"Vengo a una fiesta, no a un funeral"

  • Agria polémica entre la decana de la Facultad de Medicina y el doctor Frontela en el acto de entrega de diplomas a las dos últimas promociones de especialistas forenses del Instituto de Medicina Legal

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Dos sevillanas, un jerezano, una sanluqueña y una gaditana. Pueden ser los últimos médicos residentes que hayan hecho la especialidad en el Instituto Universitario de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Sevilla. Los temores expresados en el acto de entrega de los diplomas por su director, el doctor Luis Frontera, y el realismo de la decana de la Facultad de Medicina, Carmen Osuna -"si el Ministerio decide cerrar esta Escuela, ni entramos ni salimos"- hacen pensar que esta institución creada en 1987 tiene los días contados.

Al acto asistieron los familiares de los nuevos forenses, que no esperaban encontrarse con las escenas de tensión que salpicaron la jornada. Resultaba paradójico oír la palabra funeral junto al Instituto Anatómico Forense. "Estas flores que presiden el acto son de alegría y también de funeral", dijo Frontela, convencido del "riesgo de que desaparezca" el Instituto que preside. "He venido a una fiesta, no a un funeral", llegó a decir en un momento la decana de Medicina en plena intervención del conocido forense. Mauricio Lorente, el único varón de los que recibieron diploma, habló en nombre de la quinta promoción y propuso una fórmula ecléctica. "Para la Escuela es un funeral, pero para nosotros es una fiesta".

Frontela describió un camino lleno "de espinas, amarguras y sinsabores", con alumnos que han carecido de respaldo académico, de reconocimiento profesional, que se han visto obligados a hacer sacrificios "como venir todos los días en coche desde Cádiz, trabajar veranos y festivos para pagarse las matrículas o tener que irse a Portugal para hacer una autopsia". Dada su implicación personal en la creación del Instituto de incierto futuro, Frontela criticó a quienes lo acusaron de "haberme enriquecido. Cuando tomé posesión del Instituto, esto era una cuadra. Tuve que poner todo mi patrimonio personal".

La decana de Medicina, que no se quedó al ágape posterior, afirmó en su intervención que "el Ministerio no quiere que el Instituto desaparezca, lo que quiere es que esté regulado". "No es un funeral, es un periodo de transición", añadió, "la Universidad y la Facultad que represento no han querido nunca poner obstáculos, por eso estoy aquí".

Junto a Frontela y la decana, la mesa presidencial del acto la completó Juan Antonio Alcañiz, vicepresidente del Colegio de Médicos, que invitó a los nuevos forenses a colegiarse. Todos tienen una relación vocacional con la práctica médica. María José Suárez Gutiérrez (Cádiz, 1969), trabaja en una UCI móvil en la sierra de Cádiz, con el cuartel general en Olvera y servicios en pueblos como Setenil, Algodonales o El Gastor. En sexto de carrera decidió estudiar la especialidad. Ana María Encinas (Sevilla, 1965) está curtida en medicina asistencial. "He hecho guardias toda mi vida". Con destinos en Hornachos (Badajoz), Pilas y Sanlúcar la Mayor, aprendió a montar a caballo al mismo tiempo que sacaba la especialidad de la que ahora obtiene su diploma.

Vanessa Valle Gumier (Sanlúcar de Barrameda, 1976) estudió Medicina en Cádiz. "Desde que empecé la carrera me gustaba, pero pensaba que había que hacerlo en Madrid". Venía en coche todos los días a Sevilla con María José, compañera de la quinta promoción. Ha trabajado haciendo reconocimientos médicos en su Sanlúcar natal.

"Faltaba una plaza en Sevilla y no me lo pensé". María Luisa Núñez Gallardo (Sevilla, 1973), padre médico, acudió al acto con su hija de veinte meses. Ella trabaja en el Dispositivo de Cuidados Críticos y Urgencias.

Mauricio Lorente es el único del quinteto que ya ejerce como forense. Le atrajo la especialidad con las clases de Medicina Legal de José Antonio Lorente en la Facultad de Granada. "Nosotros somos los asesores médicos del juez", dice del oficio que ejerce con autopsias en Cádiz, guardias en toda la provincia y destino en los juzgados de Sanlúcar de Barrameda. Su último servicio fue la autopsia a un preso que falleció en el traslado en barco desde Canarias a Cádiz.

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