Sevilla

Vino, vio y se hizo capillita

  • César Díaz visitó la Semana Santa en 1994 y ya pertenece a seis hermandades

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Una carrera meteórica en lo que al mundo cofradiero se refiere es la que ha protagonizado César Díaz, director comercial y de marketing del Grupo Leche Pascual. Este leonés nacido en Oviedo vino por primera vez a la Semana Santa de Sevilla en 1994. Llegó de la mano de su "compadre" José Manuel Casado, quien guarda una gran relación con el director de la banda de las Tres Caídas de Triana, Julio Vera. Era Domingo de Ramos. La Hiniesta por la calle Feria y San Roque en la Puerta Osario. El cuerpo va calentándose. Después llegó la salida de la Amargura. Ya se va dando cuenta de que no es lo mismo esta Semana Santa que la de León, donde sale en la cofradía del Dulce Nombre de Jesús.

La constatación la tendría una hora y pico más tarde. El Amor por la calle Cuna. Aquéllo no tenía nada que ver con esa celebración "museística" de su tierra de residencia. Un año después saldría ya como nazareno en esta cofradía, la del cruficicado que tantas emociones le produjo en aquella ya lejana noche.

No iba a ser la única cuota que pagara. Su cuenta bancaria quedaría desde entonces abierta a esta "pasión desbordada". Después del Amor llegaría el Silencio -en la que también sale de nazareno- a la que define como "una cofradía del siglo XV". Se apuntó también a Santa Cruz, a los Servitas , al Gran Poder, y a una hermandad de gloria, la de Madre de Dios del Rosario, patrona de capataces y costaleros. Un currículum, por tanto, que más quisiera más de un aspirante a pregonero.

Pero sus vivencias en el ámbito cofradiero no se ciñen a los siete días que marca el calendario. Es todo un año visitando Sevilla para estar en los cultos de las hermandades, en los besamanos, en las múltiples salidas extraordinarias y hasta en los ensayos de costaleros.

Sólo hay que echar un vistazo a su agenda. Junto a las reuniones y viajes que marcan su vida laboral se encuentran las "escapadas" a Sevilla. Y cada vez que viene aquí por asuntos de trabajo siempre mira la sección de local del periódico para enterarse de qué se puede encontrar ese día en las hermandades.

En su comparación con la Semana Santa de León saca varias conclusiones "sociológicas". "Allí la Semana Santa -afirma- irrumpe de inmediato en la vida cotidiana de la ciudad. En cambio, Sevilla está diseñada todo el año para vivir la Semana Santa. Las catenarias, los carteles... todo está preparado para quitarse estos días". Y una frase que resume en las palabras de un forastero la más verdadera (aunque maltrata por el tópico) esencia de la capital andaluza: "La ciudad desde el barroco se ha diseñado alrededor de la Semana Santa".

Recuerda todavía el primer año en que salió de nazareno. "La emoción de cuando vas a tu tramo y nombran. Es uno de los momentos más especiales que he vivido". Pero no sólo de ruán vive este hombre. También le gusta una cofradía de capa, en su barrio a ser posible y con el izquierdo por delante. No se pierde nunca la Redención por la calle Santiago, los Gitanos en Sales y Ferrer, la Esperanza de Triana cuando pasa por Santa Ana -con consumición incluida en el bar de su amigo Pepe- y San Bernardo a la salida, "con el clamor de sus vecinos".

Por los años transcurridos desde su primera Semana Santa también se ha convertido en buen observador de los cambios producidos. Nota menos gente, sobre todo por la noche, y la cada vez más tardía entrada de algunas cofradías. Además -por poner alguna falta- observa que determinados nazarenos no cumplen "lo que verdaderamente es una estación de penitencia".

Su familia mientras, respeta esta pasión que no comparte. A sus hijas por ahora no les atraen ni el olor a incienso, ni el azahar ni la interminable lista de tópicos que se pueden seguir escribiendo. Eso sí, César lo tiene claro: "Espero que cambien con el tiempo". Una buena señal es que por ahora consienten que en la residencia de verano que tienen en Gijón se escuchen marchas procesionales y huela a incienso a las cinco de la tarde de un mes de agosto (con dvd cofradiero incorporado).

Por supuesto que al igual que hicieron en su día con él, César también ha ejercido de cicerone. Ha traído hasta Sevilla en estos días a decenas de personas. El resultado: "No he conocido a nadie que no se vaya de aquí sobrecogido". En su último viaje aprovechó para ver un ensayo de costaleros. Ahora cuenta los días para estar de vuelta. Momentos de impaciencia de un leonés que vino, vio y se hizo capillita.

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