Premio, con 'bala', a la paz

  • Mohamed El Baradei, el Nobel que se enfrentó a Bush por los informes de las armas en Iraq, galardonado en Sevilla

A la misma hora que en Estados Unidos se dirimía el futuro de la presidencia del país, y en parte se juzgaba la gestión de George W. Bush, Mohamed El Baradei, premio Nobel de la Paz 2005 y el hombre al que Alfredo Sánchez Monteseirín describió como "la última esperanza de la legalidad internacional" ante el inminente conflicto en Iraq, al hacer frente con sus informes sobre las hipotéticas armas de destrucción masiva "a las presiones y las mentiras" de "quienes nos querían forzar a creer lo increíble", recibía el IV Premio Internacional Sevilla Nodo Entreculturas.

"La historia pone las cosas en su sitio", añadió el alcalde de Sevilla. A Mohamed El Baradei, director general del Organismo Internacional de Energia Atómica, se le entregó ayer este premio "dedicado a la paz, la seguridad y la solidaridad internacional" por sus esfuerzos en busca de la paz y Blas Ballesteros, presidente ejecutivo de la Fundación, se acordaba de Obama mientras presentaba al premiado.

Coincidencia o no, El Baradei fue recibido con honores de jefe de estado en el Ayuntamiento en un acto al que asistió la presidenta del Consejo de Seguridad Nuclear, Carmen Martínez Ten, así como una representación del empresariado sevillano y escasa presencia de la oposición.

Tanto o más simbólico es que este premio a alguien como El Baradei que siempre ha luchado y apuesta por "el diálogo de entre culturas" y la convivencia de los pueblos se le haya otorgado en Sevilla, en "una región que siempre se ha distinguido a lo largo de la historia por su comprensión y respeto a la diversidad...", como expuso el propio Premio Nobel. "Para tener esperanza de futuro, hay que mirar el pasado aquí, en Sevilla", afirmó.

Y en la que, según su actual alcalde, fue "crisol de culturas y religiones" y a la que ahora ofrece como "nodo entre Occidente y Oriente" y "puente tecnológico y Cultural entre Norte y Sur", Mohamed El Baradei pronunció un bello discurso, en el que describió a la humanidad como "una gran familia, con los mismos valores básicos y los mismos deseos de paz, libertad y dignidad", pero sujeta a realidades muy desiguales.

El Baradei criticó "que a millones de seres humanos se les niegan los derechos más básicos... unos 1.400 millones de personas en el mundo viven con menos de 1,25 dólares diarios", mientras que el panorama de "las regiones de nuestro planeta azotadas por la guerra son igualmente sombrías: El genocidio de Ruanda se cobró la vida de un millón de personas... en el Congo han muerto más de cinco millones... y en Darfur han muerto por lo menos 300.000", mientras que la sociedad internacional es incapaz de mantener 26.000 tropas de paz o encontrar los 26 helicópteros requeridos. Esto es también motivo de vergüenza para todos nosotros".

El Premio Nobel destacó la paradoja de que, mientras que "la búsqueda de la seguridad sigue siendo la principal fuente de inquietud para muchos pueblos y naciones", el sentimiento colectivo de "inseguridad es más fuerte que nunca". Algo inevitable mientras que existan causas como la pobreza, los malos gobiernos, la injusticia o los extremismos étnicos o religiosos.

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