El alcalde intenta arrastrar a Viera

  • Monteseirín se autoexcluye ante el congreso del PSOE de Sevilla para intentar forzar la salida del secretario general · El sector crítico busca lograr una cuota en la futura Ejecutiva · La dirección regional respalda a Viera

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Los conceptos oficiales son "renovación", "juventud" y "relevo". No hay otros. Pero, conociendo la singular historia del PSOE de Sevilla, una de las organizaciones políticas más complicadas de todo el mapa nacional, no es de extrañar que bajo estas hermosas palabras se oculten en realidad cuestiones bastante menos edificantes. Esencialmente: una encarnizada lucha a cara de perro por el poder provincial entre la actual dirección de los socialistas sevillanos, liderada por José Antonio Viera, y el llamado sector crítico que se ha ido formando, casi por aglomeración, por los antiguos caballistas (afines a José Caballos), algunos de los militantes cercanos al alcalde de la capital hispalense y ciertos miembros de la nueva generación de cargos socialistas, que reclaman su momento de gloria.

Monteseirín decidió ayer abrir el sendero hacia la batalla final -el congreso previsto para el mes de julio- al publicar en un diario nacional -El País- un artículo en el que se autoexcluía de cualquier cargo con vistas a la Ejecutiva del próximo cónclave provincial -ahora ocupa la presidencia provincial del partido, un cargo honorífico- y, al tiempo, -y aquí radicaba la verdadera carga de profundidad- animaba al secretario general, José Antonio Viera, a hacer lo mismo que él -irse- para dar paso a "nuevos liderazgos que emergen con la fuerza de la experiencia y la juventud".

Viera no contestó en todo el día. Pero si alguien albergaba alguna duda sobre el grado de espontaneidad de Monteseirín al hacer semejante invitación el discurrir de las horas posteriores borró cualquier desazón: al artículo del regidor, cuya publicación era conocida en su círculo de confianza, siguió una discreta sucesión de declaraciones -alguno hubiera preferido que éstas hubiera un alud, pero, en honor a la verdad, no fue así- de supuestos referentes socialistas apoyando dicho discurso. La táctica era de libro: simular una catedral con la solidez de las palabras. Esto es: buscar apoyos para aparentar cierto tamaño o masa crítica con la que forzar una cuota en la próxima Ejecutiva, que debería ser de integración. El primero que se manifestó en público a este respecto fue el concejal Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, vicesecretario del partido y político de confianza de Monteseirín. Su mensaje: todo el mundo en el partido apoyaría que Viera (igual que Monteseirín) no repitiera en el cargo.

¿Pero le ha pedido de verdad alguien al secretario general que no opte a la reelección? Lo cierto es que todavía no. Salvo Monteseirín, ningún otro notable militante socialista ha osado abrir este discurso de la renovación generacional, sustancialmente porque puede ser fácilmente extrapolado precisamente con lo que ocurre a nivel regional en el delicadísimo momento en el que Chaves tiene que gestionar su propia sucesión. No es que no sea necesario abordar esta cuestión, es que ahora acaso no convenga mucho.

Los supuestos apoyos que ayer logró la tesis de Monteseirín fueron, en todo caso, de índole relativa: además de Celis, con cuyo respaldo ya se contaba, salieron en su sustento la delegada municipal de Cultura, Isabel Montaño (nombrada para el cargo por el alcalde; no elegida por los ciudadanos), los alcaldes de El Viso, Montellano, Carrión y San Juan de Aznalfarache y los secretarios locales del PSOE en Arahal -Fernando Chaves, hermano del presidente de la Junta- y Utrera -Silvia Calzón-. Poco más. Y con matices. Y eso que algunos habían hecho en las semanas previas una serie de llamadas en busca de apoyos más expresos a la tesis de la renovación en el PSOE provincial. Ni salieron el alcalde de Alcalá de Guadaíra -Gutiérrez Limones, ahora portavoz en el Senado-, ni el de Dos Hermanas, ni el de La Rinconada ni el de Écija. Tampoco el de Mairena del Aljarafe. Ciudades medias con cierto peso en el seno del partido.

Tampoco dieron el paso adelante que reclama Monteseirín en su artículo conocidos líderes del citado sector crítico: ni Francisco Fernández, edil del PSOE; ni Paco Pérez Moreno, ex secretario de Organización, ni Evangelina Naranjo, consejera de Justicia de la Junta. Todos callaron. Un silencio más que elocuente. Similar a sus ausencias en consejos políticos previos. Dada la situación, alguien quiso poner un nombre sobre al mesa como futuro secretario general: el de Demetrio Pérez, delegado provincial de la Junta en Sevilla. Pérez, fiel a su estilo, que es discreto, estaba ayer centrado en lo institucional -aún debe ser ratificado en su cargo- y eludió confirmar si piensa encabezar una lista alternativa a la de Viera. Su nombre es el segundo que lanzan los críticos -cuyos portavoces siempre son anónimos- después de haber quemado previamente el de la consejera Naranjo.

Quien sí se manifestó fue Luis Pizarro, secretario de organización del PSOE andaluz, cuya posición marcará el congreso de Sevilla al igual que ya ocurriera en 2004, cuando Chaves decidió laminar a Caballos, ahora, paradójicamente, principal aliado de Viera en la lucha por conservar la dirección del partido. El hombre de confianza de Chaves en el PSOE andaluz marcó distancias con la opinión de Monteseirín -la descalificó en lo formal y en su contenido, al decir que era el juicio de uno de los 15.000 militantes que tiene el partido en la provincia- y respaldó con matices a Viera: "Tan sólo lleva cuatro años en el cargo [de secretario general] y ha hecho un buen trabajo", dijo.

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