Malandar atribuye al Ayuntamiento un papel "determinante" en su cierre

  • El anterior dueño, que desde este fin de semana es una discoteca gay, afirma que seguirá habiendo conciertos "indefinidamente", aunque no tiene garantía del nuevo propietario.

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La semana pasada llegó finalmente una noticia que confirma una vez más, y además agrava, un problema crónico para la actividad musical en la ciudad. El dueño de Malandar, Julio Moreno, confirmó el cierre de la sala, que pasó a manos de otros propietarios este último fin de semana, y por lo tanto dejará de operar como sala de conciertos para convertirse en una discoteca, aparte de que desaparece no la marca -que Moreno se reserva para hipotéticos proyectos en el futuro- , pero sí el nombre del conocido local de la calle Torneo, uno de los poquísimos espacios para la música en directo en el centro de la ciudad, y fuera de él. La antigua sala Malandar pasará a llamarse Luxuria y, de acuerdo con los planes de los nuevos empresarios, se orientará hacia el público gay como local de ambiente.

El acuerdo se cerró a lo largo de estos últimos días, pero Moreno lleva negociándolo con los nuevos dueños desde el pasado verano. El gran escollo, que de hecho retrasó durante meses la firma del traspaso, era la falta de un compromiso claro por parte de éstos de mantener la línea de programación de conciertos, una de las condiciones sine qua non que exigía el primero. Finalmente, dice Moreno, "la actividad va a seguir siendo la misma". Se refiere a que los propietarios de Luxuria, sin experiencia en la producción y organización de actuaciones, accedieron a que el mismo Moreno se encargara de seguir confeccionando la oferta de música en directo del local.

La programación en este aspecto está cerrada hasta el próximo mes de abril, según confirmó a este diario el anterior propietario, e incluso hay ya algunas confirmadas para mayo. El mismo técnico de sonido que venía trabajando hasta este momento apoyará a Moreno en las cuestiones logísticas, siempre fuera del horario de discoteca del espacio. Moreno se empeña en "tranquilizar" a la clientela del ya desaparecido Malandar (por cierto, elegida en 2011 mejor sala de conciertos nacional por la Unión Fonográfica Independiente), y asegura que no sólo los conciertos van a seguir celebrándose "indefinidamente", sino que además "no va a cambiar absolutamente nada" el "espíritu" de la sala.

Sin embargo, preguntado varias veces sobre si existía algún tipo de garantía de que los conciertos se mantendrán indefinidamente como él reitera, y no sólo durante un tiempo a modo de transición lo menos brusca posible, Moreno únicamente alude a la declaración de intenciones de ambas partes: "Ellos quieren, y yo espero que sea así". Además, dice que tanto él como sus colaboradores están "pendientes" de algún otro lugar en el que poder continuar trabajando bajo el sello propio de Malandar, que "de momento", reconoce, queda en efecto "aparcado".

Durante el proceso de negociación no se produjo ni un solo contacto con el Ayuntamiento, según Moreno, que reconoce como "determinante" en este final, porque de momento lo es, el cierre ordenado por la Delegación de Medio Ambiente tras la denuncia de un particular por exceso de ruido; un caso que por lo demás puso de manifiesto la extraordinaria dureza que impone la normativa municipal en esta materia, y que en determinados casos desemboca en situaciones absurdas o condiciones imposibles de cumplir en la práctica, y uno de los ejemplos más claros es el propio límite en sí, fijado en 92 decibelios: sólo una voz amplificada o un fraseo de trompeta alcanzan, aislados del resto de instrumentos, unos 95 como mínimo.

"Desde entonces", dice Moreno sobre aquel cierre, que se produjo a comienzos de diciembre del año pasado, "andábamos cogidos con alfileres". "Trajo cola eso. Probablemente, si no hubiera ocurrido, no hubiéramos tenido que traspasar. Para cuando reabrimos [poco después del conflicto, pero con permiso para acoger conciertos sólo ocasionalmente] el público ya estaba en otros lugares. Fue una situación delicada, porque además nos dejó muchos agujeros que tapar", concluye el anterior dueño del local, que estaría "encantado", dice, de poder gestionar de nuevo una sala de conciertos, pero para eso, matiza, "tengo que coger oxígeno antes, porque no se puede trabajar gratis y pasándolo mal".

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