Sando inicia la demolición del pabellón de Checoslovaquia

  • La empresa constructora tiene previsto construir en la parcela un nuevo edificio donde concentrará la actividad de investigación y desarrollo de todo el grupo

La Isla de la Cartuja ha perdido otro de los pocos pabellones que quedan en pie de la Exposición Universal de 1992. La empresa constructora Sando comenzó ayer las tareas de demolición del Pabellón de Checoslovaquia, situado junto a la parcela dejada por el Palenque, para construir un nuevo edificio en el que concentrará las actividades de investigación del grupo, según confirmaron ayer fuentes de la propia constructora.

El Pabellón de Checoslovaquia perteneció durante varios años a la empresa de ingeniería sevillana Ayesa, que lo vendió hace unos meses a Sando y se quedó con la parcela anexa de Suiza -también de su propiedad-, donde ha construido su nueva sede.

El nuevo edificio está promovido por la sociedad del grupo Alfa Renta y Patrimonio, que será la encargada de gestionar la construcción del nuevo inmueble, que posteriormente será cedido a la matriz para que instale el departamento central de investigación y desarrollo de todos los sectores de actividad que posee la empresa en estos momentos. En total, el nuevo edificio tendrá una superficie de unos 4.200 metros cuadrados más el sótano.

Mientras se ejecutan los trabajos de demolición que comenzaron ayer, Sando ya ha iniciado los trámites para solicitar la licencia de obra al Ayuntamiento de Sevilla y realizará de inmediato las tareas para contratar la obra del nuevo edificio. Una vez que comience la obra, el plazo estimado para su finalización es de 18 meses, según confirmaron estas mismas fuentes. El nuevo edificio, tal como corresponde a su futuro uso como sede central de toda la actividad de investigación, será muy avanzado tecnológicamente, aunque los detalles de estos avances aún se están perfilando, puesto que Sando sólo cuenta por el momento con el proyecto básico del nuevo inmueble.

El pabellón de Checoslovaquia fue una obra de los arquitectos Martin Nemec y Jan Stempel, situado en una parcela de 2.389 metros cuadrados entre el Palenque -recientemente derribado también para la construcción de un edificio de oficinas- y la parcela que dejó el pabellón de Suecia. Hasta ayer, este pabellón era uno de los pocos pabellones que fueron concebidos inicialmente como efímeros, por lo que debió ser demolido tras la Expo, pero después de la muestra se comprobó que reunía las condiciones necesarias para su reutilización.

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