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Muere José Aulet, comisario de Policía

José Aulet durante un acto público José Aulet durante un acto público

José Aulet durante un acto público

La noche del 21 de enero de 2009, un hombre de 90 años, policía jubilado y con sus facultades mentales ya alteradas, confundió a la asistenta y al novio de ésta con una pareja de ladrones que pretendían robar en su casa, en la calle San Eloy, en pleno centro de Sevilla. El anciano fue a por su pistola y encañonó a los que le resultaban sospechosos. Alguien llamó a la Policía, pero nadie era capaz de hacer entrar en razón al veterano agente. El hombre se atrincheró en su casa y amenazó con disparar por la ventana. La Policía cortó la calle y estableció un fuerte dispositivo en torno al bloque de viviendas.

El jefe de la Policía Local era entonces José Aulet Marcos, un experimentado comisario de la Policía Nacional que Alfredo Sánchez Monteseirín había fichado unos años antes para mandar la fuerza municipal. Aulet conocía al atrincherado de haber trabajado con él y se ofreció voluntario para intentar convencerlo, para tratar de inyectar recuerdos en la memoria del anciano para que depusiera su actitud. Entró en el piso solo y tuvo que forcejear con su antiguo compañero, que no era capaz de recordar nada. Aulet lo desarmó, lo redujo y solventó la situación.

Cuando salió del bloque, se dirigió a los pocos periodistas que aguardaban tras el perímetro de seguridad. “Por favor, tratadlo con cariño, es sólo un compañero que está muy mayor y se ha desorientado”, dijo a los informadores. No presumió, no contó que aquello había podido acabar en tragedia ni tampoco que se había jugado la vida para evitar un tiroteo en pleno centro de la ciudad. Aquel comisario, José Aulet Marcos, ha muerto este martes a los 67 años en la Clínica Infanta Luisa, donde estaba ingresado desde el día anterior y después de una larga enfermedad. Falleció a las nueve de la mañana y fue trasladado poco después al tanatorio de la SE-30, al que durante todo el día están acudiendo cientos de policías para acompañar a su familia. El funeral está previsto en el mismo tanatorio para este miércoles a las 12:00.

Aulet era un policía de raza. Poco podía imponerle un ex compañero armado cuando se había jugado la vida en decenas de escenarios peores. Fue uno de los agentes que irrumpió en un piso franco del Grapo en Santa María de Ordás en el año 1979, poco después de que los terroristas mataran a su compañero Damián Seco. Más de treinta años después, todavía recordaba que los sospechosos se habían dejado la comida en la cocina y ésta todavía estaba caliente. “No los trincamos allí por unos minutos”, decía, como si tuviera esa espina clavada tantos años después. Los terroristas murieron poco después en un tiroteo con la Guardia Civil en un cruce de carreteras de Teruel.

Era tan de raza que lamentaba que el Betis no hubiera jugado en casa el 8 de enero de 2006, cuando fue asesinado a tiros un celador del Hospital Virgen del Rocío, Gaspar García, en la puerta del albergue de Inturjoven en la calle Isaac Peral. García buscaba un lugar donde aparcar su coche y atropelló sin causar heridas a una niña gitana cuya familia estaba realojada en el albergue tras huir de un tiroteo en el Vacie. El padre de la niña vació dos cargadores contra el celador, que no pudo ni salir del coche. Luego huyó a Portugal y se entregaría semanas después. “Si el Betis juega ese día en casa, ése no se va”, y describía cómo habría sido la operación de cierre que él mismo habría dirigido para que el asesino no escapara, con los agentes que él mandaba en las inmediaciones del estadio Benito Villamarín.

Vinculado a Sevilla desde 1971, Aulet ascendió a comisario del Cuerpo Nacional de Policía en el año 2002. El año siguiente se hizo cargo de la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana, uno de los puestos de mayor responsabilidad de la Jefatura. Su trayectoria profesional se inició a comienzos de los años setenta y entre sus destinos anteriores figuran la jefatura del Grupo Operativo en Sevilla y de la Brigada Móvil y de la Unidad de Delincuencia Especializaa y Violenta (UDEV) de Málaga.

Era licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla y realizó distintos cursos de especialización en materias, entre otras de investigación criminal y policial, seguridad integral, delitos económicos, negociación, narcotráfico, fraude informático, policía judicial, delincuencia e información criminal. Formó a agentes de distintos cuerpos y obtuvo múltiples condecoraciones. Entre ellas destacan la Cruz al Mérito Policial con distintivo rojo, las medallas al Mérito de la Guardia Civil y la Policía Local y la Cruz de San Raimundo de Peñafort. Esta última distinción es una de las más altas que se entregan en el mundo de la judicatura y la recibió estando al frente de la Policía Local, cuerpo que dirigió desde principios de 2008 a julio de 2011.

Tras su paso por el Ayuntamiento, volvió a la Policía Nacional, precisamente a un destino que ya conocía: la comisaría de Sevilla Este. Conocía el destino pero no las instalaciones, muy distintas a las que habían sido su antiguo lugar de trabajo. Ahora disfrutaba de uno de los edificios más modernos de la Policía en Sevilla, pensado para que en algún momento sea una comisaría zonal, y de ello presumía cada vez que podía. De hecho, abrió las puertas de la comisaría al público y organizó una Navidad una exhibición de las distintas unidades de la Policía ante los escolares del barrio. Aquello tuvo tanto éxito que todavía se celebra anualmente. En estos últimos años dirigió el plan especial de seguridad de los polígonos industriales, con muy buenos resultados, y también lideró varias operaciones contra la venta de tabaco ilegal.

Se jubiló en el año 2014, pero quiso seguir trabajando, aunque ya no pudiera hacerlo en la Policía. Entró a formar parte del despacho de Carlos Esteban, donde ejerció como abogado en sus últimos años. En este tiempo luchó contra la enfermedad hasta que este martes finalmente falleció. Se marcha unos días antes de que se celebre la festividad de los Santos Ángeles Custodios, patrones del cuerpo. Es el día en el que la Policía reparte cada año sus condecoraciones a sus agentes destacados o cuya larga trayectoria merezca ser distinguida. Lo hace con el respeto y la admiración de todos los hombres y mujeres con los que compartió destinos. No hay mejor medalla que esa.

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