas de San Isidoro, Daniel Jiménez-Quirós ingresó en el Santo Entierro en 1977, cuando fue suprimido el límite de los cien hermanos. Un año más tarde, pasó a formar parte de la junta reformadora, junto con su amigo y hoy sucesor al frente de la hermandad, José Miguel Onieva. Desde ese año, ha sido oficial del Santo Entierro hasta su despedida como hermano mayor, ocupando todos los cargos en la junta durante 26 años. Además, fue uno de los impulsores de la Tertulia El Museíto que anualmente concede el Jarrillo de Lata.

Durante sus mandatos se enriqueció notablemente el patrimonio, tanto material como inmaterial, de la hermandad, se reforzó el plano espiritual y engrandeció su capital humano. Entre sus logros destacan la terminación y el dorado del paso de la Urna, y la celebración del Santo Entierro Grande, en el año 2004. Abrió la hermandad a todos, sobre todo a los jóvenes y consiguió hacer de una corporación con tantas peculiaridades una hermandad más, como asegura Onieva: "Hemos conseguido que la gente sienta al Santo Entierro como su primera hermandad y en gran parte se lo debemos a él". Empezó como hermano mayor siendo soltero y salió del cargo casado con Reyes Iglesias Aguilar, a quien deja viuda.

Este cofrade, de corte antiguo y reflexivo, recelaba del momento por el que están pasando las hermandades, con problemas y actitudes que aseguraba no haber visto nunca antes. "Los cofrades nos hemos creído muchas veces el ombligo del mundo y, aun siendo importantes, no somos los únicos que existimos en esta ciudad, ni las cofradías las únicas instituciones de Sevilla", explicaba en una entrevista publicada en este periódico en el año 2002.

Su mayor momento de gloria lo vivió con la celebración del Santo Entierro Grande de 2004, de cuya realización se sentía muy satisfecho, aunque no le gustaba alardear de ello, como escribió en su artículo de despedida en el boletín de la hermandad: "No voy a hacer un balance triunfalista de mis mandatos. No es el sitio ni el momento. Ni yo soy el más indicado para hacerlo. Esa tarea os corresponde a vosotros, aplicando la leyenda de un azulejo existente en un bar de nuestra ciudad que nos recomienda no hablar demasiado de uno mismo, pues ya se encargarán de hacerlo los demás cuando usted se vaya".

Todos coinciden en destacar que Daniel era, por encima de todo, "un hombre bueno y encantador, y un cofrade comprometido". El funeral se celebrará en la Parroquia de San Isidoro y, posteriormente sus restos mortales serán incinerados en el cementerio de San Fernando. Por expreso deseo del fallecido, sus restos mortales descansarán en el columbario de ese templo.

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