Veladores, una polémica nacional

  • La ley antitabaco triplica las terrazas en España. La ordenanza de Sevilla es una de las más restrictivas en cuanto a número y tipología.

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La ley antitabaco del Gobierno de Zapatero liberó de malos humos bares y restaurantes pero llenó de terrazas las calles de España. Los veladores se han convertido en un debate nacional. Así lo constatan las múltiples ordenanzas aprobadas en los municipios españoles para poner orden en un asunto en el que hasta hace poco cada cual campaba a sus anchas. Mesas y sillas pueblan las aceras en un intento del sector hostelero por sacar rédito al consumo al aire libre, una actividad que en pocas ocasiones casa bien con el derecho al descanso de los vecinos, lo que está provocando auténticos quebraderos de cabeza a las administraciones locales, responsables en última instancia de controlar la cesión de la vía pública para intereses privados. Lo que queda claro es una cosa: de nada sirve una norma muy exhaustiva si luego el servicio de Inspección no se encarga de hacerla cumplir.

El problema de los veladores no sólo afecta a la capital andaluza. Numerosas ciudades de España -principalmente las más turísticas- han hecho frente los últimos años a la proliferación de terrazas, un auge que es consecuencia directa de la aplicación de la ley antitabaco. Madrid, Barcelona, Málaga, Granada y Córdoba son ejemplos de urbes donde este asunto no sólo ha enfrentado los intereses de taberneros y residentes, sino que ha saltado al terreno político, como en la capital catalana. Desde la Federación Española de Hostelería (FEHR) su secretario general, Emilio Gallego, afirma que la prohibición de fumar en los bares ha multiplicado los veladores desde 2011. La FEHR desconoce el número exacto de terrazas que cuentan con licencia actualmente en España, pero sí maneja un dato bastante importante: se han triplicado desde que entró en vigor la ley antitabaco.

Ante este incremento, raro es el municipio que no ha actualizado la ordenanza de vía pública para controlar un fenómeno que a muchos ayuntamientos se les va de las manos. Es en dicha redacción donde las corporaciones locales han intentado conciliar los intereses de hosteleros y vecinos, sin demasiado éxito en bastantes ocasiones. Gallego destaca que la mayoría de las ciudades en las que el turismo constituye una de las principales fuentes de ingreso se ha optado por establecer un modelo de terraza similar al que predomina en el ámbito europeo. "En países nórdicos, con un clima muy severo, las terrazas son un servicio permanente que explotan turísticamente todo el año", refiere el secretario general de la FEHR, quien añade que "no tiene sentido que en nuestro país sólo se contemplen para primavera y verano".

Aunque en Sevilla, por su particular clima, los veladores son casi permanentes, bien es cierto que la mayoría de los ciudadanos los suelen asociar con el buen tiempo. En otras localidades sólo se utilizan en primavera y verano. Este carácter temporal con el que se ha gestionado por parte de la hostelería ha cambiado con la aplicación de las nuevas ordenanzas. "La mayoría de los ayuntamientos han comenzado a permitir la instalación de elementos fijos que aíslan las terrazas de las inclemencias climatológicas y, por tanto, favorecen su uso en invierno y verano, algo impensable hace una década", señala Gallego, que apostilla que la ordenanza de Sevilla, en este sentido, es una de las más "restrictivas" del país, al prohibir el uso de elementos verticales y de cierre.

Un ejemplo claro de este nuevo concepto de terraza permanente se encuentra en la madrileña calle Serrano, donde, tras la ordenanza aprobada por Alberto Ruiz-Gallardón, se levantó el veto a la instalación de elementos fijos en las terrazas -como tarimas o mamparas-, lo que permite que éstas permanezcan todo el año, incluso los meses de frío más severo en la capital española. A ello se unió la remodelación urbanística de esta céntrica vía, a la que se dotó de aceras más anchas. Los bares y restaurantes de Serrano han comprobado cómo sus ingresos han aumentado los últimos años gracias al uso permanente de los veladores.

Las terrazas no han escapado del enfrentamiento político. La llegada a las alcaldías de partidos de nuevo cuño ha suscitado más de una polémica con el sector hostelero. La propia calle Serrano saltó a los titulares a principios del verano pasado, después de que Carmena tomara el bastón de alcaldesa y comenzara una rigurosa campaña de inspección que algunos taberneros calificaron de "acoso y derribo". El ejemplo más evidente de que los veladores se han convertido en un problema para los políticos municipales se encuentra en Barcelona, que a finales de 2015 contaba con 4.300 terrazas. La llegada al gobierno local de Ada Colau coincidió con la entrada en vigor de la ordenanza de vía pública aprobada por su antecesor en el cargo, Xavier Trias (CiU), con el apoyo del PP. Según fuentes del Consitorio barcelonés, para verano de 2015 las terrazas debían adaptar sus espacios y mobiliarios. La norma fijaba al detalle el tipo de mesa y hasta de parasol permitidos, lo que obligaba a los dueños de bares, restaurantes y cafeterías a afrontar un importante gasto para rediseñar las terrazas.

Tal fue la polémica que se originó que el gobierno de Colau decidió paralizar la aplicación de la ordenanza hasta que se logre un consenso. El límite fijado para tomar una decisión es 2018. Mientras llega esa fecha, el Ayuntamiento barcelonés ha optado por estudiar la instalación de veladores en aquellas zonas más turísticas de la ciudad. Para ello, desarrolla un modelo muy similar al que se ha puesto en marcha en la Gerencia de Urbanismo de la capital andaluza. Se ha creado una comisión técnica de veladores en la que tiene presencia la federación de vecinos. Se trata de un órgano consultivo que estudia el número y ocupación de las terrazas en 30 zonas de Barcelona. En cada una de ellas se está aplicando una "ordenación singular" en función de las características de las vías y de los problemas que puede generar en ellas el exceso de veladores.

El reto más díficil al que se enfrentan los hosteleros -al margen de conciliar sus intereses con el de los vecinos- es que la Inspección haga cumplir la ordenanza que rige los veladores. No son pocas las ciudades en las que se ha criticado la falta de actuación de los responsables de Urbanismo para evitar los excesos o las ilegalidades que se cometen. El propio gobierno de Espadas ha reconocido que la labor puesta en marcha por la comisión de veladores para comprobar la saturación en determinadas zonas puede resultar inútil sin el trabajo de la Inspección. Las cifras, en este sentido, son contudentes: sólo hay un inspector por cada 1.745 veladores, un número que se antoja bastante pírrico para una urbe con casi 14.000 veladores. Otras ciudades andaluzas, como Málaga y Córdoba, ya han anunciado un endurecimiento en el servicio de Inspección para lograr un mayor control de esta actividad.

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