Selectividad (1975-2016), ¿el final de la criba?

  • Más de 10.300 jóvenes sevillanos se enfrentarán a partir del martes a esta prueba, que se implantó hace 41 años con gran recelo y aversión

En junio de 1975, 3.515 estudiantes se enfrentaron en la Universidad de Sevilla al primer examen de Selectividad. La demanda creciente de estudios universitarios y la masificación de las facultades en la década de los 70 llevó al Gobierno a instaurar una prueba académica que sirviera de filtro y que quedó reflejada en la llamada Ley Esteruelas, en honor al entonces ministro de Educación y Ciencias, Cruz Martín Esteruelas. A partir del martes, 10.348 alumnos de Bachillerato y de Ciclos Formativos de Grado Superior de Sevilla y provincia se presentarán al último examen de Selectividad de la historia, al menos tal como se conoce actualmente.

Con la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (Lomce), esta Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) pasará a tener un carácter académico. Esto significa que para obtener el título de Bachillerato, los alumnos deberán aprobar de forma obligatoria un último examen a modo de reválida. La nota final del examen, siempre que se apruebe, se fijará con un 60% de la nota media de Bachillerato y el 40% del nuevo examen. No obstante, aunque la primera reválida se desarrollará en junio de 2017, ésta se llevará a cabo a modo de prueba y no será necesario aprobar el examen para obtener el título de Bachillerato.

"Tras un largo periodo de negociación, reconozco que no hemos llegado al mejor texto pero sí a una solución razonable y a la mejor posible teniendo en cuenta el contexto actual", explica Vicente Guzmán, rector de la Universidad Pablo de Olavide, en referencia a la conclusión alcanzada sobre el Real Decreto en la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) hace varias semanas. "El problema será si algunas comunidades, como ha ocurrido con la reválida de 6º de Primaria, se niegan a aplicar esta prueba y no se garantice una homologación a nivel nacional. Si ocurre esto, los alumnos andaluces que aprueben el examen, por ejemplo, no podrán estudiar en cualquier universidad española, sólo en una andaluza", alerta el rector.

La Lomce, también conocida como la Ley Wert, permite a las universidades realizar su propia prueba de acceso después de la reválida. En este sentido, en octubre de 2015, todos los rectores andaluces acordaron garantizar a todos los estudiantes que cursaran en ese momento Primero de Bachillerato que se les mantendría los mismos criterios de ponderación que a sus compañeros de 2º de Bachillerato. "No vamos a poner en marcha otros mecanismos de acceso propios", puntualiza Vicente Guzmán.

Desde la Olavide apuntan que lo que "más preocupa" ahora son "los tiempos que maneja el Ministerio". El vicerrector de Estudiantes de esta institución, Antonio Herrera, recuerda que, tras dos años de negociaciones, se ha descartado realizar un único examen en todo el país con 350 preguntas tipo test, pero que aún no se ha diseñado la nueva prueba ni se han constituido los equipos de trabajo que lo harán. La Lomce "sigue generando demasiadas incertidumbres para el futuro de los estudiantes", comenta Herrera. Pero en 1974 y 1975, la Selectividad también fue acogida con recelo y aversión por ciertos sectores, como la Asociación Provincial de Catedráticos Numerarios de Institutos Nacionales de Enseñanza Media de Sevilla, preocupados por el nivel de los estudiantes universitarios.

"La prueba se planteó como un filtro importarte para acceder a la Universidad. Queríamos que los alumnos llegaran con un nivel de conocimiento alto, pero al final este examen no respondió a las expectativas que teníamos", manifiesta Rogelio Reyes, catedrático emérito de Literatura Española de la Universidad de Sevilla y miembro en junio de 1975 de uno de los ocho primeros tribunales de Selectividad que se constituyeron en Sevilla. "Desde la Asociación de Catedráticos de Instituto quisimos ser más oídos de lo que en realidad lo fuimos", anota. "Queríamos una prueba de mayor nivel. Las puertas de la Universidad eran muy grandes y, aunque el acceso generalizado es justo, el nivel de los estudiantes era bajo. No obstante, viéndolo con perspectiva, el nivel de entonces era mucho mayor que el de ahora", lamenta Reyes, profesor durante más de una década del Instituto Fernando de Herrera y partícipe en la puesta en marcha del Curso de Orientación Universitaria (COU).

Este descontento quedó reflejado en el informe que la Comisión Coordinadora de Pruebas de Acceso a la Universidad dirigió al rector de la Hispalense el 9 de julio de 1975 y que aún se conserva en el Archivo Histórico de esta institución académica.

Según este documento, a la prueba se presentaron 3.515 jóvenes sevillanos, gaditanos y onubenses -109 menos de los inscritos en un primer momento- y aprobaron 2.882, el 82%. En aquellos años, Cádiz y Huelva estaban adscritas a la Hispalense. En el caso de Sevilla, el examen se desarrolló entre los días 18 y 20 en horario de mañana y tarde en las aulas magnas de Medicina, Letras, Ciencia y Derecho.

Tras los resultados, la comisión calificó el nuevo sistema de "notablemente injusto", al "quitar importancia a las materias comunes y optativas, cuyas calificaciones, por su propia naturaleza, son más precisas", frente al primer ejercicio, compuesto por una conferencia y un comentario de texto, cuya "matización exacta es más discutible y subjetiva", según se puede leer en el documento que conserva el Archivo Histórico de la Universidad de Sevilla.

Los profesores plasman también en este informe su preocupación, "ante los resultados obtenidos", de que "se produzca una relajación del nivel de exigencia por parte de los centros, de modo que en septiembre presente indiscriminadamente a todos o casi todos sus alumnos".

Manuel Clavero Arévalo era entonces rector de la Universidad de Sevilla, aunque su cese se produjo pocos días después de la prueba, el 4 de julio de 1975. Él mismo intervino como legislador en la Ley Esteruelas como diputado en las Cortes, aunque también reconoce que el resultado no fue el esperado: un aumento del nivel de conocimiento de los jóvenes que ingresaban en la Universidad. "Aquello era una puerta abierta. De 100 que se presentaban entraban 90. En mi época, en la reválida, nos presentábamos 50 y aprobábamos 4. Quitaron aquella prueba tan dura y la sustituyeron por una más liviana", recuerda Clavero a sus 90 años.

La Selectividad permitió la homologación y la igualdad de oportunidades, característica que hoy ensalzan sus defensores. Cualquiera podía estudiar una carrera universitaria, independientemente de sus recursos económicos. El único requisito era superar una prueba de nivel.

"En los primeros años se veían grandes desigualdades entre los centros. Selectividad era un buen examen, no tanto para seleccionar, como filtro, sino porque igualaba los conocimientos", comenta Benito Valdés, catedrático ya jubilado de Botánica de la Universidad de Sevilla desde 1977 y miembro de uno de los cuatro tribunales que se constituyeron en Cádiz en la Selectividad del 75. "Soy una leyenda viva de esta prueba", bromea.

Al igual que ocurre ahora, en el curso 1974-1975 hubo mucha incertidumbre. Francisco Ortega, antiguo alumno y hoy profesor de Matemáticas en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Hispalense, recuerda que en un mismo año hizo tanto la Reválida como la Selectividad. "No nos quedó claro qué iba a pasar hasta el final. No sabíamos cuáles eran los criterios que iban a valorar. Los profesores no sabían cómo aconsejarnos".

La Universidad de Sevilla también guarda en su Archivo Histórico carteles reivindicativos escritos a mano: "Los que nos imponen la Selectividad se la saltan", se puede leer en uno de ellos, haciendo referencia a que "por el hecho de ser policías" éstos tenían "libre acceso a la Universidad sin pasar las pruebas selectivas". Asimismo, calificaban la nueva ley de educación como una "barrera clasista" que impedía "el acceso a la mayoría del pueblo".

Existía mucha confusión y desinformación y no todos aceptaron pasar por este filtro. Varios estudiantes, por ejemplo, se encerraron en 1977 en la Facultad de Medicina de Cádiz por no ser admitidos al no pasar la Selectividad. Un mes después el decano cedió a las presiones, como recogió entonces Diario de Cádiz. No fue hasta la reforma de 1983 cuando la prueba de acceso pasó a ser un requisito indispensable.

"Antes, en el primer año de carrera había un selectivo, es decir, tenías que aprobar todo entre junio y septiembre; si no, te expulsaban de la Universidad", aclara Francisco Ortega, alumno de Selectividad en 1975. "Nos lo vendieron como un filtro y como una garantía de que si lo aprobabas ya no te podían echar de la carrera".

Ortega, que en la edición de este año actuará como vocal corrector, recuerda algunos de los consejos de sus profesores en aquel primer examen: "Nos aconsejaron que evitáramos cualquier comentario que nos comprometiera políticamente", anota. "Nos dieron a elegir entre dos comentarios de texto, uno sobre la dictadura de Primo de Rivera y otro científico sobre el virus del cólera. Todos elegimos de forma masiva el virus del cólera".

Jesús González, antiguo alumno del Instituto Fernando de Herrera de Sevilla, aún guarda el libro que utilizó para prepararse el comentario de texto (Cómo se comenta un texto literario, de Fernando Lázaro Carreter), además de la tarjeta con su nombre y las calificaciones: "No nos comunicaron que teníamos que hacer esta prueba hasta principios de mayo. Terminamos las clases y nos prepararon para el examen en pocas semanas", apunta.

El rector de la UPO admite que también él guarda todo su expediente académico. En su caso, realizó esta prueba en 1983 en la Facultad de Farmacia. "Era como un viaje a lo desconocido. La primera vez que pisaba una universidad. El mundo se me hizo muy grande allí", apunta el rector, que tuvo que realizar un comentario sobre la Primera Guerra Mundial. "Saqué un 7,3 de media, podía haber estudiado cualquier cosa, hasta Medicina, pero siempre tuve claro que quería hacer Derecho, aunque para eso sólo necesitaba aprobar, no había nota de corte. Quería ser juez".

A lo largo de estos 40 años, las anécdotas han sido numerosas, aunque uno de los incidentes más graves de los últimos años se produjo en 2003. Ese año, en la Facultad de Filosofía y Letras de Cádiz, se repartió por error el examen de Lengua y Literatura en lugar del de Historia de España, lo que obligó a aplazar la prueba de Lengua al día siguiente en toda Andalucía y utilizar un examen de repuesto. Un año antes, en 2002, la lluvia fue la protagonista, y los estudiantes que hacían la prueba en la Facultad de Farmacia, en Sevilla, tuvieron que desplazarse a Aparejadores por un corte de luz.

Pablo Sánchez es uno de los 10.348 sevillanos que se presentan ahora a la última Selectividad. En su caso lo hará en la Facultad de Matemáticas. En total, en la Hispalense, con 12 sedes, se presentarán 9.105 jóvenes y en la Pablo de Olavide -que acogió su primera Selectividad en 2006-, 1.243.

Este alumno del IES Vicente Aleixandre reconoce que la presión ya ha pasado: "El problema no es suspender Selectividad, aún queda septiembre, aunque no en todas las carrera habrá plazas. La presión era repetir Bachillerato, ya que el sistema cambia por completo", anota este joven, que cada tarde va a una academia para preparase la prueba. "Hasta ahora si te quedaba una o dos asignaturas repetías sólo con esa materia. A partir de ahora repites con todo de nuevo", aclara este sevillano que quiere estudiar Traducción e Interpretación en la Pablo de Olavide.

El nuevo sistema continúa siendo una incógnita. Pastora Revuelta, vicerrectora de Estudiantes de la Universidad de Sevilla advierte: "Estamos en una situación de mucha incertidumbre y realmente no se tiene certeza de lo que ocurrirá el próximo curso académico".

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