'Spin-off': La universidad como vivero de empresas

  • Más de 70 empresas han sido impulsadas por docentes e investigadores de la Hispalense y la Pablo de Olavide desde 2003. Hoy, 36 están activas y buscan nuevos mercados en el exterior.

Una facturación de dos millones de euros y una plantilla de 25 trabajadores. Éstas son las previsiones para 2016 de Skylife Engineering, empresa dedicada al desarrollo de sistemas eléctricos y electrónicos para los aviones que nació en 2011 como spin-off de la Universidad de Sevilla de la mano de un grupo de ingenieros. Hoy, entre sus clientes figuran Airbus, la estadounidense Boeing y la canadiense Bombardier.

Skylife es una de las 56 empresasimpulsadas desde la Hispalense desde 2003 y uno de los mayores referentes en el ámbito de las spin-off (iniciativas empresariales promovidas por miembros de la comunidad universitaria) junto a Green Power Technology, que factura 28 millones de euros en América, África y Europa. Se trata de empresas que tienen su origen en las investigaciones llevadas a cabo en las universidades y en las que participan personal docente e investigador. De las 56 creadas en los últimos 13 años en el seno de la Universidad de Sevilla, 30 están activas actualmente. El sector de las tecnologías de la información y las comunicaciones es el que más empresas engloba, seguido del de la energía.

La Hispalense es la tercera universidad pública española más activa en este campo y entre 2013 y 2015 formó en emprendimiento a 1.200 personas, según apuntan desde la institución académica.

En la Universidad Pablo de Olavide, por su parte, el porcentaje de éxito es del 75%. En los últimos años se han fundado ocho spin-off. Dos de ellas cerraron en 2015 por cuestiones económicas. Además, a lo largo del pasado curso académico se tutorizaron 27 ideas de negocios y proyectos empresariales. De estas iniciativas, seis se han convertido en start-up, empresas creadas por estudiantes y no por docentes e investigadores, como ocurre con las spin-off.

Firmas como Skylife o Green Power ya vuelan solas, pero muchas de ellas aún no pueden hablar de beneficios. "Son empresas de mucho riesgo. Sus productos salen al mercado tras muchos años de investigaciones y durante este tiempo apenas tienen ingresos", apunta Rosario Jiménez, directora de la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI) de la Universidad Pablo de Olavide (UPO). Además, estos profesionales, en la mayoría de los casos, "compaginan su labor docente e investigadora con la empresarial, no pudiendo dedicarle todo el tiempo necesario". "Su vocación no es crear una empresa, es investigar. Lo hacen de manera casi altruista y las ayudas públicas no son suficientes", apunta Rosario Jiménez. "Antes, la Junta ofrecía un máximo de 200.000 euros a través de las ayudas Campus para impulsar a estas empresas, pero en 2011 se cancelaron".

Juan José Infante, director ejecutivo de Vaxdyn, compañía biotecnológica impulsada desde la Universidad de Sevilla y especializada en el desarrollo de vacunas para combatir las enfermedades infecciosas, considera que una de "las causas del fracaso" de las spin-off es el "descuido" del plan de negocio: "A los científicos les mueve el ego por descubrir cosas. Su vocación es enorme y quieren controlar su empresa. Pero son investigadores no especialistas financieros", apostilla Infante. "No todas las spin off tienen un plan de negocio hecho por especialistas. Ese es su error".

Vaxdyn nació en 2011 en el Instituto de Investigación Biomédica de Sevilla (IBIS) basándose en el trabajo desarrollado por un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla y del servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Virgen del Rocío.

"Hace más de 30 años que no se descubren antibióticos nuevos y las bacterias cada vez son más resistentes a ellos", explica Infante. En este sentido, los médicos Michael McConnell, Pilar Pérez y Jerónimo Pachón descubrieron hace unos años una vacuna para la acinetobacter, una importante fuente de infección en los hospitales para los pacientes debilitados. "En la UCI mueren numerosos pacientes por culpa de esta bacteria. En la Unión Europea fallecen al año unas 4.400 personas y 840.000 en los países en desarrollo, 120.000 de ellos niños", explica Juan José Infante.

Desde Vaxdyn esperan obtener en 2018 el permiso de la Agencia Europea del Medicamento para realizar los primeros ensayos en humanos y, si todo va bien, empezar en 2024 a tener beneficios directos de la venta de esta vacuna. "Ya hay farmacéuticas multinacionales interesadas en el proyecto", apunta Infante. "Necesitamos inversores que apuesten por nosotros. Se trata de un proyecto complejo y a largo plazo pero lo invertido se puede llegar a multiplicar hasta por seis si todo va bien". Desde Vaxdyn informan de que para llevar a cabo el ensayo con voluntarios sanos necesitan unos 3 millones de euros, además de 7 millones más luego para llevar a cabo el ensayo con humanos enfermos.

El arquitecto Fernando Hidalgo, uno de los cinco socios fundadores de Terapia Urbana, reconoce que, al principio de su andadura, él y su equipo cometieron varios fallos "por no tener formación" en la gestión de empresas y en el desarrollo de planes de negocio. Esta spin-off, formada por arquitectos e ingenieros agrónomos, parte de un proyecto de investigación de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agrícola de Sevilla para estudiar la posibilidad de desarrollar jardines verticales. El carácter innovador de esta iniciativa le ha valido importantes reconocimientos, como el primer premio del V Concurso de Iniciativas Empresariales de la Hispalense. "Empezamos como consultoría en 2009 pero eran años muy críticos, en plena crisis, y buscamos un producto que pudiéramos vender en el exterior".

La empresa cuenta con un sistema propio para la construcción de jardines verticales pasivos (Fytotextile) y en 2011 instalaron el primer jardín vertical activo de Europa, de 16 metros cuadrados.

Fernando Hidalgo reconoce que fue la internacionalización del producto lo que les ha permitido sobrevivir a la crisis. Reino Unido y Alemania son los mercados más fuertes y su propósito es abrirse paso en Francia, Irlanda y Dinamarca próximamente. "El crecimiento es lento pero constante. El pasado año ingresamos entre 150.000 y 200.000 euros".

Pronacera Therapeutics es una de las seis spin-off vinculadas a la Universidad Pablo de Olavide. Especializada en el tratamiento de enfermedades raras, nació de la mano de los investigadores José Antonio Sánchez Alcázar, del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo, y David Cotán. La idea de esta empresa biotecnológica surgió en 2011, cuando, unos meses después de que Cotán terminara su tesis sobre el síndrome Melas, un tipo de patología mitocondrial, un padre con cuatro hijas enfermas se puso en contacto con él. "Me di cuenta de que todo el trabajo que había hecho no había llegado al verdadero objetivo, al paciente. Fue entonces cuando cambié el chip y me centré en la investigación aplicada", explica.

Pronacera Therapeutics centra su actividad en la prevención de enfermedades de baja prevalencia, que en la mayoría de los casos no cuentan con tratamiento específico. Su objetivo a largo plazo es la búsqueda de nuevos fármacos.

Ahora centran sus investigaciones en el tratamiento de enfermedades lisosomales, la fibromialgia y diferentes tipos de cáncer, como el de tiroide, en el que los tratamientos actuales como la radioterapia no funcionan. A esto se suma la medicina personalizada. "Aplicamos a las células de los pacientes que no tienen un diagnóstico claro diferentes tratamientos hasta encontrar el mejor, y luego, en coordinación con su médico, se lo aplicamos", anota David Cotán. Actualmente tienen cuatro pacientes y dos de ellos, con Enach (neurodegeneración con acumulación cerebral de hierro), uno español y otro de Uruguay, evolucionan favorablemente.

Para poder llevar a cabo sus investigaciones, de forma paralela, actúan como punto de venta de kits genéticos vinculados al cáncer, enfermedades cardiovasculares y hereditarias. "Nuestros ingresos proceden de la distribución de kits y de diferentes premios por emprendimiento", comenta Cotán. "La línea de fibromialgia es la que más avanzada está y la que más dinero nos reporta, pero aún no podemos hablar de beneficios. Sólo cubrimos gastos".

También en la UPO se desarrolla la actividad empresarial de I+D Running, spin-off creada en enero de 2015 por Pablo Floria Martín, del departamento de Deporte e Informática, y su hermano Carlos Floria, trabajador de un banco francés.

La compañía ofrece un servicio de análisis biomecánico en 3D para todo tipo de corredores. Este análisis, según explica Pablo Floria, permite mejorar la técnica de la carrera y el rendimiento, previene lesiones y supera aquellas más recurrentes. Para ello, se sirven de la tecnología de captación de movimiento que permite medir milimétricamente la forma de correr de cada atleta. Es la misma tecnología que se utiliza en la industria del cine y los videojuegos para animar personajes en 3D. "La mayoría son corredores de larga distancia o personas que se inician en el running, muchos de ellos de fuera de Sevilla", explica el impulsor de la idea desde la Facultad de Ciencias del Deporte de la UPO.

"Desde navidades tenemos una clínica en Madrid, donde tenemos una media de tres pacientes a la semana. Son pocos y en Sevilla nos está costando que la idea cuaje. Creo que fallamos en el mensaje, no se entiende muy bien qué hacemos", reconoce Pablo Floria, que junto a su hermano decidió invertir sus ahorros en este proyecto.

El vicerrector de Estrategia, Empleabilidad y Emprendimiento de la UPO, José Manuel Feria, reconoce que el "talón de Aquiles" de estas empresas es la financiación. "La gran apuesta tiene que ser crear recursos y ofrecer préstamos y microcréditos flexibles que faciliten crear pequeñas empresas", anota. "En tiempo de crisis, el hombre agudiza el ingenio y la cultura del emprendimiento está calando cada vez más. Este año se han presentado al concurso de ideas y proyectos empresariales de la UPO 38 propuestas, un récord".

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