Calle rioja

Platós y platos combinados

  • Un recorrido por la Sevilla que huele a siglo XVI en 'La Peste'.

Cuaderno de bitácora de un paseo vespertino por Sevilla. Saludo a Gonzalo, en su bar de la calle Relator con Parras. Está cerrado por obras el bar Umbrete, junto a la Plaza del Pumarejo. En San Julián es inevitable pensar en Juan Peña El Lebrijano. Su barrio crepuscular. La calle Pasaje Mallol es de caserones. Artistas alternativos y el clasicismo de Juan Valdés. Se turnan las iglesias en el tañido de campanas. En Santa Paula hay un hermoso duelo de alturas entre el ciprés y la espadaña. En San Román está abierta Artesanía Rodríguez. Hay bocetos de capirotes y pelucas para imágenes.

Por Matahacas se abre la puerta de la ciudad en la Puerta Osario. Nueva librería, La Isla de Papel. Novedades del viejo oficio de leer. En una esquina del Muro de los Navarros, el León de la Metro sevillana. Tres plazas de oficios: Curtidores, Zurradores y Refinadores, que preside el Don Juan que esculpió Nicomedes. En la calle Tintes se pueden tocar con las manos las paredes de ambos lados. Conviven la pensión La Montoreña con uno de los hoteles del duque de Segorbe, que tiene la bandera de su casa señorial. En el hotel hay una novela para los huéspedes con recomendación de Carmen Posadas. Campaña para salvar la torre de la iglesia de San Bartolomé, en la auténtica Judería de Sevilla. A La Carbonería ya se entra por Céspedes. En Levíes se acabó el carbón.

En el hotel Las Casas de la Judería le gustaba quedarse a Hugh Thomas. En la iglesia de San José, que preside un retrato de José María Escrivá de Balaguer, que rezó allí el 5 de mayo de 1967, hay misa en inglés todos los domingos por la tarde. Los Jardines de Murillo están en su año. Pintadas y suciedad en la glorieta García y Ramos, el pintor que murió en la misma casa donde falleció Fernán Caballero (Cecilia Böhl de Faber). Guía bilingüe en la tumba de Murillo, junto al consulado de Francia.

Mateos Gago es un vaivén de turistas y parroquianos. Los bares llenos, la calle también. Fotos con la Giralda al fondo. Grupo de turistas junto a la fuente de la Plaza de la Virgen de los Reyes, la que diseñó Juan Lafita. El guía lleva un paraguas con las palabras Free Tours. La vuelta libre suena en inglés macarrónico a fritura, a errata piscícola de Fitur. Donde Sevilla va a vender esta semana sus dos grandes embajadas puntuales: Murillo y La Peste. La serie inunda toda la ciudad: en los anuncios del Metrocentro y en los paneles fotográficos de la Avenida. En los trajes de época diseñados para la serie por Fernando García, Goya por La Isla Mínima que comparte taller con su hermano Antonio en la calle San Pedro Mártir, donde nacieron Manuel Machado, Rafael de León y Alejandro Sawa. Los trajes están en la sede de Telefónica, edificio fundamental en la batalla de la Plaza Nueva de julio del 36 que contó Juan Ortiz Villalba. Ahora se llama Movistar, que tiene los derechos de la serie y hasta del equipo ciclista que participa en la próxima edición de la Vuelta Ciclista a España. La Peste por todos sitios.

Sierpes ya estaba entoces. Fue la calle Espaderos. En la librería San Pablo están en el escaparate los libros de Murillo de Eva Díaz Pérez y de Benito Navarrete. También las novelas de Juan Pedro Delgado, discípulo sevillano de Walter Scott sevillano, tituladas El último pirata y Banderas Negras. Sevilla es un plató. Y un plato combinado.

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