La Noria

Juventud, egolatría

  • La 'guerra del Facebook' que han protagonizado esta semana el portavoz municipal del PSOE, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, y el edil del PP José Miguel Luque da una idea del nivel político del Consistorio

AL César lo que es del César. El título del artículo lo tomo prestado de un jugoso libro de memorias de don Pío (Baroja, obviamente), el gran escritor vasco, antirretórico, anticastizo, cascarrabias, ácrata confeso, el hombre malo de Itzea, que es, además, el escritor del 98 que mejor puede leerse en estos tiempos turbulentos en los que la esperanza se ha convertido en un quiste negro. No ha perdido un ápice de vigencia. Certero y luminoso. Milagrosamente exacto.

Sirva el referente barojiano como introito menor para una reflexión improvisada sobre la edad y, como en sesgo, sobre el creciente infantilismo que inunda la sociedad circundante, en la que la juventud, desgraciadamente, se ha convertido en un valor per se, como tantos otros muchos conceptos (el feminismo, por ejemplo) sobre los que en realidad no importa en demasía su verdadero empaque. Conceptos de moda convertidos, a fuerza de reiteración, en meras etiquetas públicas. Cosas sin sustancia que se miran.

jóvenes a los 40

Que la juventud es una epidemia que cura el tiempo lo demuestra un hecho: ahora uno todavía es joven a los 35, que es la edad tope reconocida por la Junta para el carnet joven. Ya saben: aquí hay que tener carnet para (casi) todo. A los 40 años, que antaño eran una edad más que respetable, se sitúa la primera quiebra vital más o menos seria. Según Julio Caro Baroja, a esos años el escritor vasco se dio cuenta de que ya era viejo. El plazo, que todos tenemos asignado, empezaba a acabarse.

En la política actual la juventud se prolonga más allá de los cuarenta años. La bisoñez de muchos representantes públicos se debe, con independencia de los estudios y la experiencia laboral de cada uno, al hecho de que la generación en el poder -la del 68- no sólo no ha sido capaz de cederles el relevo, sino que insiste -sobre todo en política- en permanecer. Es natural: se trata de una generación que, en el fondo, cultiva el dogma de haber tenido razón casi en todo. No es nada fácil desengañarles. Decirles la verdad.

En los mentideros políticos vuelve estos días a sucederse el lugar común sobre la necesidad de la renovación generacional. El debate ha surgido en el seno del PSOE a raíz del congreso regional que será en marzo, donde Griñán tomará las riendas orgánicas. Las crónicas de situación coinciden en que el presidente de la Junta tiene en sus planes dar más juego a "políticos más jóvenes". Caras nuevas. Gente fresca. Al menos, ésa es la teoría oficial.

En el Ayuntamiento sevillano esta renovación generacional se hizo hace tiempo. El PSOE de Sevilla ha sido pionero: salvo el alcalde, que es de la llamada generación bocadillo -la que está entre los históricos y las eternas jóvenes promesas-, buena parte de la Corporación está formada por jóvenes políticos. Gente ambiciosa y, por lo general, con ansias de poder. Es lógico. Frente a lo que decía Baroja, todavía están en la típica fase de la "juventud animal", que es justo lo que empieza a perderse a partir de los 40 años.

Este afán de notoriedad puede ser quizás el que explique episodios como el han protagonizado esta semana el portavoz socialista en el Consistorio, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, y el edil del PP José Manuel Luque. Ambos han sido partes de una polémica mutua basada en el supuesto uso de la red social Facebook como herramienta política. Los detalles se han contado en los periódicos: Celis, probablemente mal aconsejado por sus asesores, irrumpe un día en la sala municipal de prensa y, ante el asombro de los periodistas (que ya no se asombran de nada) asegura tener que dar una noticia gravísima. La cosa es más o menos así: "Hay un concejal del PP que maldice e insulta a los votantes del PSOE. No puede admitirse. Tiene que dimitir". Lo peor es que el edil del PP citado responde. Su equipo -también de asesores; con la inestimable ayuda de las nuevas generaciones- se tiró toda la mañana colgando mensajes en el perfil de Facebook de Celis para demostrar lo que todo el mundo sabe. Quien forma parte de las redes sociales se arriesga a perder su intimidad.

semana horribilis

Como es notorio, estamos en una crisis económica cruenta. Esta semana la bolsa se ha hundido por la falta de credibilidad del Gobierno -de Zapatero, en realidad; el ejecutivo es decorativo-, se ha producido un pensionazo interruptus, el PP mejora en las encuestas y se atisba en el horizonte una reforma laboral que, aunque será light, probablemente tendrá su propia bomba de relojería camuflada. El paro no deja de subir. Los indicadores económicos son un desastre. España se ha convertido en un problema para la economía europea. Sevilla probablemente es una de las ciudades donde los problemas de la economía nacional están más concentrados. Zapatero se marcha a Estados Unidos a rezar con Obama. Monteseirín ha vuelto al protocolo y a las cofradías. El mundo parece a punto de derrumbarse. Y Celis y Luque, mientras tanto, jugando con el perfil del Facebook. Lo decía Baroja: "Cuando un hombre se mira mucho a sí mismo, llega a no saber cuál es su cara y cuál es su careta".

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