La movida Protesta vecinal contra el ruido

Veinte mil vatios en casa

  • Los residentes de la Alameda han recogido 200 firmas para que el Ayuntamiento reduzca el número de conciertos que organiza cada fin de semana en el bulevar

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Continuas vibraciones, peleas, vómitos y un ensordecedor ruido es el escueto resumen de un fin de semana en la Alameda. Este bulevar, cuya reforma no ha concluido oficialmente, se ha convertido en el escenario elegido por el Ayuntamiento para celebrar los conciertos cada fin de semana. Una elección "maldita" para los residentes de la zona, muchos de los cuales han presentado diversas denuncias en las delegaciones municipales. Por ahora, han recogido 200 firmas que piden el cese de estas celebraciones en el emblemático paseo.

Nuria Rodríguez es una de las vecinas afectadas por el ruido. En el bloque 57 de la Alameda tiene su residencia y la gestoría en la que trabaja. "Hay noches en las que me marcho a casa de una amiga -dice- porque esto es insoportable". Aunque los conciertos en la parte norte (donde desemboca la calle Calatrava, frente a la Comisaría de la Policía Nacional) han sido constantes desde hace una década, su celebración se ha intensificado en los últimos meses. "Concretamente desde la primavera no hay fin de semana que no tengamos uno, y ya se organizan los días laborables, e incluso, por la mañana", asegura Nuria.

Esta vecina afirma que han planteado poner una denuncia conjunta, pero los costes de esta operación no la pueden asumir muchas personas mayores. La solución más inmediata: abandonar el barrio y trasladarse a otro. "Yo al menos me lo puedo permitir -afirma- pero hay gente que no tiene más remedio que quedarse".

Los conciertos no suelen terminar a la hora fijada. A su conclusión la fiesta continúa en los bares cercanos, que según los vecinos, no cumplen con la hora estipulada por la ley para su cierre. Así lo afirma Virginia Berros, cuya vivienda es un bajo con acceso directo a la plaza donde se montan los escenarios. Su madre murió hace unos meses a los 90 años. "Las últimas noches que pasó -recuerda- me aseguraba que le iba a estallar la cabeza".

A esta vecina los conciertos del Ayuntamiento le están saliendo caros. "Varias noches me he tenido que ir a un hotel porque no puedo dormir, tengo un cuadro de ansiedad y padezco insomnio, me lo ha diagnosticado un médico". A ello se une la instalación de cristales y ventanas especiales para aislarse del ruido: "Me han costado 5.000 euros cada una", asegura Virginia.

Las peleas son otras de las constantes los fines de semana. Tras los conciertos llegan las riñas. Así lo describe Virginia: "ya he escuchado de todo: puñaladas, gritos de la gente discutiendo al amanecer...Si esto fuera una vez al mes lo soportaba, pero cuatro veces a la semana no hay quien lo resista. La Delegación de Medio Ambiente lo único que le ha dicho es que hable con la Policía".

Otra residente que tiene que "emigrar" de su vivienda es Obdulia Carmona, a la que su hija tiene que acoger en su casa cuando llega el viernes. "Los ensayos empiezan a las seis de la tarde, desde entonces ya estamos soportando los ruidos. Cuando llega las doce de la noche aquello es ensordecedor. El silencio no lo tenemos hasta que amanece".

Obdulia recuerda que un técnico que preparaba un ensayo le aseguró que los altavoces tenían 20.000 vatios, "con lo que en nuestra casa se mete una cantidad de decibelios superior a los permitidos". Ésta es la medida que plantea: contratar a una empresa que mida el ruido que soportan. En sus palabras se resume la esperanza vecinal: "Ésta será la única evidencia que no podrán negarnos".

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