Recogimiento de ruán en Triana

  • Pasión y Muerte salió por primera vez como hermandad de penitencia · Seis procesiones recorrieron distintas barriadas de Sevilla en la jornada de ayer · El arzobispo recibió a la Corona en el Arzobispado

La Semana Santa es un gran lienzo que se renueva cada año. Se le añaden nuevos matices, olores, sabores y colores. Hace unos años, el primer nazareno de ese cuadro que los sevillanos pintan cada primavera había que buscarlo por San Julián, por Molviedro o por el Porvenir. Hoy esos protagonistas del gozo, sin los cuales nada sería posible, están en otros barrios mucho más alejados del centro de la ciudad. Están en Pino Montano, en Bellavista, en Padre Pío o en Heliópolis. Los hay que salen de la propia Catedral, los espigados nazarenos morados del Cristo de la Corona. Y hay otros, negros de ruán, que ayer ocuparon un lugar privilegiado en el lienzo de la Semana Santa que recién se ha comenzado a esbozar. Son las llamadas hermandades de víspera. Cada año recorren sus barrios el Viernes de Dolores y el Sábado de Pasión ante el fervor de sus vecinos y de los cada vez más sevillanos que acuden a disfrutar de estas cofradías.

Seis hermandades procesionaron ayer por los barrios de la ciudad. La principal novedad fue la salida, por primera vez como corporación de penitencia tras aprobarle las reglas el Arzobispado, de Pasión y Muerte. La cofradía de Triana hizo estación de penitencia a la catedral de Triana, la parroquia de Señá Santana, por primera vez con nazarenos. Y no unos nazarenos cualquiera: nazarenos vestidos con túnicas de ruán negro, muestra de carácter propio de la corporación. Algo más de 50 formaron en el cortejo que cada año realiza un gran esfuerzo para salir de la parroquia del Buen Aire, un templo cuya arquitectura no es propicia para acoger una cofradía. Muchas personas se acercaron hasta la calle Virgen de Fátima para ver salir la procesión. El cortejo lo abrió la cruz de guía de la Estrella y cuatro nazarenos con faroles. Volvió a sobrecoger la complicada salida del imponente Crucificado de Navarro Arteaga. Tumbado sobre el paso y con un esfuerzo titánico de los costaleros que iban debajo y de los que por fuera ayudan en la maniobra. Salvado el dintel de la puerta, se procedió a la maniobra de elevar la imagen para continuar en busca de la parroquia de Santa Ana.

Un momento muy emotivo se vivió por la mañana en Bellavista. Al portavoz del PP en el Ayuntamiento y candidato a la Alcaldía, Juan Ignacio Zoido, le entregaron uno de los cirios de los donantes de órganos que la Virgen llevó el año pasado. La hermandad quiso tener un bonito gesto con el político y su mujer, Beatriz, que donaron los órganos de su hijo José María cuando falleció. Por la tarde, el pregonero, Fernando Cano-Romero, persona que donó la imagen del Señor al barrio, realizó la primera llamada a los pasos.

El Cristo de la Misión, una de las cofradías clásicas del Viernes de Dolores, recorrió las calles de Heliópolis con el habitual señorío que caracteriza a una corporación que sigue esperando una respuesta del Consejo para incorporarse a la nómina de Semana Santa. El Señor de la Salud y Remedios y la Virgen de la Divina Gracias completaron un año más su estación de penitencia en el Cerro del Águila.

La de Pino Montano es una de las cofradías más populares del día. Los dos pasos de la hermandad recorren entre un gentío enfervorizado las calles del barrio. El año que viene, ya podrá salir directamente de la parroquia gracias a la construcción de una puerta de mayores dimensiones que permitirá la salida de los pasos.

La Hermandad del Cristo de la Corona es la que pone los primeros nazarenos en las calles del centro. Es, junto a Pasión y Muerte, la otra cofradía de negro del día, aunque sus túnicas son de ruán morado. Este año, el Nazareno volvió a entrar en el Arzobispado, donde fue recibida por el arzobispo Asenjo.

Hay otras vísperas que se viven en el centro. Las visitas a los templos se producen desde la mañana del Viernes de Dolores. Son muchos los colegios que llevan a sus alumnos a la Magdalena, al Salvador o a San Lorenzo para ver los pasos. En la colegial tratar de visitar los pasos del Amor y de Pasión suponen una auténtica odisea. Ayer por la mañana había una cola importante y las amables azafatas, que aquí también las hay como en la Catedral, indicaban a todo aquel que quería entrar que era necesario sacar un ticket. Había personas que se quejaban y les insistían a las señoritas que iba a rezar a sus imágenes, algo que por lo que se ve no se puede hacer ya en el Salvador sin pasar por caja, simbólica para los sevillanos, pero de varios euros para los guiris. Y es que no es lo mismo una visita cultural que una visita devocional...

En la plaza de Jesús de la Pasión, a quien sí se le puede rezar sin tener que esperar colas, un profesor se afanaba en explicarle a sus alumnos, por qué aquel lugar se llamaba antes la Plaza del Pan. Ellos, con estética cristiana, pero no de los de misa cada domingo, sino de futbolista hortera, estaban más ocupados en otras cosas. En la Magdalena otro colegio hacía cola para el besapiés y besamanos de la Quinta Angustia. Maravillosas las imágenes de la cofradía que este año estrena mujeres nazareno. Y un tanto impertinentes los colegiales a los que habría que enseñar a estar callados antes de llevarlos a este tipo de cultos de tanto recogimiento.

La ruta del buen capillita el Viernes de Dolores tiene una parada obligada en la Encarnación. No en las setas, sino en la vecina iglesia de la Anunciación, donde la Hermandad del Valle celebró por la mañana la función principal de instituto a la Dolorosa. Merece la pena acudir a este culto solemne para disfrutar de la misa de Gómez Zarzuela y del grandioso altar de septenario que cada año monta la hermandad.

Una de las novedades del día de ayer estaba en San Lorenzo. La Soledad estaba como cada Viernes de Dolores en besamanos, pero no en su capilla, sino en la sacramental. Por la noche, también fue novedad el primer traslado público de la Virgen al paso. A la media noche, se produjo otro de los momentos más bonitos de la víspera. La bajada de la Virgen del Valle de su altar de septenario.

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