recuerdo de la davis Vivencias de un viaje de película hace 44 años contadas ahora desde Sevilla

De Linares al motor de Santana

  • Agustín Gómez Zurita fue uno de los cuatro españoles que por un cupón de prensa viajó en las Navidades de 1967 a Brisbane para ver la final de la Copa Davis que España disputó contra la invencible Australia

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El viajero cogió en Madrid el Talgo de las tres de la tarde el 31 de diciembre de 1967 con destino a la estación Linares-Baeza. Nadie en ese tren sabía que Agustín Gómez Zurita (Linares, 1934), como Phileas Fogg, había ganado la apuesta. Llegaba a tiempo a la cena de Nochevieja en su casa donde le esperaban Paquita, su mujer, embarazada de ocho meses, y sus hijos Agustín Manuel, María del Mar y María Auxiliadora.

El viajero partió diez días antes de Madrid con escalas en Roma, Teherán, Bombay, Bangkock, Singapur, Kuala Lumpur, Sidney y Brisbane. La vuelta la hizo por Manila. La apuesta consistía en resolver la cantidad de obstáculos que tuvo que superar cuando su suegro, Manuel García de la Torre, rellenó un cupón de los periódicos Nuevo Diario y El Alcázar y resultó ser uno de los cuatro afortunados con el viaje y las entradas a la final de la Copa Davis de 1967 entre España y Australia en la ciudad australiana de Brisbane.

Agustín tenía 32 años y cumplía 33 el 27 de diciembre, velas que apagó en las pistas del Frew Park viendo jugar a Manolo Santana y Manolo Orantes contra los locales John Newcombe y Tony Roche. 44 años después, todavía conserva una de las pelotas con las que se disputó aquel partido. La tuvo muchos años en una vitrina de su casa, hasta que su hija María del Mar se la pidió hace 17 años como regalo de boda. El Santo Grial de esta historia.

El 16 de diciembre le dieron la noticia de que era uno de los elegidos. Al embarazo de su mujer se añadían otros contratiempos: el día de la partida, 21 de diciembre, se casaba su hermana Neli y Agustín era el padrino de boda. Agustín vino desde Linares y con la complicidad de su cuñado Antonio jugó un partido de dobles para convencer primero a su futuro cuñado, Luis Moreno, ya fallecido, y a don Ulpiano, canónigo de la Catedral y párroco de la iglesia de Los Rosales en la que debía oficiarse la ceremonia. Ganó el partido en el último set y consiguió adelantar un día la boda. Hubo que avisar a los invitados de Linares, Granada y Cartagena.

En la comisaría de Linares hizo las gestiones del pasaporte. Faltaba la firma del gobernador civil de Jaén, que estaba de caza en Andújar. El comisario se prestó a firmar so pena de encontrarse con un pequeño escándalo en las páginas de El Alcázar. Se vacunó en Jaén contra el paludismo y la malaria y en Madrid, después de la boda, contra el cólera.

Los novios se fueron de luna de miel a Valencia y el padrino emprendió el viaje a Australia. Con los otros cuatro afortunados: Laureano Casillas Martín, José María Ortiz y Manuel García-Alegre Sánchez, estudiante de Preu. Una mujer que también ganó el concurso no fue por tener, según el recorte de prensa que conserva Agustín, a su esposo "combatiendo en el Vietnam". El viaje duró tres días. Once años después de que España boicoteara los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956.

Juan Antonio Samaranch los invitó a la cena de Nochebuena con las dos delegaciones; a Agustín lo acreditaron como periodista de un inexistente rotativo, La Voz, cabecera que le sugirió Matías Prats y que repitió -"en realidad dije La Voz de su Amo"- cuando tuvo que saludar al gobernador de Queensland.

A Santana lo vio en el NO-DOganar seis años antes Roland Garros. Era la primera Copa Davis del granadino Manolo Orantes, que tenía 18 años. Agustín visitó con el periodista Julián García Candau el santuario de los koalas y se trajo un canguro de madera con el que jugaba mucho el mayor de sus seis nietos, Agustín.

Ayer España jugó el partido de dobles y Agustín rebobinó desde Sevilla las vivencias de ese viaje. "Yo trabajaba de inspector comercial y estaba acostumbrado a viajar. Conocía todas las provincias de España menos Cuenca". Su mujer dio a luz el 9 de febrero de 1968, el año que lo trasladan a Sevilla. Al niño le pusieron Jesús, como el que nació esa Nochebuena que pasó fuera de casa. Jesús vive en Las Palmas y le dio dos nietos canarios. Agustín y Paquita celebraron el año pasado sus bodas de oro. "Mis hijos nos regalaron un viaje a los museos del Vaticano". Otra vez Roma, donde empezó su apuesta.

A Brisbane se llevó un tomavistas y las imágenes que grabó eran la atracción con el proyector que tenía en El Centenillo, a 17 kilómetros de La Carolina, pueblo donde los ingleses que explotaban la mina hicieron la primera pista de tenis de España.

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