prostitución

Nervión, la mancebía del siglo XXI

  • Más de una decena de chalés del barrio son en realidad prostíbulos, algunos de ellos ubicados junto a la Jefatura de la Policía Local y a varios colegios

Una prostituta pasea por la calle Luis Belmonte, en el año 2012. Una prostituta pasea por la calle Luis Belmonte, en el año 2012.

Una prostituta pasea por la calle Luis Belmonte, en el año 2012. / juan carlos muñoz

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Quien haya visto La Peste habrá podido asistir a una sucesión de escenas que transcurren en un sitio de poca salubridad y mucho vicio, en el que una legión de prostitutas satisfacían a sus clientes a la vista de todo el que pasara por allí. Era una actividad legal, permitida por los poderes públicos siempre que se ejerciera dentro de un área acotada y no fuera de ella. Esas zonas eran conocidas con el nombre de mancebías. La de Sevilla estaba en el compás de la Laguna, un lugar entonces relativamente alejado del centro de la ciudad y cerca del Puerto. Es lo que actualmente ocupan la Plaza de Molviedro y las calles Castelar y Gamazo. Hoy se pueden ver sobre un balcón de la plaza las ratas doradas que la productora ha instalado en algunos de los enclaves que aparecen en la serie.

Eso, y un pequeño azulejo, es lo único que recuerdan que este lugar fue un día un gran burdel público. Más de cinco siglos después, en Sevilla sigue habiendo zonas que funcionan como las antiguas mancebías, aunque la actividad se ejerza con mucha más discreción. Ya apenas hay prostitución callejera, desde que el Ayuntamiento aprobara hace casi una década una ordenanza municipal que multa a los clientes de la prostitución con sanciones de entre 750 y 3.000 euros. La presión vecinal -y la policial a raíz de las continuas protestas vecinales- fue retirando a las prostitutas de barrios como Nervión y Sevilla Este, tradicionalmente afectados por este problema. Las mujeres que ofrecían sus servicios en la calle pasaron a hacerlo en polígonos industriales, como Su Eminencia o Carretera Amarilla, lugares mucho más discretos y alejados de zonas residenciales, y por tanto de vecinos que pudieran llamar a la Policía o ejercer algún tipo de presión mediante protestas en la calle.

Así se acabó con la prostitución callejera en Sevilla, que había sido una lacra en algunas zonas como Nervión. La calle Santo Domingo de la Calzada fue, con diferencia, la más afectada. A principios de los noventa llegó a haber hasta cuatro burdeles en la misma calle. La presión vecinal consiguió cerrarlos pero la prostitución se derivó a la calle, donde se ejerció durante años y a diario. Cada tarde noche había más de una decena de mujeres ofreciendo sus servicios sexuales en las inmediaciones del parque de Santo Domingo. En el último mandato de Alfredo Sánchez Monteseirín, el Ayuntamiento aprobó una ordenanza municipal que castigaba a los clientes de la prostitución callejera, una medida que fue en gran parte aplicada por su sucesor, Juan Ignacio Zoido, y que fue tremendamente efectiva. Tanto aquí como en Sevilla Este, la otra gran zona afectada. En la Alameda, el otro gran foco de prostitución callejera, fue la reforma urbanística la que retiró a las meretrices de la calle y sólo queda un pequeño reducto en la zona de la plaza de la Mata.

"Se han generado broncas entre clientes y prostitutas", denuncian los vecinos

La ordenanza sirvió para sacar a las prostitutas de las calles, pero no para acabar con la actividad. La prostitución se sigue ejerciendo en los clubes de alterne, pero también hay un buen número de burdeles clandestinos en pisos y casas contra los que poco o nada pueden hacer las autoridades. Existe un vacío legal sobre este asunto. La prostitución está prohibida en la calle, pero de puertas adentro la Policía sólo puede intervenir en el caso de que haya mujeres que estén siendo obligadas a prostituirse, como ocurrió recientemente en un chalé de Gines en el que fueron liberadas once chicas que eran drogadas para que permanecieran despiertas más tiempo y así poder atender a más clientes.

Sólo en Nervión hay más de una decena de burdeles clandestinos de este tipo, precisamente porque muchas de sus viviendas son casas, en las que puede ejercerse esta actividad de forma mucho más discreta que en un bloque de pisos. La asociación de vecinos Nuestra Señora de la Merced, que representa principalmente a los residentes de la zona de Nervión viejo, ha hecho un estudio y contabilizado una decena de prostíbulos en los chalés del barrio. Los hay en calles como Rico Cejudo, Duque de Rivas, Leonardo de Figueroa, Cristo de la Sed, Madre María Teresa, Manuel Ramón Alarcón o la avenida de Andalucía, entre otros lugares.

Esta entidad presentó recientemente un escrito en el distrito Nervión, dirigido a la concejal Inmaculada Acevedo, en el que le exponían la "preocupación existente en el barrio por la proliferación de viviendas en las que se ejerce la prostitución". La asociación añade que algunos de estos prostíbulos están ubicados muy cerca de centros educativos, mientras que otros están a tan sólo unos metros de la Jefatura de la Policía Local y del parque de la Ranilla, un lugar en el que juegan cada día decenas de niños.

Los vecinos también denuncian una serie de problemas de convivencia ocasionados por esta actividad. "A veces los clientes se equivocan de casa y llaman a las puertas de viviendas cercanas, en muchas ocasiones a deshoras. También se quejan de los ruidos que generan las prácticas sexuales, que se oyen con total claridad en el silencio de la noche. Igualmente, en alguna ocasión se han generado broncas y trifulcas entre clientes y prostitutas", apunta la asociación Nuestra Señora de la Merced en su denuncia, en la que solicita el amparo del Ayuntamiento y pide que éste tome alguna medida.

"Esta asociación es consciente de la dificultad para luchar contra esta práctica, pero entendemos que el Ayuntamiento debe hacer algo más que unas campañas publicitarias para luchar contra la prostitución". Los vecinos recuerdan que muchas de las mujeres que se prostituyen en estas casas son de procedencia iberoamericana, por lo que ruegan al Consistorio que dé traslado a la Policía Nacional para que haga inspecciones de Extranjería.

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