La isla de la cartuja, 15 años después El parque tecnológico extiende su territorio a base de derribos

Sólo 20 pabellones de la Expo 92 se mantienen en pie en la Cartuja

  • Tras la demolición del Pabellón de Checoslovaquia, la piqueta amenaza ahora al de la Santa Sede, donde irá la empresa Andalucía Aeroespacial, y al de Cruzcampo

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La Exposición Universal de Sevilla del año 1992 desaparece de la nostalgia ciudadana y también del suelo de la isla de la Cartuja. La necesidad, por parte de las empresas, de nuevos espacios para la construcción de sus sedes está convirtiendo en habitual la presencia de las máquinas excavadoras en el parque tecnológico para derribar los últimos restos de la muestra universal: los pocos pabellones que se mantuvieron para albergar otras actividades, bien porque fueron diseñados originalmente para su reutilización después del año 1992, o bien porque, aunque fueron pensados para su posterior demolición, se comprobó que podían ser reutilizados.

Con la demolición del pabellón de Checoslovaquia, donde la empresa constructora Sando tiene intención de construir un nuevo edificio para concentrar todas sus actividades de investigación y desarrollo, el recinto que ahora alberga el parque tecnológico Cartuja 93 sólo cuenta ya con una veintena de pabellones que se mantienen -al menos en su aspecto exterior- tal como fueron diseñados para la Exposición Universal, entre los que no están incluidos los temáticos, que no pertenecen a Cartuja 93, sino que están en manos de Agesa y sin uso.

No obstante, entre esta veintena de pabellones también existen algunos amenazados a corto plazo. El pabellón de la Santa Sede, por ejemplo, es el siguiente que está en el punto de mira para su demolición integral. La entidad Andalucía Aeroespacial ya ha mostrado su intención de construir un edificio nuevo para sus actividades, puesto que el edificio que diseñara Miguel de Oriol no se ajusta a sus necesidades. No obstante, de momento no existen plazos para que esto ocurra, aunque aquellos nostálgicos que aún están pendientes del destino de estos últimos restos de la Expo ven ahora en la excavadora que trabaja junto al pabellón de Checoslovaquia como un negro augurio.

También parece seguro que desparecerá de la Cartuja, aunque no será demolido, el pabellón de Hungría, un edificio que levantó una oleada de simpatías en la ciudad cuando se supo de la intención de la inmobiliaria Expo-An de derribarlo para construir también un nuevo edificio. Esta presión popular consiguió un acuerdo entre la empresa que dirige el empresario sevillano Luis Portillo y el Ayuntamiento de Sevilla para el desmontaje y posterior traslado del edificio a un parque de la ciudad, probablemente el del Alamillo o incluso el de Miraflores.

Entre los pabellones que sorbreviven en el recinto de Cartuja 93 casi 15 años después de su construcción destacan algunos de los más aceptados por el público durante la muestra, como Canadá -actual sede de la EOI-, Italia -sede de la propia Cartuja 93 y de numerosas empresas-, Francia -donde los diseñadores Victorio y Lucchino han construido un centro de I+D para su sector- o Finlandia -sede de la Fundación Fidas de arquitectura-. También siguen en pie, entre otros, los pabellones de México, Portugal, Puerto Rico, Corea, Nueva Zelanada, Chile, Mónaco, Marruecos y Kuwait.

El incierto futuro que espera a instalaciones como la Santa Sede, Hungría o también el pabellón de la Cruzcampo -que Isla Mágica ha devuelto a la cervecera para que lo venda- se suma, de esta forma, a los últimos dos años, en los que la actividad de la piqueta ha sido frenética en la isla de la Cartuja desde que en enero de 2006 comenzara la demolición del edificio más famoso de la Expo, el pabellón de los Descubrimientos, para la construcción de Puerto Triana. En septiembre de ese mismo año se realizó también el desmantelamiento del monorraíl, abandonado en un rincón del parque desde principios de los años 90.

El ejercicio de 2007 fue todavía peor. En enero, y prácticamente sin hacer ruido, dejó de existir el pabellón de Austria, un edificio diseñado en un principio para ser demolido justo después de la celebración de la Muestra Universal, pero que fue mantenido por la empresa Controlbán durante varios años, precisamente cuando Cartuja 93 aún no despegaba, hasta que decidió abandonarlo y condenarlo también a convertirse en escombros. Meses después, en marzo, comenzó el desmantelamiento del telecabina, por el que se interesaron las autoridades de la Exposición de Zaragoza 2008, pero que finalmente rechazaron. En febrero comenzó la polémica sobre el posible derribo del pabellón de Hungría -que quedó zanjada con el acuerdo sobre su traslado- y en verano se ejecutó la demolición del Palenque, otro de los espacios más emblemáticos de la Exposición, que será sustituido por un nuevo edificio de oficinas. Para el futuro más cercano quedan más derribos, pero también una puerta abierta a la esperanza: está prevista la recuperación del Jardín Americano y los Jardines del Guadalquivir y el Pabellón del Futuro vuelve a manos de Agesa, que tratará de darle un uso tras 15 años cerrado.

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