La llegada de los Reyes Magos

La infancia recuperada

  • Una bulla jubilosa en la que nadie se jubila que partió de Orfila con el centenario Ateneo.

La infancia recuperada es uno de los más hermosos libros de Fernando Savater. Si la infancia es la patria del escritor, porque a la vista está que la patria es la infancia mal digerida de políticos narcisistas, también es la madurez suprema de los niños sin edad, el tiempo sin tiempo encarnado en un espacio remoto. Es la noticia que trajo el Heraldo en una novísima tradición cocida en el arcano de los orígenes ancestrales, el anteayer de las emociones.

Una bulla jubilosa en la que nadie se jubila que partió de Orfila con el centenario Ateneo y algunos de sus más dilectos ateneístas: Miguel Cruz Giráldez, Fernando de Artacho, Gerardo Pérez Calero, terna más de paseo que de paseíllo, clasicismo de lo que siempre se renueva, la savia de esos ojos de asombro que convierten los hombros de sus padres en altozano privilegiado. Así la ciudad se llena de gigantes como los imaginaba en su metáfora del tiempo Marcel Proust. Sale de Orfila, oferta de parrillada de marisco con Albariño en el bar La Pitarra. La infantería musical, con una banda de vanguardia (guiño a Manolo Marvizón), otra de retaguardia; los primeros se quitan los tricornios ornamentales cuando llegan al Ayuntamiento antes de iniciar el viaje de regreso a la plaza de San Andrés. La caballería hace las delicias de esa chiquillada que ha convertido a sus padres en centauros del desierto del que se supone que llegarán los portadores del oro, incienso y mirra.

Niños con nombre: Raquel, Paco, los mellizos Rafa y Bea. Y una legión de niños anónimos de Murillos posmodernos. Las calles que el resto del año permanecen vacías se convierten en estuarios para el paso y el asentamiento. Calle Goyeneta, esquina con Cuna, con vistas a la Casa Palacio Condesa de Lebrija. Dos señoras están asomadas al balcón. Alguien imagina que una de ellas será la duquesa. En fiestas como esta y su colofón del viernes, el pueblo se convierte en aristocracia sin que haga falta ninguna revolución rusa.

Algunos niños llevan sus cartas para dejarlas en ese buzón oriental. Una niña no suelta la carta con sus deseos. Confidencias de sueño y ensueño que ha metido en un sobre para las elecciones al Congreso de los Diputados. Lo que no se sabe es si son de las elecciones de junio de 2015 o las de diciembre de ese año, que se fundieron con las Navidades. La calle Francos recupera su sabor cofrade. En la calle Álvarez Quintero se lee la placa de la casa donde pasó sus últimos años Ramón Carande, a punto de ser tan centenario como la Cabalgata del Ateneo. La Giralda y su Giraldo reciben espléndidas al Heraldo en la esquina de Alemanes junto a casa Gonzalo, que en 2020, el próximo año bisiesto, será también centenaria. Antes el cortejo atravesó en la apoteosis la plaza del Salvador, con los camareros de la Bodeguita asomados a la segunda planta. Sólo la estatua de Martínez Montañés superaba en altura al delfín de director de orquesta: todos los ojos estaban pendientes de un niño de apenas cuatro años, subido a horcajadas sobre su padre, que no cesaba de aplaudir al ritmo de la música. Le han metido Sevilla en vena, encontraría esta ciudad en el más inverosímil de los mapas. Es un von Karajan que dirige el tráfico de las sintonías, da igual que sean villancicos que prodigios de charanga y verbena.

Los puestos del mercado navideño de Artesanía son puntos estratégicos para el paso del Heraldo a su vuelta. El alcalde de Sevilla pasa como uno más entre los transeúntes de la calle Granada, en un lateral de la Casa Grande. El atrezo espiritual de ser rey mago parece que lo hace invisible en un alarde de prodigio. El Heraldo vive unas horas irrepetibles. En la puerta del Ayuntamiento, junto al árbol, Luis Miguel Martín Rubio, antaño majestad de Oriente y munícipe, saluda a todo el mundo. El cortejo coge por Méndez Núñez. La terraza del Inglaterra es un mirador de fareros urbanos. En la plaza Nueva se queda San Fernando. La santidad es una magia verificada primero en el campo de batalla y después en la puerta del cielo. Por la calle Zaragoza, justo en la diagonal con Granada, camina Joaquín Sáenz de la Maza, presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías. El Heraldo anuncia muchas cosas, una de ellas son las ganas de Semana Santa que pronto empezarán a tener los padres de los niños en esa genética de la primavera. De Herodes a Pilatos.

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