Calle Rioja

La alianza del violín y el contrabajo

  • Transición. Dos meses después de su muerte, los antiguos militantes comunistas de Sevilla recuerdan a Carrillo en un homenaje al que asistieron su viuda y su hijo mayor.

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En 1949 se casó con Carmen Menéndez en París. En 1950 nació Santiago, el mayor de sus tres hijos. En 1952 nació Pepe y en 1953 Jorge. Parisinos a su pesar, son respectivamente profesor de Matemáticas en la Universidad Autónoma de Madrid, rector de la Universidad Complutense y empleado de Iberia. Carmen enviudó el 18 de septiembre de este año. La viuda de Santiago Carrillo Solares (1915-2012) y el mayor de sus tres hijos asistieron ayer al homenaje que se le rindió en Sevilla.

Sonaba por megafonía Paco Ibáñez, se vendían ejemplares de su libro Un testamento político, que presentaron en Madrid Miguel Herrero Rodríguez de Miñón, Raúl Morodo y Julián Ariza, que ayer participó en el homenaje junto a Eduardo Saborido y Fernando Soto, sindicalistas sevillanos que hace cuarenta años vivieron el proceso 1001.

Cuando venía a Sevilla, para Carrillo no había mejor hotel que la casa de Antonio Naranjo. Por eso fue este óptico macareno que se jubiló librero el que abrió el turno de intervenciones en el acto convocado en la Fundación Cajasol por la Asociación Memoria, Libertad y Cultura Democrática.

El Partido Comunista de Carrillo lo legalizó Adolfo Suárez el Sábado Santo de 1977 y se le recordó en un local que en esos tiempos acogía pregones de Semana Santa. La más sonada en la historia del Partido fue la de 1932, cuando Sevilla fue escenario del IV Congreso en el que salió elegido secretario general el sevillano Pepe Díaz. Los mismos días en los que la hermandad de la Estrella fue la única en procesionar.

En el diccionario de Carrillo hay palabras como reconciliación, "no hay ni vencedores ni vencidos", eurocomunismo o la alianza de las fuerzas de la cultura y el trabajo. Intuiciones como "dictadura, ni la del proletariado". Palabras que refutan el modelo estalinista con el que rompe en 1956, tras la invasión de Budapest por las tropas soviéticas.

Al acto asistieron tres de los ocho concejales comunistas del primer Ayuntamiento democrático: José Antonio Nieto, José Villa, que leyó el mensaje de Herrero Rodríguez de Miñón, y José Manuel Cervera. Éste cuenta en el texto que se repartió a los asistentes que en una reunión con Carrillo, a éste le llamó la atención el grosor del libro que leía el que fuera delegado de Tráfico. "Un libro muy gordo; deberías quedarte con el título, que es lo importante", le dijo Carrillo al leer el título de esa recopilación de discursos de Churchill: ¡No nos rendiremos jamás! Del actual Ayuntamiento fueron Antonio R. Torrijos y Mercedes de Pablos, que como Carrillo llegó a la política desde el periodismo.

En el escenario se colocó un ramo de flores en recuerdo de Belén Piniés, la inseparable secretaria de Carrillo cuando llega clandestinamente en 1976. El trío Bottesini, violín, viola y contrabajo, interpretó música de Morricone de la película Cinema Paradiso y La Internacional. Mientras cantaban la letra, alguno reflexionaría sobre las palabras de Carrillo al periodista Vicente Romero en entrevista para Informe Semanal de la que se vio un extracto: "El capitalismo se mundializa y globaliza, los movimientos progresistas se encierran en las fronteras".

"Me cuesta no emocionarme". Santiago Carrillo Menéndez, el primogénito, creció en el obligado destierro. En el caso de su padre, vida y obra se funden. "Se ha destacado la falta de dogmatismo de mi padre. Eso también era en casa. No había tabúes, ni adoctrinamientos, ni prohibiciones". Aquellos jóvenes vástagos leían ediciones francesas de Sholzenitsin, Bulgakov, Sajarov. "La visión crítica del socialismo real la hemos mamado desde pequeños, no hay una Iglesia o un Vaticano en lo nuestro. Todo es discutible. Y os aseguro que no era ésa la tónica en las casas de los dirigentes comunistas o poder ir a ver las películas del Oeste de John Ford o alguna que otra de James Bond".

El hijo mayor de Santiago Carrillo sufrió en sus carnes el dogmatismo de ese socialismo real. Las autoridades soviéticas estaban molestas porque Carrillo había dejado de veranear en sus balnearios prefiriendo la Costa Azul. El dirigente comunista les replicó que tenía familia y que sin ella que no lo esperasen. Su interlocutor soviético le dijo que en el Kremlin no era bien visto que un hijo de Carrillo saliera con una hija del disidente francés Roger Garaudy. "Era yo", admite el hijo matemático. Recordó un clásico del destierro. "El famoso brindis 'el año próximo en Madrid".

Siempre se negó Carrillo a hacer su Epitafio televisivo. "En ese de la eternidad tengo las cosas muy claras. Después de muerto no tengo nada que decir. Se van a acordar de mí mis nietos y no demasiado". Seis nietos se reparten su legado sentimental.

Condujo el homenaje el periodista Tom Martín Benítez. Acudieron militantes y sindicalistas y algunos de los alcaldes comunistas que ganaron las elecciones de 1979, como Francisco Pinto, alcalde de Camas hasta 1991, un montador de tanques de combate que tuvo a Carrillo en su localidad para un homenaje al Frente Sandinista. Excusaron su presencia Alfonso Guerra, que estaba de cumpleaños, y José Luis Centella, el nuevo Pepe Díaz, que no se encontraba muy católico.

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