Los invisibles

"Llevo ilusión a gente desesperada, que está pendiente de un sí o un no"

Nació en el país de Hamilton, pero va con Alonso. Por oficio, Matthew John Kenny (Londres, 1967), brazo motorizado del departamento de Trasplantes que coordina el doctor Pérez Bernal, es colega de los dos: siempre va al límite de la velocidad.

-¿Un Kenny sevillano?

-Muchas veces, para no tener que contar de nuevo la historia, digo que me llamo Pepe.

-Le llamé para que me la cuente.

-Mi madre se llama María López y es sevillana de la Macarena. Emigró a Londres, al servicio doméstico. Mi padre, Matthew Anthony Joseph Kenny, era de Dublín, y fue a Londres a trabajar en los ferrocarriles. Allí se conocieron. Mi madre se sentía muy sola y se vinieron a España cuando yo tenía 14 meses. En Sevilla no había trabajo y volvieron a emigrar a Cataluña. Mi infancia la pasé en Mollet del Vallés. Me siento sevillano y, si me dan elegir, más irlandés que inglés. Vengo de los celtas.

-¿Volvió a Inglaterra?

-Sólo una vez. En 1979. Estando allí se casaron el príncipe Carlos y Diana de Gales.

-¿Qué nombre tiene su oficio?

-Soy piloto de ambulancia porque más que conducir, muchas veces tengo que pilotar.

-¿Cómo llega a chófer del departamento de Trasplantes?

-Había trabajado de camarero en Faustino, en la Alfalfa, y Casa Dionisio, en San Luis. Empecé a hacer cosas de mensajería y paquetería. Un día fui a entregar un sobre a la coordinación de Trasplantes.

-¿Recuerda el primer servicio?

-El traslado de un hígado en julio de 2003 desde el Macarena al Carlos Haya de Málaga.

-¿A usted no le quitan puntos?

-Llevo lo que llaman un vehículo prioritario, como los de Policía o Bomberos. Eso no te da derecho a saltarte todos los semáforos. La ley es para todos, pero nuestro servicio es muy especial.

-El itinerario de sus traslados de órganos, ¿demuestra que las fronteras no existen?

-En los últimos días he ido a recoger un hígado a Jaén para un trasplante en Sevilla y llevé el hígado de un donante sevillano para un paciente de Málaga.

-¿Su principal rival es el tiempo?

-Depende de lo que dure la isquemia, el tiempo que el órgano puede permanecer sin la circulación de la sangre. El pulmón es el que menos dura, de tres a cuatro horas. El corazón puede llegar a las seis horas. El hígado, de cinco a siete horas. Los riñones duran más, pueden llegar a las 24 horas.

-¿Soñó con un trabajo parecido?

-Siempre me gustó ayudar a la gente. Este tipo de cirugía le da una segunda oportunidad a la vida del que lo recibe. He hecho en torno a 400 traslados, cada persona es una historia.

-¿El servicio más complicado?

-24 de enero de 2004. Fui al aeropuerto de San Pablo, donde un avión-ambulancia debía recoger un hígado para un paciente del hospital 12 de Octubre de Madrid. Había mucha niebla y el piloto no vio conveniente aterrizar. Yo no sabía si se desviaría a Jerez o a Córdoba. Por mi cuenta, cogí la carretera. Salí a las cuatro de la mañana y a las ocho estaba en Madrid. No me preguntes cómo. El 90 por ciento del trayecto lo hice con mucha niebla, pero yo miraba más el reloj que la velocidad. Era una Urgencia Cero. La persona vive o no vive en función de que reciba ese órgano.

-¿Ha ganado todas las carreras?

-Afortunadamente, siempre he llegado yo antes de que caiga el último grano del reloj de arena.

-¿Hay tradición en su familia?

-Mi padre también andaba con vehículos. Con remolques por los que tuvo que viajar a muchos países, media Europa, Irán, Iraq, Arabia Saudí, Estados Unidos. Eso le ayudó a no tener ninguna nostalgia de Inglaterra.

-¿Consigue lo que se propone?

-Hago lo que me gusta. Llevo vida al volante. Llevo ilusión a personas que están muy desesperadas, pendientes de un sí o de un no. Siempre me gustó el riesgo. Intenté entrar dos veces en la Legión y las dos me rechazaron.

-¿Por ser inglés?

-No. Una por la vista y otra por los pies.

-¿Es un cow-boy de la carretera?

-Algo de loco sí que tengo. Eso al menos pensarán de mí los que van tranquilamente conduciendo al trabajo o de paseo y ven a un tipo con un comportamiento a veces agresivo que les pita, que se les echa encima. Les pido perdón desde aquí y también les pido que me comprendan. Que un minuto en mi trabajo es vital para salvar una vida. Por eso voy a mil por cien, siempre contra el reloj.

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