La Noria

Inquietante precedente

  • La decisión de reubicar la mezquita de Sevilla en Cartuja 93, cuestionada por la Junta y los empresarios de la Tecnópolis, es fruto de la marcha atrás del Consistorio ante la 'opción Bermejales', avalada por la justicia

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NI ESTÁ junto al Estadio de la Isla de la Cartuja -el sentido de la ubicación no es precisamente una virtud reconocida del actual gobierno municipal- ni se trata de un equipamiento más al uso, pero todo parece indicar -salvo sorpresas de última hora- que la futura gran mezquita de la Sevilla que ya es inevitablemente metropolitana irá en un solar del Parque Tecnológico, con vistas al Guadalquivir -origen y principio de todo lo que somos, creemos ser y ambicionamos llegar a convertirnos en esta urbe- y con el apeadero del AVE a apenas un paso. Un enclave privilegiado que lleva desde hace más de una década con la única funcionalidad cierta de servir como aparcamiento en superficie. Todo un gráfico ejemplo de la capacidad de esta ciudad para sacar partido a sus propias potencialidades.

La elección del lugar llega tras un largo culebrón, que se ha prolongado durante años, en el que esencialmente se han dirimido dos cuestiones: en primer término, la coherencia política de PSOE e IU, que proyectaron esta importante dotación confesional en la zona Sur de Sevilla, junto a la ampliación de la barriada de Los Bermejales; y, en segundo lugar, la voluntad de parte de los vecinos (en el citado barrio) y de los empresarios y la Junta de Andalucía (ahora en la Cartuja) de condicionar la ubicación de este tipo de polémicos equipamientos en lo que ellos estiman que son sus áreas urbanas de influencia.

Del primer asunto la evidencia no deja lugar a dudas: el Consistorio no parece haber sido capaz de mantener la mínima concordancia entre lo dicho y lo hecho en relación a su decisión inicial, que no era otra más que situar la mezquita junto al puente del Quinto Centenario, en uno de los suelos periféricos de los que disponía. Si en su día se decidió elegir a Los Bermejales como sede de la mezquita -en realidad el suelo no estaba en ese momento en el barrio, cuyo crecimiento posterior sí se ha dirigido sin embargo hacia esa zona- fue porque allí era donde había opciones físicas de ubicar un equipamiento metropolitano de esta entidad. En aquel momento ni había Plan General -estaba en redacción- ni las alternativas a mano eran más que solares periféricos. Bermejales jamás fue un problema social y de integración hasta que una de las asociaciones de vecinos de la zona -no así todos los residentes, entre los que existen disparidad de opiniones a este respecto- decidió igualar al templo musulmán con el integrismo e impulsó una campaña de rechazo bastante poco edificante. El Consistorio pareció en principio capaz de soportar tal presión. Tenía casi todo de su parte: la capacidad política para tomar dicha decisión -es un gobierno democrático, surgido de las elecciones-, la legislación vigente -el proceso de cesión del suelo era completamente legal- y el sentido común, porque a nadie en su sano juicio se le escapa que los musulmanes sevillanos tienen derecho a tener un lugar digno donde poder orar. Una necesidad tanto más lógica si se conoce con cierto grado de profundidad la historia de Sevilla.

Hasta el giro dado en su postura opositora por la asociación Bermejales 2000 en un momento dado -la presentación de un contencioso administrativo contra el acuerdo que entregaba el suelo a los musulmanes- acompañaba al gobierno local, al dejar de ser ya una oposición cerril, fruto de la ignorancia y del miedo, para optar sencillamente por ejercitar legalmente el derecho que tienen los vecinos a mostrarse contrarios al proyecto, algo que, frente a las señales de primera hora, ya no cuestiona ni la libertad de culto ni va en contra de una confesión tan respetable como la católica o la cristiana, que no son precisamente la misma aunque generalmente tiendan a confundirse. Simplemente se optaba por ir al tribunal correspondiente por considerar que la administración local les perjudicaba. Que ganaran o no ya era otra cosa.

Litigio superado

El Consistorio, hasta ese momento al menos, había logrado mantener cierta coherencia. A la vista del litigio, optó por dejar en suspensión el proyecto. Medida prudente: no tenía sentido poner en pie un templo de tal magnitud si existía la posibilidad, por mínima que fuera, de que no fuera avalado por los tribunales. Hubiera dado lugar a una situación aún peor. Sin embargo, la justicia -en un fallo recurrible, pero sólido en su argumentación- no sólo dio la razón al Consistorio frente a los vecinos críticos de Los Bermejales, sino que consolidó el derecho de la Comunidad Islámica a contar con su templo en la ciudad en tal lugar. Lo inexplicable es que en ese preciso momento Monteseirín ya hubiera prometido -probablemente por un atávico miedo escénico de índole electoral- que la mezquita no se haría en el barrio. La consecuencia de tal capricho no ha sido otra que dar la razón, por omisión, a los vecinos de Bermejales. Un inquietante precedente, ya que, viene a aceptar -al igual que tantas veces ocurre con las polémicas promociones de viviendas sociales- que estos equipamientos no se pongan en aquellos enclaves urbanos en los que generen rechazo, como si esto fuera posible. De esta forma, la urbe que se construye ya no es fruto de la cohesión o el equilibrio, sino resultado de los vaivenes políticos. Esto explica que en la Cartuja, aunque de otra forma, el rechazo haya vuelto a resucitar. El problema de fondo continúa pendiente. No se ha arreglado nada.

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