La Policía detecta un descenso de la violencia generada por las pandillas

  • Diez menores han sido detenidos este año por agresiones graves · La estadística es positiva, ya que en seis meses de 2004 sólo fueron arrestados 54 adolescentes

Pese a los dos episodios violentos protagonizados por un grupo de menores recientemente en Viapol y la Plaza de España, en los que dos personas resultaron heridas graves, la Policía Nacional ha detectado una bajada de las agresiones cometidas por pandillas juveniles en los últimos años en Sevilla. En lo que va de 2007, por ejemplo, sólo ha habido tres casos que hayan ido más allá de la clásica pelea de fin de semana en los que se han visto implicados menores de edad.

A los ataques a jóvenes en el entorno de Viapol y la Plaza de España durante este otoño le precedió solamente una reyerta entre pandillas en la Feria de Abril, en la que un menor resultó herido grave al recibir una puñalada. Por esta pelea fueron detenidas dos personas, mientras que por las dos agresiones más recientes la Policía arrestó a otros ocho menores. Así lo indicó a este periódico el jefe del Grupo de Homicidios de la Policía Nacional, que se encarga de las investigaciones de los casos en los que hay tanto víctimas mortales como heridos graves.

En total, son una decena de menores detenidos en once meses, una estadística que contrasta con las de otros años no muy lejanos como 2004 y 2005. En aquellos tiempos proliferaban los ataques protagonizados por pandillas de jóvenes que agredían a otros en las zonas de ocio de la ciudad. El Gobierno central incluso llegó a instaurar un plan preventivo para rebajar estas agresiones y los datos resultaron positivos. Entre agosto de 2004 y enero de 2005 hubo un total de 54 menores detenidos tan sólo en el distrito Triana, donde se concentraban la mayoría de las agresiones.

El fenómeno se fue corrigiendo gracias a la mayor presencia policial en las zonas de movida y a las medidas judiciales, que demuestran que tres de cada cuatro menores que son internados en centros de reforma no reinciden. Los últimos años han sido relativamente tranquilos y sin casos demasiado graves de agresiones o peleas entre pandillas, salvo algunos episodios aislados. La violencia juvenil ha vuelto a saltar a la escena pública este otoño con las acciones del grupo de menores que atacó en Viapol y la Plaza de España y con otros sucesos menos graves ocurridos en colegios e institutos.

La Policía considera que con las detenciones y medidas cautelares impuestas a estos adolescentes se puede darse la pandilla por disuelta. Algunos de los menores han estado internados en un centro, pero han quedado en libertad apenas pasados unos días. Sin embargo, el responsable de la investigación de ambas agresiones considera que son medidas válidas para evitar la reincidencia pese a que supongan que los delincuentes quedan en libertad y una de las víctimas -concretamente el joven agredido en las inmediaciones de la Plaza de España- ha tenido que marcharse de Sevilla por temor a volver a ser atacado.

Para el jefe de Homicidios, pandillas como éstas se vuelven violentas por una cuestión de estatus. Los menores quieren ganar peso específico dentro del grupo y se vuelven cada vez más agresivos para llegar al liderazgo. Cuanto más violento sea un menor, más peso gana dentro del grupo o, al menos, así lo cree. Sin embargo, este experto considera que no se trata de pandillas que salen a la calle con ánimo de agredir y que es una circunstancia determinada la que activa las actitudes violentas. En el caso de Viapol fue una discusión de tráfico y en el de la Plaza de España la reprimenda de un joven porque los miembros de la pandilla insultaban a una pareja.

A partir de ahí se genera una espiral de violencia que es prácticamente imparable. Cada integrante del grupo es más violento que el otro para ascender en el estatus de la pandilla, de ahí que en ambos casos lo que pudo ser una simple pelea terminó con varios jóvenes empleando botellas con ánimos de causar el mayor daño posible a la víctima. A ello se le une que el adolescente no tiene autocontrol ninguno, por lo que no es capaz de ver el límite hasta el que puede llegar y frenar a tiempo para evitar algo que podía haber derivado en una tragedia.

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