Sordociegos: la lucha contra el aislamiento

  • El centro Santa Ángela de la Cruz, único en España en atender a personas con discapacidad visual y auditiva, atraviesa dificultades financieras por la falta de fondos.

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La historia del centro Santa Ángela de la Cruz en Salteras, único en España dedicado a atender a personas sordociegas, está marcada por la lucha constante contra la adversidad. Su apertura, que presidió la reina Sofía en 2010, fue posible por el esfuerzo de las familias con hijos sordociegos agrupadas en la Asociación Apascide. Su construcción contó con fondos de la Junta y del Estado. Los terrenos que ocupa fueron cedidos por el Arzobispado de Sevilla.

La crisis y los retrasos en los pagos por parte de la Junta de Andalucía en los últimos años han generado incertidumbres constantes en los responsables del centro, que se mantiene gracias a subvenciones públicas, donaciones y al endeudamiento de familias. El coste de funcionamiento del centro es muy elevado y las ayudas de la Administración son insuficientes. Cada plaza concertada (15 en la unidad de día y 18 en la residencia) supone un desfase que gira en torno a los 650 euros, respecto a los fondos públicos procedentes de las administraciones. Este sobrecoste de cada plaza concertada lo soporta la asociación de familias, con dificultades. Al año, la falta de una financiación cercana al 100% del coste real de cada plaza concertada supone un desajuste de unos 350.000 euros. Las familias aportan unos 100.000 euros; y la asociación realiza actividades para tratar de conseguir fondos, además de contar con los donativos. En estos momentos, el centro necesita 73.000 euros para finalizar el año sin déficit. "Para mantener las nóminas pedimos créditos bancarios, pero es requisito de las entidades financieras terminar el año sin deudas", explica la presidenta de Apascide y directora del centro, Dolores Romero.

El mantenimiento de la asistencia en Santa Ángela de la Cruz es muy costoso por el alto grado de especialización y de personal que requieren los cuidados a personas sordociegas. Un equipo entregado de 58 personas trabaja día a día en este centro por normalizar la vida de jóvenes y adultos que necesitan apoyo permanente.

Ni pueden ver ni pueden oír, de modo que su única vía de comunicación es el tacto, a través de las caricias; el olfato y las sensaciones. El centro está diseñado para que se puedan orientar, en la medida de lo posible, a través, por ejemplo, de jardines o de las texturas de distintos tejidos que son colocados en las puertas de cada aula para que, al tocarlos, puedan saber su ubicación y qué taller van a realizar. "En uno de los jardines tenemos jazmín; y en otro, dama de noche, de modo que a través del olfato, los usuarios conocen dónde se encuentran. El objetivo es que logren autonomía", explica Ruth Lirio, gerente del centro.

Es una lucha permanente contra el aislamiento y contra la desconexión con el mundo. A través de programas y talleres basados en manualidades (telares, cerámica, etcétera), estos jóvenes y adultos sordociegos logran superarse a sí mismos. Necesitan ayuda especializada constante para lograr una vida plena. A las enormes dificultades que afrontan por la falta de visión y de oído se suman los problemas económicos del centro desde que se inauguró hace cinco años. Las peculiaridades de la sordoceguera provocan que los afectados requieran de muchos recursos asistenciales y, por lo tanto, de muchos profesionales. "Somos conscientes del elevado coste que supone mantener el centro; no pedimos que la Administración financie el 100% de las plazas; pero necesitamos que se acerque más al coste real", explica la directora. Cada año el centro ha logrado sobrevivir y, ahora, los responsables están esperanzados tras el compromiso que les lanzó la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, en una visita reciente al recinto. Entre otras medidas, el centro espera que la Junta de Andalucía amplíe el concierto con cinco plazas más en unos meses.

El centro de Santa Ángela de la Cruz dispone de una residencia con capacidad para 26 plazas y un centro de día. En estos momentos están ocupadas 19 plazas, de las cuales 18 son concertadas. Una plaza es privada, que se mantiene con fondos del usuario y de la asociación Apascide. La unidad de estancia diurna cuenta con 19 plazas, de las cuales 16 están ocupadas, 15 concertadas y una plaza privada, que la mantiene Apascide. De las plazas concertadas en la residencia, la mayoría (13) son mantenidas en gran parte por la Junta de Andalucía; otras tres están concertadas por la Comunidad de Madrid; y dos, por Castilla-La Mancha.

Cada usuario recibe una atención ajustada a sus necesidades. "Tenemos chicos que no ven ni escuchan nada; otros tienen restos de visión y audición", explica Ruth Lirio. La media de edad gira en torno a los 30 años. Son jóvenes que han encontrado su sitio y que estarían condenados a permanecer en el aislamiento o al abandono en caso de que el único centro de España dejara de funcionar.

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