Inauguración en el alcázar Gran expectación ante la apertura de la muestra conventual

Locos por los dulces de conventos

  • La apertura de la tradicional exposición y ventas de los productos de las monjas de clausura de Sevilla y su provincia, que acoge el Palacio Gótico del Alcázar hasta mañana sábado, atrajo ayer multitudes

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Algo pasa en el centro. Por Miguel de Mañara, Mateos Gago, la Plaza del Triunfo, la alcazaba... no paran de pasar personas cargadas con bolsas repletas de cajitas. Y su origen converge en el Patio de Banderas, atravesado por una cola larguísima, que se repite poco después ante el Palacio Gótico del Alcázar, donde se sitúa, hasta mañana sábado, la XXIII exposición de dulces de conventos de clausura de Sevilla y su Provincia.

Algunos, como Francisco Quero y su familia, han venido expresamente de Málaga para la ocasión. "Es que cuando vinimos el año pasado ya se habían agotado muchos dulces". Ahora, no han perdido la oportunidad, han sido de los primeros y han comprado "de todo. No hemos venido por nada especial. Todo está bueno".

No han sido los únicos. La inauguración, con presencia del cardenal arzobispo Carlos Amigo Vallejo, se celebró a las diez y media de la mañana. "Desde las diez menos cuarto", comenta María Luisa Fraga, una de las organizadoras del evento desde que se inició hace más de dos décadas, "la cola atravesaba el Patio de Banderas". Aunque hay una explicación, añade, tanto para los turnos de espera como para la multitud de primera hora. "La gente suele venir sobre todo por la mañana porque quiere probar las novedades, que saben que se agotan rápido. Procuramos que no haya muchas personas al mismo tiempo para que se pueda ir con tranquilidad de puesto en puesto, porque si hay mucha bulla no se puede y se enfadan".

Así, mientras unos van abandonando el recinto, provistos de sus dulces cargas, otros muchos esperan pacientemente para hacerse con las suyas. También hay turistas que se acercan por la vía equivocada, la de salida, movidos por la curiosidad ante la atracción añadida en su visita al Alcázar.

Germán Fernández Liberal y María Moreno son de los que se van. Estos residentes de Mairena del Alcor son habituales de esta cita prenavideña, aunque su amiga Matilde Ramos es la primera que acude. Al menos, este año han podido adquirir turrón, "que todos los años se termina". Y como es habitual, buscan de forma muy particular -aunque no únicamente- las famosas tortas de las jerónimas de Morón de la Frontera. Paradójicamente, nunca han visitado Morón ni el convento. "Aunque sí el de las jerónimas de Constantina, que también las hacen".

Precisamente, explica María Luisa Fraga, lo que se pretende con este evento es que el público "conozca estos dulces, que se pueden comprar en los conventos durante todo el año". Paralelamente, el éxito de la convocatoria está teniendo otro efecto, y es que cada vez hay más conventos que venden dulces como medio de subsitencia económica. "Antiguamente, los conventos elaboraban los dulces", explica María Luisa, una estudiosa que ha escrito libros sobre el tema, "para regalárselos a sus benefactores. Y según las dádivas de éstos, parece ser, era la cantidad de dulces". Hasta no hace tanto, añade, sólo tres conventos en Sevilla, San Leandro, Santa Inés y Santa Paula, los vendían de forma habitual. "Ahora son siete". Y diecisiete, los que participan en la exposición.

Para ellas trabajan, de forma absolutamente voluntaria, unas cien personas, algunas todo el día, que se distinguen por un distintivo con el lema de los monjes de San Benito, Ora et labora. "Porque el trabajo también es orar", apunta María Luisa sobre esta forma de vida que intenta proteger la asociación a la que pertenece, y que organiza la exposición cada año.

Y mientras, sigue entrando gente y más gente, en busca de los clásicos de siempre -las mermeladas de Santa Paula, los bollitos de Santa Inés, que traen cada mañana...- o novedades como los almendrados de chocolate de las carmelitas calzadas de Santa Ana los mazapanes rellenos de pasas al licor y cubiertos de chocolate de Santa María del Socorro, o los dulces sin azúcar, "una gloria para los diabéticos", afirma María Luisa, que atiende una consulta. "¿Milhojas rellenas de chantilly?, en San Andrés de Marchena, creo", contesta.

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