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"Sevilla no es vulgar, ha sido una ciudad intensa y ominosa"

  • Víctor Pérez Escolano. En 1979 iba de número 5 del 'pecé' en la lista que encabezaba Alonso Balosa y fue delegado de Urbanismo. En 1983 le ofrecieron encabezar la candidatura, pero volvió a la Escuela de Arquitectura

Víctor Pérez Escolano, en una sala del hotel Inglaterra. Víctor Pérez Escolano, en una sala del hotel Inglaterra.

Víctor Pérez Escolano, en una sala del hotel Inglaterra. / josé ángel garcía

Iba de número cinco en la lista del pecé del 79 y le tocó jugar de central para defender el patrimonio de la piqueta. Catedrático de Historia de la Arquitectura, Víctor Pérez Escolano (Valencia, 1945), historia viva de su oficio.

-Con 25 años lo nombran director del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla...

-Yo creo que se lo sugirió Rafael Manzano a Florentino Pérez-Embid. Hoy sería imposible que un estudiante dirigiera un museo.

-¿Trajo arte contemporáneo?

-Estrenamos la Sala San Hermenegildo. Montamos exposiciones magníficas de Picasso, Dalí. Con fondos del precedente del Museo Reina Sofía. Mi equipo estaba formado por José Ramón Sierra, Paco Molina, una chica, Adriana, y un ex guardia civil que hacía de guarda. Con Pedro Tabernero, montamos la primera exposición de cómic en Sevilla. El gobernador civil ordenó su cierre por una Barbarella ligera de ropa.

-¿Era compatible con Manzano?

-Fui profesor oficioso con él. Sus clases eran extraordinarias, pero no pasaba de la Edad Media. Me dirigió la tesis, que hice sobre Juan de Oviedo. Arquitecto municipal, autor del Túmulo de Felipe II que inspiró el soneto de Cervantes. También fue escultor y murió de un cañonazo siendo ingeniero en el asedio de Salvador de Bahía.

-¿Qué hacía cuando va en las listas de las municipales?

-Desde primero de carrera trabajo en Otaysa con Felipe Medina.

-¿Fue casualidad que fuera un arquitecto por cada grupo?

-Todo lo contrario. En lo que los cuatro estábamos de acuerdo era en que la ciudad estaba muy mal, abandonada y destruida por una conjunción entre el franquismo y el neocapitalismo. En el primer mes, no teníamos más tiempo, aprobamos la paralización de las licencias de demolición. Firmó hasta Pavón, de la UCD.

-¿Pavón contra Pavón?

-El demoledor por excelencia. Estaba obsesionado conmigo.

-En 1983 le ofrecen pasar de número cinco a cabeza de lista...

-Yo quería volver a la Escuela. Un año antes de las municipales, saqué mi plaza de profesor adjunto.

-Y cuatro años después, 1987, la encabeza Adolfo Cuéllar...

-Un personaje excepcional. Cuando dirigí el Museo, me reunía con Cuéllar y Paco Cortijo. ¿Quién le iba a decir que encabezaría la listas de Izquierda Unida a quien fue abogado de una de las familias propietarias de los suelos del Polígono Aeropuerto? Una de las dos grandes fracturas del tripartito de coalición, cuando el PSA firmó con la UCD y rompió el pacto.

-¿Se lo tomó como deslealtad?

-El Partido y yo pensamos que no debía dimitir. Me creó una esquizofrenia, porque como delegado de Urbanismo firmaba los acuerdos del alcalde Luis Uruñuela, del que sólo puedo decir cosas buenas, y después no los votaba.

-¿Y la segunda fractura?

-La Encarnación se había convertido en un quiste del urbanismo de la ciudad. Le encargamos un proyecto a Vázquez Consuegra; Pepe Villa, delegado de Abastos, habló con Mercasa en Madrid para el visto bueno de los placeros. Al final se descolgó el PSOE y la Encarnación quedó colgada de la percha corporación tras corporación hasta Monteseirín.

-Se reedita su libro casi juvenil sobre Aníbal González. ¿Le gustaría el edificio de las setas?

-Era un pensamiento conservador que al acabar la carrera está fascinado por las formas modernistas. Él continúa en el trazado y algunos edificios el Plan de 1895 de Sáez López, una apertura en la línea de la Gran Vía de Madrid, la Layetana de Barcelona o la Vía Colón de Granada. El proyecto de las setas, concurso que no fue bien gestionado, completa esa apertura, que no la inicia.

-¿Es permeable el arte contemporáneo al legado de Murillo?

-Murillo fue un artista de éxito que responde a la demanda hegemónica de una época marcada por el Barroco y la Contrarreforma que expulsa a judíos y moriscos.

-¿Cuál es su actualidad?

-Hay una tendencia a decir que Sevilla es una ciudad mediocre, vulgar, anodina, carente de interés, y nada más lejos de la verdad. Ha sido una ciudad intensa, ominosa, con sus tragedias y sus comedias. La Semana Santa es una Contrarreforma que llega a nuestros días, una combinación fascinante de lo religioso y lo popular, lo cristiano y lo pagano, mejor lo católico porque aquí nadie lee la Biblia. El turismo es una bendición económica, pero estamos viviendo un boom con riesgos de acabar como la burbuja del ladrillo. Se puede morir de éxito.

-En el grupo del pecé coincide con Amparo Rubiales, su pareja.

-Ya nos conocíamos de la célula de profesores del Partido.

-¿Qué le parece cómo quedó la plaza de Armas donde hizo el hotel con González Cordón?

-Eso lo tengo en la parte oscura, la parte de la noche de la mente.

Imagen de archivo Imagen de archivo

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Aquellos tiempos

Galeristas.Víctor Pérez Escolano, con los galeristas Rafael Ortiz y Juana de Aizpuru. De actualidad por dos libros: la reedición de su biografía de Aníbal González (Arte Hispalense), trabajo de 1973 y el libro-homenaje de sus Escritos, Sinuosidades de un itinerario nunca interrumpido (Editorial Universidad de Sevilla). Repaso de quien coincidió en la corporación con su profesor Rafael López Palanco y los arquitectos Javier Queraltó, Vicente Sanz Y Francisco Pavón.

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