Episodios sevillanos del siglo XX

Puente de San Telmo, levadizo y fijo

  • ENTREGAS PUBLICADAS 24 y 31de mayo; 7, 14, 21 y 28 de junio; 5, 12, 19 y 26 de julio; 2, 9, 16, 23 y 30 de agosto de 2009.Desde 1931 hasta 1968, fue el puente que impulsó el desarrollo de Los Remedios y también simbolizó la parálisis de la ciudad de posguerra, hasta la apertura del puente del Generalísimo, actual de Los Remedios

SEVILLA alcanzó el siglo XX con la dramática realidad sanitaria de ser la tercera ciudad del mundo en mortalidad infantil, detrás de Bombay y Madrás, en la India. Era una ciudad casi sin alcantarillado, con pozos negros, con una reducida red de abastecimiento de agua dulce servida por la empresa inglesa The Seville Water Works Company Limited, procedente de los Caños de Carmona, y numerosas fuentes públicas de agua filtrada del río Guadalquivir. La insalubridad pública se acentuaba los años de riadas, que eran muy frecuentes, y dieron motivos a enfermedades crónicas como la tuberculosis, las hepatitis y el reuma.

El gas era el sistema de alumbrado público desde 1846, con 5.458 puntos de luz, hasta la fundación de la Compañía Sevillana de Electricidad en 1894. Tenía ya la ciudad tres estatuas públicas. La primera, en la plaza del Museo, dedicada a Murillo (1864); la segunda, en la plaza de la Gavidia, en honor de Daoiz (1889), y la tercera en recuerdo de Velázquez (1892), en la plaza del Duque de la Victoria.

Los transportes de mercancías y de personas eran realizados por diversos tipos de carruajes tirados por mulos y caballos. El primer automóvil matriculado en Sevilla, la placa SE-1, no llegó hasta el año 1905, un coche marca Renault a nombre de Vicente Turmo Romera. Desde 1887 existió un servicio de tranvías tirados por mulas, y eléctricos desde 1895.

Sin duda, las mejores fuentes de información sociológica sobre las realidades ciudadanas, fueron y siguen siendo aún las obras del profesor Felipe Hauser, publicadas en 1882 y 1884. También son documentos básicos los textos presentados en los Juegos Florales del Ateneo, fundado en 1887 por el catalán Manuel Sales y Ferrer, sobre numerosos asuntos relacionados con el presente y futuro de la ciudad. Podemos afirmar que el Ateneo se convirtió desde sus primeros años en el crisol de voluntades a favor del renacimiento ciudadano. Este Ateneo de 1887, fue el que prevaleció en el siglo XX, de entre más de una decena de entidades culturales fundadas durante el último tercio del siglo XIX.

Como continuación del movimiento cultural iniciado por los viajeros románticos y artistas acompañantes, la fotografía tuvo en Sevilla mucha trascendencia en la etapa final del siglo pasado. La ciudad se convirtió en la más iconografiada de España y fue tema predilecto para los editores de tarjetas postales. Numerosos fotógrafos artistas vinieron a Sevilla y algunos quedaron aquí establecidos.

La cultura sevillana registró durante finales del siglo XIX y primeros lustros de la actual centuria, un tiempo de esplendor, en un ambiente favorable. Hubo varias tertulias famosas, editores, libreros, escultores y pintores, poetas, escritores, periodistas, próceres con bibliotecas y pinacotecas abiertas al público. El espíritu regeneracionista del 98 caló hondo en Sevilla tanto en el círculo ateneísta como en otros foros culturales. Igual sucedió en el mundo religioso, coincidiendo en la Sevilla finisecular y principios del siglo XX, tres grandes figuras de la Iglesia hispalense: Sor Angela de la Cruz (1846-1932), Don Marcelo Spínola y Maestre (1835-1906), y el misionero jesuita Padre Francisco Tarín (1847-1910), la primera ya canonizada, el segundo beatificado y el tercero camino de la beatificación y tenidos los tres por santos por el pueblo sevillano incluso antes de sus fallecimientos.

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