Penitencia: hacia un control absoluto

  • Con el reparto de votos planteado por la comisión de cofrades, las corporaciones penitenciales disfrutarían de una importante mayoría a la hora de decidir sobre los aspectos claves, frente a las glorias y sacramentales.

Es una de las principales novedades que presenta el borrador del proyecto de nuevos estatutos del Consejo de Cofradías, desvelado el pasado domingo por Diario de Sevilla, y, sin duda, ya es uno de los aspectos más polémicos de su redacción: el reparto del poder entre las hermandades. La comisión de cofrades que ha redactado el articulado apuesta por un voto ponderado por secciones. El presidente, Adolfo Arenas, es contrario a esta opción, tal como expresó en este periódico el pasado mes de julio, y apela a que la personalidad jurídica de las hermandades es única y no se puede dividir. Mientras que las cofradías de penitencia aspiran a obtener todo el poder, las de gloria lucharán por no perder peso en el organismo y seguir teniendo capacidad de control. Será mucho lo que se debata sobre este aspecto en los próximos meses y, previsiblemente, numerosas las alegaciones que se presenten pero, lo cierto, es que de salir adelante lo propuesto por la comisión, las glorias y las sacramentales perderían mucho poder a la hora de decidir sobre aspectos claves en el funcionamiento del Consejo.

Con el sistema actual de votación, las hermandades de penitencia tendrían 61 sufragios, por 47 de las glorias y siete de las sacramentales. Con el nuevo reparto, las primeras pasarían a disponer de una abrumadora mayoría de 107 votos: a 10 hermandades le corresponderían tres votos; a 25, dos votos; y a 27, un voto. Las glorias sumarían 56 sufragios (38 con un voto y nueve, con dos votos); mientras que las sacramentales se quedarían con los mismos que hasta ahora. Con este reparto, se daría la curiosa circunstancia de que la Hermandad de Valme disfrutaría de tres votos, mientras que el Gran Poder sólo tendría uno. Lo realmente significativo del modelo de la comisión de cofrades es que prácticamente todo el poder recaería en las hermandades de penitencia, que sacarían adelante cualquier votación sin ningún tipo de problemas con una mayoría más que suficiente, pasando a sumar 43 nuevos votos a los 61 ya disponibles.

Las consecuencias serían muy claras. Las corporaciones de penitencia, que hasta ahora se limitaban a tener mayor privilegio en el reparto de la subvención y a gozar de la notoriedad pública que les viene dada, contarán con un control casi absoluto. Si hasta ahora la opinión y el voto de las glorias y sacramentales era fundamental para sacar adelante las votaciones, de aprobarse el texto ya no sería así. Cuestiones como el reparto del dinero, la elección del presidente y la junta superior, o una nueva reforma de los estatutos, quedarían prácticamente en manos de las cofradías que salen en Semana Santa. De un plumazo, el peso histórico de las cofradías de gloria no tendría correspondencia en cuota de poder. Sólo hay que recordar el peso que tenía la del Rosario cuando se fusionó con la Macarena.

El lápiz rojo del Arzobispado, que sí ha entrado de lleno en otras cuestiones del texto, no ha realizado ninguna objeción o corrección a lo planteado en el sistema de voto por la comisión de cofrades en el borrador de los estatutos.

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