crimen de las cuñadas

El juez imputa asesinato a los tres sospechosos del crimen de las cuñadas y rechaza el archivo

  • Rechaza la práctica de una rueda de reconocimiento con las dos acusadas porque entiende que “no hay duda alguna” de su identificación por los testigos protegidos.

Los tres sospechosos del 'crimen de las cuñadas' seguirán en prisión Los tres sospechosos del 'crimen de las cuñadas' seguirán en prisión

Los tres sospechosos del 'crimen de las cuñadas' seguirán en prisión

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El juez de refuerzo de Instrucción número 6 de Sevilla, José Ignacio Vilaplana, ha imputado un delito de asesinato a las hermanas Elena y Rosa N. S. y a Francisco Javier M. R. –pareja de la última- y ha rechazado el archivo de la causa contra ellos, en relación con el crimen de Anabel Deza Vázquez, que fue hallada muerta el 19 de abril de 2016 en su domicilio de La Rinconada, tras haber sido golpeada y apuñalada hasta en 61 ocasiones, una situación que la Fiscalía ha descrito como un “grave martirio” para la víctima.

Tras una comparecencia celebrada el pasado viernes, el instructor ha dictado un auto en el que acuerda la continuación del procedimiento por asesinato contra los tres acusados, que están en prisión provisional y que serán enjuiciados por un tribunal del jurado popular. En el auto, el magistrado sostiene que “no alberga duda alguna” sobre la identificación de las dos cuñadas realizada por los testigos protegidos, por lo que ha rechazado la práctica de una diligencia de reconocimiento en rueda de las imputadas, tal y como habían solicitado las defensas de Elena y Rosa N. S.

Según el juez, esta prueba no resulta “idónea ni necesaria” porque uno de los testigos protegidos manifestó “conocer personalmente y haber visto salir del domicilio a las dos cuñadas de Anabel, identificándolas perfectamente y distinguiendo, incluso con detalle, quién portaba un bolso y quién cerraba la puerta de la casa”, de modo que el juez “no alberga duda alguna sobre la identificación de las dos investigadas”, teniendo en cuenta que en todo caso la identificación plena por el testigo protegido deberá hacerse en el juicio.

Para el magistrado, los testigos ofrecen una “identificación clara y contundente” de los sospechosos, a los que conocían antes de suceder los hechos por ser vecinos de La Rinconada y frecuentar el domicilio de Anabel, por lo que “el riesgo de equivocación de los testigos protegidos no es deducible ni apreciable” y ese riesgo de confusión “no deja de constituir un alegato de defensa no corroborado ni tan siquiera por una versión exculpatoria explicada de forma coherente por los propios implicados”.

Además, el juez subraya que esa rueda de reconocimiento podría incluso “poner en riesgo la posible identificación” de los testigos protegidos por parte de los familiares y allegados de lo imputados “en las inmediaciones de la sede jurisdiccional”.

Sobre el relato de los hechos que ocurrieron en la vivienda de la víctima en la mañana del 19 de abril de 2016, el instructor precisa que los tres acusados se presentaron en el domicilio de Anabel, “con quien vendrían manteniendo desavenencias familiares desde largo tiempo, procediendo a agredirla violentamente, asestándole varias puñaladas en el cuerpo y golpeándola con violencia en la cabeza hasta causarle la muerte”.

Recuerda el magistrado, que varios testigos han relatado cómo aquella mañana pudieron escuchar gritos en el interior del domicilio del tenor siguiente: “¡socorro, socorro, que me matan, ayudadme, que me matan!”; y cómo inmediatamente después se dejaron de oír más gritos, saliendo a continuación de la casa los tres investigados.

El fiscal del caso, Gabriel Fernández, atribuyó el pasado viernes un delito de asesinato a los tres investigados, que siguen en prisión provisional, al considerar que en la muerte de Anabel Deza hubo alevosía y ensañamiento, así como las agravantes de abuso de superioridad y de discriminación.

El fiscal expuso que los tres imputados tenían con la fallecida “desavenencias familiares principalmente por la educación que Anabel estaba proporcionando a sus hijos fuera de las costumbres gitanas, al no pertenecer ella a dicha etnia” y sí su difunto marido, precisa el Ministerio Público.

Una vez en el interior, los tres investigados se abalanzaron sobre Anabel, “golpeándola violentamente en la cabeza y cuerpo con algún objeto contundente, llegando a utilizar un instrumento provisto de fil y punta que clavaron hasta en 61 ocasiones a la víctima”, lo que le ocasionó un “sufrimiento desmesurado” hasta lograr su objetivo, que “no era otro que causarle la muerte”. Anabel murió por los traumatismos craneoencefálicos múltiples que sufrió, asociado a un cuadro hemorrágico por las numerosas heridas infligidas en el cuello y tórax.

Según el fiscal, las cuñadas y el novio de una de ellas mataron a Anabel “de manera sorpresiva, sin darle oportunidad de defensa eficaz, asegurando la muerte sin riesgo para su personas y sabedores del grave martirio a la que la estaban sometiendo para lograr su propósito final de acabar con su vida”. Después, se marcharon del lugar en un Peugeot 206 que solía utilizar Francisco Javier.

En la comparecencia, los tres sospechosos se declararon “inocentes” de las acusaciones y sus defensas solicitaron la práctica de nuevas diligencias que el instructor ha rechazado.

El juez José Ignacio Vilaplana sí ha accedido a la práctica de las diligencias solicitadas por la Fiscalía, entre ellas que se reitere a la Guardia Civil que aporte los resultados de los informes periciales pendientes de practicar, y que se recaben las copias de “todas las denuncias, atestados o partes de intervención” en los que conste como denunciante Anabel Deza y como denunciados los tres sospechosos, a los que también ha solicitado que se hagan pruebas periciales para ver si padecen alguna enfermedad o trastorno mental o de la personalidad.

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