Obituario

Murió Benito Moreno, la voz del 'Ángelus' nocturno del fútbol

  • Ha fallecido este martes en Sevilla a los 78 años de edad.

Benito Moreno, durante una entrevista en enero en 'Diario de Sevilla'. / JUAN CARLOS VÁQUEZ Benito Moreno, durante una entrevista en enero en 'Diario de Sevilla'. / JUAN CARLOS VÁQUEZ

Benito Moreno, durante una entrevista en enero en 'Diario de Sevilla'. / JUAN CARLOS VÁQUEZ / juan carlos vázquez

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La estatua de Murillo de la plaza del Museo se ha quedado sola, pese a la parafernalia del centenario y la puñeta que le han hecho a la estatua de Velázquez con la Inmaculada Colosal. Se ha marchado su otro vecino pintor, Benito Moreno (1940-2018). Murió a dos pasos de donde nació. Vino al mundo junto a la plaza de Menjíbar y murió este martes, 8 de la mañana del 8 de mayo, ese número que tanto le gustaba a Cortázar, en la residencia que hicieron en la antigua Casa de los Artistas. A dos pasos de la iglesia de San Juan de la Palma donde lo bautizaron y del mercadillo del Jueves que mañana le pondrá falta en la calle Feria, donde hasta que la salud lo doblegó siempre se sentaba con su amigo de Triana Manuel Galindo Geneiro.

La familia no le hará una despedida religiosa a pesar de que Benito tenía muy buena recomendación como pintor de nubes. Cuando las vimos en una exposición en la calle Constancia, en la trasera del Tardón, María José, mi mujer, soñaba con tener una de esas nubes en casa. Las estrellas son los ojos de los muertos, escribe Albert Cohen en Bella del Señor. Y las nubes desde ahora serán los ojos de Benito.Sólo dejaría a un cura para oficiar su laico funeral. Al padre Brown, el cura que protagonizaba la novela de Chesterton El hombre que era Jueves. Su cuerpo yerto detrás del cristal, su voz viva, gloriosa, en la sintonía de El Transistor. El ra, ra, ra de Benito Moreno ha sido durante más de tres décadas largas el Ángelus del fútbol. Un deporte que le entusiasmaba de niño cuando se cambiaba los cromos de Gaínza y Campanal y del que se desencantó en Francia, aunque celebramos el ascenso del Guingamp, equipo de la Bretaña que él no tuvo que inventarse como Cunqueiro porque la vivió y allí cuadruplicó su familia.

"Tu afición es sentimiento / y tiene mucho alimento; / hincha tú eres el mejor / escuchando el transistor". La canción la compuso en 1974 como alegato contra el millón de pesetas que el Barcelona se gastó en el fichaje de Cruyff. Nubes con tulipanes. Nació en 1940, el primer año de la posguerra. El primero de los varones. Amelia nació en Madrid, en plena guerra. Después vendrían ya en Sevilla Josele y Máximo.En Sevilla estudió Arte Dramático con José Manuel Padilla.

El librero le editó Poemas de amor, el llanto sentimental a la muerte en 2010 de Christian Decallet, una francesa que nació en Argelia y a la que conoció en Bretaña cuando ella volvía de Suecia. La madre de sus hijos Guillermo, nacido en Burdeos, y Beatriz, en Hennebont, cerca de Lorient. Ayer acudieron muchos amigos a consolarlos por la pérdida de su padre. Guillermo recibió las condolencias de Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía. También pasaron por el tanatorio de la SE-30 Gualberto, Pive Amador, Raimundo Palma o Elena Laredo, vecina de Benito Moreno y muy amiga de Christian.

En los estudios de Arte Dramático también coincidió con el actor Juan Diego. Se marcha de Sevilla en 1962, el año de las muertes de Marilyn y Belmonte. Se fue sin saber una palabra de francés en solidaridad con la expulsión de la Universidad de Sevilla de Agustín García Calvo. Ha muerto en pleno cincuentenario del mayo francés, ese cóctel de Cohn-Bendit, De Gaulle y Brigitte Bardot. La revuelta estudiantil le cogió "dando clase en Bretaña y me echaron los alumnos", como diría en entrevista a este periódico hace unos cuantos Jueves, junto al bar El ambigú.

"Bretaña es la infancia, el mar, la lluvia, la mantequilla, mi padre pintando en el salón mientras escucha a Camarón...", ha contado alguna vez Beatriz Decallet, que gusta poner sus abalorios en el mercadillo del Jueves donde su padre era parte del paisanaje entre la Cruz Verde y Viriato.

Regresó a Sevilla con su profesora de francés y sus dos hijos. Corría el año 1983. Era hermano del Silencio y en tiempos formó parte de la cuadrilla de amigos -Gonzalo García Pelayo, Gualberto, Juan Teba- que se ponían en casa del arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra la túnica de la cofradía de la que fue hermano mayor Mateo Alemán. El año pasado salió toda su discografía, incluido su romance del Lute.Primero la Ser y ahora Onda Cero ponen el Ra, ra, ra -el lobito está jugando, los borreguitos mirando- como sintonía radiofónica del programa nocturno de deportes; en las antípodas horarias, todos los fines de semana César Lumbreras despierta a la audiencia de Agropopular con España huele a pueblo, una radiografía de hace medio siglo que es toda una profecía orwelliana.

Pintor, poeta, cantautor, renacentista de lo cotidiano. Antonio Yélamo, director de Radio Sevilla, le hizo un cálido homenaje el año pasado al que se sumaron Josele y Máximo Moreno. Una familia con los registros de la tragicomedia, del chiste a la metafísica. El 28-F del año pasado fue muy especial. Benito Moreno conservaba la grabación de la primera vez que Carlos Cano cantó Blanca, verde y blanca en el teatro Lope de Vega porque actuaron juntos en la reivindicación del referéndum del galimatías.

Se atrevió con osadías como darle forma de sevillanas a dos rimas de Bécquer. Decía que alguna vez las cantó en una caseta de Feria y alguien se atrevió a bailarlas. Ese disco becqueriano se lo presentaron en La Carbonería de Paco Lira el poeta de la calle Santa Clara Rafael Montesinos y la periodista Mercedes de Pablos.

Los que lo conocen, los que le vimos hace poco caminando muy despacio, buscando apoyo, junto al hotel Colón por la calle Canalejas, saben y sabemos que Benito Moreno ha muerto de amor. De la melancolía de haber perdido el año que ganamos el Mundial a la mujer que le llenaba su vida, se la encuadernaba como las páginas que alineaba en los talleres de Padilla.

Sus paseos por la ciudad con su cómplice José Manuel Padilla eran como los de Boscán y Navagiero por el Generalife donde según las clases de Literatura de los planes antiguos se inicia el Renacimiento en España. En la entrevista del Jueves me decía que a los franceses les había unido más la guillotina que la Marsellesa y que él tenía ganas de volver "porque Sevilla se idealiza mucho cuando estás en el extranjero".Crítico con casi todo, un crítico coherente que dio un portazo contra el Régimen para inventarse una Bretaña de verdad, nunca salieron de sus labios, al menos con testigos delante, descalificaciones para nadie. Le indignaba la injusticia y los abusos, pero no hacía de eso una pose. El hermano del Silencio hablaba con susurros, sus secretos eran de confesionario, huía del grito y del estruendo, hincha tú eres el mejor escuchando el transistor.

Es de la España del 40, coetáneo de sus paisanos Alfonso Guerra -a quien le dedicó una sátira aéreo-taurina-, Alejandro Rojas-Marcos, Eduardo Saborido o Manuel Melado. Cinco magníficos de una foto que ya está incompleta. No le han dado la dirección del cielo, pero el cartero sabe la contraseña de las nubes.Los honores deshonoran, escribió Alejo Carpentier. Se ha ido en el cuarto centenario de Murillo, en las bodas de oro del mayo francés y en puerta del enésimo derbi balompédico. Una dualidad como la de Joselito y Belmonte, Murillo y Velázquez. Para desfacer esos estereotipos, su familia un buen día decidió cruzar el río para afincarse en el Tardón. Su padre, José Moreno, era natural de El Castillo de las Guardas; su madre, Beatriz Hurtado, de Paradas.

Las nubes volvieron ayer como antesala de la lluvia. Avanzaba la tarde y se encendían algunas luces en el Vacie. Puede que en el cementerio se escucharan de noche los chuanes, la onomatopeya de las lechuzas con la que Balzac tituló una novela de la que tantas veces hablamos, con ese militar, el general Hulot, que llevaba París en los bolsillos.

La familia y amigos lo despiden a las 12:30 h. en Tanatorio SE-30

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