Paseo por el corazón de Sevilla

  • Las meritorias trayectorias de Carlos Amigo y Manuel Clavero congregaron a una amplia representación de la sociedad sevillana, interclasista y buen ejemplo de la trayectoria de la ciudad y de la autonomía andaluza

Recordar quiere decir mucho más que tener a alguien presente en la memoria. Recordari significa volver a pasar por el corazón. Lo explicó el propio Carlos Amigo Vallejo -"siempre se espera que un obispo diga algo en latín", apuntó con humor fino- en su discurso de entrega del I Premio Manuel Clavero, que se convirtió en un paseo mágico y emotivo por el sentimiento de los más de 200 invitados que asistieron al acto. El pasado jueves nació un premio y con él Sevilla rindió un homenaje a un cardenal que se fue antes de lo que lo muchos esperaban de una ciudad que celebra y reclama siempre que puede su presencia. Y viceversa, porque monseñor Amigo supo con maestría sacar su particular relicario de personas que a lo largo de sus 27 años de pontificado en Sevilla le han brindado su afecto y recordarles también con honor.

Fue una noche para la emoción en la que el público pudo rememorar en silencio alguna vivencia, algún buen consejo o alguna anécdota de los últimas tres décadas mientras sonaron en los discursos los elogios y méritos humanos, sociales, políticos o culturales de los homenajeados pues el galardón también fue un reconocimiento a Manuel Clavero, en vida, y pocos pueden presumir de ello, según apuntó el catedrático emérito, ex ministro y presidente del Consejo Editorial del Grupo Joly. Dos figuras que han transmitido y siguen transmitiendo unos valores ejemplares y que son ejemplo máximo para la sociedad civil sevillana que el jueves estuvo bien representada en el Alcázar de Sevilla.

Cuando Amigo Vallejo llegó a Sevilla en 1982, Luis Uruñuela -ausente por el reciente fallecimiento de su hija- era el alcalde de una Sevilla convulsa que disfrutaba de la democracia y navegaba en una marea de euforia socialista que otorgó el bastón de mando a Manuel del Valle que compartió velada con colegas como abogados como Antonio Morera Vallejo, Eduardo Osborne, Francisco Baena Bocanegra o Jesús Bores. No fue el único ex alcalde presente en el acto. También estuvo Soledad Becerril, a quien embargó una vez más de emoción el recuerdo que los homenajeados tuvieron para el concejal Alberto Jiménez Becerril y Ascensión García, asesinados por ETA. Al ex concejal Luis Miguel Martín Rubio también le brillaron los ojos al pensar que la semana que viene se cumplirán 14 años de un atentado donde la política y la Iglesia se fundieron en un abrazo y se mantuvieron firmes en sus convicciones. No mata la muerte, mata el olvido; por eso Alberto y Ascen siguen vivos.

Juan Ignacio Zoido completó la terna de alcaldes de la democracia que acudieron a la cita con el cardenal -pues también estuvo Fernando de Parias- y se le agradeció especialmente su generosidad a la hora de ceder el marco histórico donde se constituyó el primer Parlamento andaluz, en junio de 1982. En esa fecha, monseñor Amigo estrenaba cargo en la diócesis y Andalucía vivía su particular transición con testigos de excepción como fueron el propio Manuel Clavero o Manuel Olivencia, presidente del jurado del premio, quien destacó la labor pastoral de apertura hacia fuera y renovación interna de Amigo Vallejo. Tres presidentes del Gobierno andaluz asistieron al acto: José Rodríguez de la Borbolla, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, un verdadero recorrido por la historia de la autonomía -a la que también asistieron Amparo Rubiales o Rosamar Prieto-Castro-, en la que Clavero y Olivencia fueron loados por sus ejemplares ejecutorias.

La política y la empresa, dos claves para construir una ciudad y como puntales acudieron políticos activos en la esfera andaluza como Javier Arenas, Antonio Sanz o Mar Moreno; y en la municipal como Juan Espadas, Juan Bueno o Javier Landa. También estuvieron numerosos empresarios andaluces como Santiago Herrero, Miguel Gallego, Francisco Herrero, Gonzalo de Madariaga, Eustasio Cobreros, Javier Benjumea, Ricardo Pumar o José Moya, organizador del acto junto a Diario de Sevilla.

La vida pública es un noble oficio, apuntó certero el purpurado. La nobleza también estuvo representada en la figura de la duquesa de Alba, que acudió acompañada por su marido, Alfonso Díez, y tal vez recordó los muchos rastrillos y actos benéficos en los que se ha cruzado con el cardenal en alguna cita ante su Virgen de las Angustias. Olivencia recordó a un Amigo Vallejo que entró "hasta en la bulla de la Semana Santa" y se esforzó para comprender a las hermandades, representadas por los hermanos mayores del Gran Poder, Enrique Esquivias; el de la Macarena, Manuel García; y el presidente del Consejo de Cofradías, Adolfo Arenas.

El pontificado del cardenal Amigo ha sido interclasista. Lo dijo Clavero en su discurso, y volvieron a la memoria la imagen misericorde de un Príncipe de la Iglesia que ha estado al lado de los presos y de los necesitados, también de académicos y artistas y deportistas, como Rafael Gordillo, bético como Clavero. En el acto estuvieron el maestro Curro Romero y los maestrantes Javier Benjumea y Alfonso Guajardo-Fajardo. El arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra, los catedráticos José Luis Ballester, Manuel Losada y Francisco Ferraro y los académicos Enriqueta Vila, Antonio Pascual o Isabel de León. Periodistas como Antonio Burgos o los directores de El Correo de Andalucía, Canal Sur, la Cope y Onda Cero. Y el maestro mayor de la Catedral, Alfonso Jiménez. La Curia, también representada por el arzobispo Juan José Asenjo, y el pueblo.

"Ejemplos tenemos". Así arrancó su discurso el cardenal, y encandiló al auditorio con su oratoria. La labor pastoral de Amigo Vallejo merece todos los elogios. Hacia dentro y hacia fuera, el arzobispo emérito nunca rehúye comentar la actualidad por espinosa que sea.

Fue una noche para recordar y, sin duda, también para contar.

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