Julio Cuesta

Gambrinus en Gitanillo de Triana

  • Vivió la Expo que hoy se conmemora en despachos y pabellones. Sociólogo nacido en el Arenal, reciclado en Texas, evoca la doble militancia ferial y colombina del 92.

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ESTE 21 de abril se cumplen 21 años y un día de la inauguración de la Expo 92. "Gracias a la Exposición, la gente descubrió un río que le da 27 vueltas al Sena". Julio Cuesta fichó en enero de ese año por la Cruzcampo, de cuyo pabellón era comisario Eduardo Osborne Ysasi.

En 1992, Julio Cuesta vivía en la calle Arjona. En 2013, vive en Julio César. "Me mudé una manzana, pero sigo siendo feligrés de la Magdalena". Y sigue siendo socio de la caseta Los de la Cuesta, en Gitanillo de Triana. "La Expo la iban a inaugurar el 18 de abril de 1992, pero ese día era Viernes Santo. Se retrasó tres días, al Lunes de Pascua". En las primeras horas de aquel 18 de abril, este sevillano del Arenal salió de nazareno del Silencio, siendo además hermano del Baratillo, de la Pura y Limpia y de la Sacramental del Sagrario, parroquia adscrita a la catedral en la que se bautizó y se casó.

La Expo llegó después de la Semana Santa pero se cruzó con la Feria. No hubo choque de trenes. "Ni en la Feria había sensación de que en la ciudad se celebraba una Exposición Universal, ni en la Cartuja existía la percepción de que la ciudad estaba de Feria".

Recuerda mucho mejor el día de la clausura. "Antonio, el chico de mis tres hijos, se perdió ese día. Tenía cuatro años. Me fui hasta la puerta de Triana a buscarlo. Se iba todo el mundo. Al final lo encontramos en la oficina de niños perdidos. Estaba dormidito, de noche, con la rebequita de una azafata".

Vivió los prolegómenos del certamen en la oficina del comisario Manuel Olivencia en la avenida de la Palmera. Dominios de la Exposición del 29 que conoce bien por el trabajo en el consulado de Estados Unidos, en el pabellón de la Exposición de 1929.

Olivencia o Pellón. "Mi tesis siempre es que tenemos el enemigo en casa. Lo que no me explico es que los dos hombres que más han hecho por esta ciudad en toda su historia en un periodo más corto de tiempo no tengan sus nombres en las dos glorietas más importantes de Sevilla".

Los calores de esta Feria le llevan a aquellas canículas cartujanas. "Había una auténtica obsesión con el calor; antes que ningún pabellón, lo primero que construye la Sociedad Estatal es el Vivero de San Jerónimo".

Desde aquel año de la fiebre Indurain a éste del carril-bici ve crecer una ciudad-exposición en la que trabajan "de dieciocho a veinte mil personas". Junto a la ciudad de los nueve puentes, la ciudad vieja, de tiempos del Julio César que da nombre a la calle donde vive este Julio nacido en el julio sevillano. "Sevilla fue capital del mundo 250 años, le faltan 150 a Nueva York para alcanzarlos. Pero no sabemos vender nuestro principal patrimonio, nuestra historia. La gente va a Nueva Orleans a escuchar jazz y a Lisboa a oír fados. Nosotros también tenemos una música singular, pero dime un sitio donde poder oír buen flamenco en Sevilla". Vivió el tránsito de Guinnes a Heineken. Además del niño perdido y hallado en la Expo, es padre de Julio y Javier. Los hijos de Carmen, con la que descubrió Venecia antes y después de la Expo. Sus mosqueteros del Baratillo.

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