Calle Rioja

Del Mundial a la mundial

  • De Copán a Triana. Primero llegó Moncho. Un año después su mujer y sus tres hijos. 'Embajadores' de Honduras en un bar de Triana, en Palomares y en la VeláHondureños afincados en Sevilla rebobinan el doble efecto mediático del gol de un Zelaya a España en el 82 y la expulsión de otro Zelaya de un país sin volcanes que atraviesa por una situación volcánica

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Después de curas y jueces, estos dos hondureños, padre e hijo, Moncho y Monchito, son los que más bodas celebran en Sevilla. "Cincuenta o sesenta cada año", dice Ramón Gamero Pinel, natural de Danlí (río de arena). Aunque su mujer tenía nombre de cantante, Edith, nacida en Copán, la zona de los mayas, el cantante era él. Moncho llegó a España en 1978 para estudiar Música. Monchito lo hizo un año más tarde, con seis meses de edad. El más pequeño de la expedición con sus hermanas Carolina, 10 años, Nely, 6, y la madre. Los que probaban sus excelentes guisos primero en un bar de Triana, después en un restaurante de Palomares del Río, ignoraban que esta cocinera se había venido de Honduras interrumpiendo los estudios de Ciencias Políticas que cursaba en La Habana becada por el clandestino Partido Comunista de Honduras. La mujer de Moncho, la madre de Monchito, murió con 47 años y está enterrada en Almensilla.

"Nos vinimos por un doble motivo musical y político", dice Ramón. "En mi país no le tenemos miedo a las balas, pero a la velocidad sí". El único país de Centroamérica sin volcanes, pero con gente muy volcánica. El presidente expulsado del país se apellida Zelaya, igual que el autor del gol con el que Honduras empató con España en el Mundial de 1982. "Hay muchos Zelayas en Honduras", dice Ramón. "Mi abuelo era el general Díaz Zelaya".

Cuando llegó a Sevilla en 1978 "en mi país gobernaba un militar, naturalmente". Se afincó en Triana. "Al año de mi llegada participé en la campaña del artículo 151", dice del referéndum del 23-F. "Después esos mismos pueblos en los que canté me devolvieron el favor sumándose a actos a favor de la revolución nicaragüense".

Era la Sevilla de los pubs. Moncho cantaba en Panecitos (calle Calatrava), en 3,80 (Canalejas). "En aquella época ser extranjero valía la pena en Sevilla". Ramón y Edith se casaron en Sevilla. Carolina estudió en el colegio José María Izquierdo. En el instituto Vicente Aleixandre, un curso por delante estudiaba Manuel Ramos Corona, el que hoy es su marido y padre de dos de los seis nietos que tiene Ramón. Carolina sólo regresó una vez a su país. "Después de trabajar en la Expo tres años, en Protocolo del Estado viajé a Honduras. Fui sola, porque Manolo se quedó arreglando la casa para casarnos". Su marido es un imaginero que acaba de darle salida de su estudio a una Santa Clara que bendijo el cardenal Amigo Vallejo en el convento de Santa Rosalía.

Están permanentemente informados de la situación de su país. Ramón tiene cinco hermanos viviendo en el país y otro en Nueva York. "En Honduras están más tranquilos que fuera. Aquí se habla mucho de la crisis, allí no la sentimos, porque es permanente. Sólo salimos en los noticiarios por golpes de Estado o por huracanes. Tenemos que empatar con España, y merecimos ganar, o tener un éxito musical como Sopa de caracol para salir por cosas positivas".

Han hecho del intercambio cultural una forma de vida. Un año abrieron en la Velá una caseta de solidaridad con Latinoamérica y ya llevan veintiuna ediciones ofreciendo productos autóctonos. Este año les preguntaban por Zelaya y su sombrero, "típico de Olancho", por Micheletti, "que debería saber que en el 63 y en el 72 se dio el mismo golpe de Estado". Los Monchos, mariachis nupciales, se integraron en Sevilla. "En una Feria", recuerda Ramón, "actuamos en la caseta de la Policía Nacional con un grupo que se llamaba Tropicalia. Todos éramos extranjeros, la mayoría indocumentados".

Durante diez años, de 1995 a 2005, simultaneaba los compromisos en Sevilla -"bodas, ayuntamientos, semanas culturales"- con estancias en los países árabes. Salsas, tangos, merengues, baladas en hoteles de Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes. "La última en Bahrein, muy cerca de Iraq. Se escuchaban los bombazos".

Invirtieron el viaje de Aguas Santas Ocaña, sevillana de Brenes y efímera primera dama de Honduras. Reivindican a su propio Bolívar, Francisco Morazán, que llegó a ser presidente de toda Centroamérica y murió fusilado.

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