calle rioja

Una ausencia en el 'Miserere'

  • En la muerte de José Enrique Ayarra. El fallecido organista del templo metropolitano iba a asistir al 'Miserere' del próximo sábado de Pasión, dirigido por Juan Rodríguez Romero

El coro de la Catedral, ayer durante el funeral por el eterno descanso de Ayarra. El coro de la Catedral, ayer durante el funeral por el eterno descanso de Ayarra.

El coro de la Catedral, ayer durante el funeral por el eterno descanso de Ayarra. / josé ángel garcía

Cojo el 37 en el Prado de San Sebastián camino de Manuel Siurot y me quedo en ese número, el 37, la terminación del año en el que nació, 23 de abril, José Enrique Ayarra. Sólo faltó la música de órgano en su funeral. Uno de esos momentos difíciles de olvidar en la retina de quien lo vivió. La Giganta, como llama don Quijote a la Giralda, es una metáfora del gigante a quien estaba dedicado el funeral. Tenía una visión renacentista de la música, y quizás por ello eran tantas las disciplincas artísticas e intelectuales que se habían dado cita en la hora del adiós. No es difícil imaginárselo a José Enrique Ayarra hablando de los más diferentes asuntos con algunas de las personas que fueron a su funeral: de los rituales de la cuaresma con el periodista Antonio Burgos, un pregonero de la Semana Santa en la misa por quien murió el Domingo de Pregón; de los misterios de la Catedral con los arquitectos Rafael Manzano o Ramón Queiro o con el medievalista Rafael Cómez, autor del clásico Los constructores de la Edad Media; de la Sevilla napoleónica y sus novedades musicales con el historiador Manuel Moreno Alonso, sabio de Alájar; de sus numerosos compromisos al otro lado del Atlántico con la americanista Enriqueta Vila; de las paradojas del turismo para viajero tan infatigable con Juan Robles, su vecino de Álvarez Quintero; de lo bien que sonaba el órgano de la catedral de Londres con Joe Cooper, el cónsul británico que es seguidor del Manchester United pero disfrutó de la derrota de su equipo por el triunfo del equipo de su hijo sevillista.

Joaquín de la Peña siempre lo asociará con la Capilla de la Antigua, donde Ayarra daba misa todos los días a las ocho y cuarto de la mañana "para un grupo de fieles que le eran incondicionales". Rafael Manzano saludó a Juan José Asenjo y se excusó de un compromiso posterior porque hoy tiene que viajar con una hija hasta Chicago. En la capital de los rascacielos, en la ciudad donde tiene su estudio César Pelli, el autor de la Torre Sevilla, este arquitecto recibirá un prestigioso premio internacional.

Un improvisado claustro de eminencias se formó en el funeral por el organista jacetano

Entre Jaca y Sanlúcar de Barrameda, de los Pirineos a la desembocadura del Guadalquivir, hay un nexo de afectos y de recíproca admiración. El organista Ayarra le había dicho a Juan Rodríguez Romero, el catedrático de Piano de Sanlúcar que dirige la Mozarteum, que el próximo sábado acudiría a la Catedral para escuchar el Miserere que dirigirá el músico sanluqueño. Le faltaron seis días. El rito de todas las Semanas Santas. Este año todo llega antes desde que el Miércoles de Ceniza coincidió con el Día de los Enamorados. Ayer entró la primavera en Sevilla con música de réquiem. Ayarra habría cumplido 81 años el próximo 23 de abril, que además de Día del Libro este año coincide con el lunes de resaca. El año de los días múltiples, podríamos titular este viaje por el tiempo duplicado.

En la calle la música era de obras, de atascos, de grupos de turistas por Hernando Colón. Al viajero le queda un viaje en el bonobús y lo aprovecha en el 37. Los arquitectos, la americanista y el medievalista salen por la puerta de San Miguel, justo frente a la plaza del Cabildo donde vivía el organista Ayarra. En cinco meses, han muerto trece sacerdotes de la archidiócesis. Ayarra prestó sus manos muchas veces para el ritual del día después, barco de música para el penúltimo trayecto. En los bancos del Altar Mayor estaba Francisco García Chaparro, antiguo fraile capuchino que ahora tiene un taller de barro y cerámica en la calle Relator. Ayarra también era un artesano de los sonidos. Hacía catedrales con las manos, como los alarifes del libro de Rafael Cómez, oficio en desuso con el que Rafael Manzano bautizó una caseta de Feria. La vida sigue. La primavera se consagra con Bach por sevillanas.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios