Multiplicación de los panes y los peces bajo las 'setas' de Mayer

  • Ayer hubo pan gratis en la apertura de San Bruno en la plaza de la Encarnación

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El refuerzo deería abrir el 15 de octubre, festividad de Santa Teresa de Jesús, porque ese día su hijo Alejandro cumplía 30 años y ayer, sexta generación de panaderos, ya estaba despachando en el puesto 25 del nuevo mercado de la Encarnación. Como era el primer día, el pan era gratis. José Jesús Galindo, el padre de Alejandro, completa su particular triángulo de la levadura. José Galindo Díaz, el abuelo de Alejandro, fue el primero que cruzó la frontera: se vino desde Alcalá de Guadaíra, vulgo de los panaderos, y se estableció en la calle Feria, frente a la calle donde nació Belmonte.

Pepe, el panadero que ha abierto bajo las setas de Jürgen Mayer, tenía 11 años cuando se produjo aquel traslado. Pero mantiene la impronta de no amilanarse ante las adversidades. Su padre se estableció en Sevilla el año de la riada del Tamarguillo y él amplía su negociado en plena tormenta de los mercados.

Dos hermanas de la Cruz no se querían perder esta multiplicación de los panes y los peces. Antes de llevarse el pan, hicieron sendas paradas en la carnicería de Paco Rodríguez, de la que se llevaron cien gramos de jamón para un anciano, y en la pescadería Manuela. Alejandro Galindo nació una semana antes de que Gabriel García Márquez obtuviera el Nobel de Literatura. El pan es el único alimento que aparece en el Padrenuestro. Dice Marcel Proust del periódico, esas novelas en miniatura en las que se forjó el escritor colombiano, que era un pan espiritual. Pan del día en las rotativas del trigo y el centeno.

Como el abuelo de Alejandro se instaló junto a la iglesia de Ómnium Sanctórum, le quiso poner a la panadería Nuestra Señora Reina de Todos los Santos. "Cuando la gente terminaba de decir el nombre, se había acabado el pan", bromea su hijo. Un buen título, como recomiendan los agentes literarios. El anterior propietario se llamaba Rafael Zambruno. Pepe seccionó el apellido y lo canonizó: San Bruno, patrono de los cartujos, santo que también cae en octubre, como el cumpleaños de Alejandro, la apertura de la panadería y el novel de Gabo.

De la panadería de la calle Feria se trajo a María del Mar y de la de los Terceros, junto a El Rinconcillo, a Valle. Alejandro ordenaba los violines, como llaman en el argot las bandejas donde se colocan los pasteles. Pronto llegará la temporada de los pestiños y las celebérrimas torrijas. San Bruno tiene consulados frente al mercado de la Feria y en el de la Encarnación. "Nos falta el de Triana", dice Pepe, soñando con el trayecto del torero de Feria que fue hermano mayor del Cachorro.

Barras, bollos, vienas, baguetinas, artesanitas, gallegas, sevillanas, pulguitas. El pan posee una riquísima sinonimia que es muy socorrida para escritores premiados e incluso para muertos de hambre. "Hoy el pan es gratis", decía Valle a la clientela. Pepe se daba un respiro. Salía de las setas para pasear por José Gestoso, mirar las novedades de Garrigó en Orfila y entrar en la iglesia de los Panaderos. En el puesto seguía Alejandro, estadístico, músico, panadero por estirpe y con bagaje laboral en Islandia.

Entre carnes y pescados, el pan de Feria llega a la Encarnación en simbólicas cuadrigas del horno San Buenaventura, siguiendo el recorrido de los armaos.

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