La Junta y la Confederación cuestionan el acuerdo entre la fábrica y Emasesa

  • Los elementos químicos dificultan la eficacia de la depuración de las aguas

El acuerdo entre la Delegación de Medio Ambiente y Heineken España SA no incluye la construcción de una nueva planta de tratamiento de aguas residuales por parte de la multinacional en sus instalaciones de Torreblanca, aunque ésta es la opción preferida por la Delegación provincial de la Consejería de Medio Ambiente y por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG). Desde la Junta de Andalucía se considera imprescindible que la depuradora de Ranilla, adonde llegan ahora las aguas procedentes de la fábrica cervecera, sea tan sólo una solución provisional y que preste sus servicios para la depuración de aguas residuales de procedencia urbana.

La CHG es también partidaria de que Heineken tenga una depuradora adecuada a sus necesidades y no dependa de Emasesa. El comisario de Aguas de la CHG, Javier Serrano, cuestiona además la posición de la empresa municipal de aguas de Sevilla. "No entendemos que el Ayuntamiento haya aceptado depurar esos vertidos industriales, máxime teniendo en cuenta los antecedentes ocurridos en la provincia y la situación de la depuradora de Ranilla, que ya ha presentado problemas en el pasado", sentencia.

Serrano recuerda que el tratamiento de los vertidos de la industria aceitunera en localidades como Dos Hermanas o Morón en depuradoras públicas provocó que éstas sufrieran grandes y costosos desperfectos que difícilmente son compensables a través del pago de un canon a cargo de la industria que los genera. "Las multas", subraya, "las pagan además los ayuntamientos como titulares del alcantarillado en el que se detecta el vertido", por lo que es el erario público el que finalmente acarrea con el coste de una actividad industrial privada. Quizá por ello el canon que Emasesa ha puesto a Heineken es elevado -más de 2.200 euros al día- en comparación con la factura que se pasa a otras empresas por la depuración de sus vertidos, según un experto consultado por esta redacción.

La efectividad de la depuración en las plantas de residuos urbanos depende además, apunta el comisario de Aguas, de que exista "un sistema estable" de vertidos que permita que las bacterias encargadas de eliminar la materia orgánica "puedan hacer su trabajo", una meta que se pone en peligro cuando a la depuradora llegan residuos industriales, como ocurre en el caso de Heineken. La concentración de nitrógeno y fósforo puede contribuir a que esas bacterias acaben muriendo y que el agua, en consecuencia, tenga un nivel de depuración deficiente.

Desde Emasesa, por contra, se defiende su actuación y la de Heineken. "Venimos colaborando con la empresa desde el inicio de la depuración de las aguas residuales en Sevilla, hace ahora casi 25 años. Tanto en épocas de abundancia de agua en las reservas de los embalses como en el freático, Heineken, antes CruzCampo, se ha ocupado de colaborar y secundar estrechamente la gestión encomendada a Emasesa, respecto del consumo de agua y sus evacuaciones a la red de alcantarillado, beneficiando de este modo al conjunto de la población abastecida", indicó Emasesa en una respuesta por escrito a esta redacción.

La planta de Ranilla, al igual que las otras cuatro estaciones depuradoras de Emasesa, según la empresa municipal, "está diseñada para la depuración de aguas residuales urbanas e industriales asimilables y conforme a lo exigido en la Ordenanza Municipal de Vertido y Depuración" y, hasta el momento, no ha presentado problemas derivados de la depuración de residuos.

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