La aventura oriental de Axel

  • La aventura asiática de este joven comenzó hace cinco años, cuando marchó a Japón a hacer unas prácticas y, a su regreso, comenzó a estudiar chino en la UPO. Un lustro después participa en la expansión de una firma sevillana en "la fábrica del mundo"

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EL mundo está cambiando por China. Lo que vas a encontrarte cada mañana es una incógnita. Las ciudades cambian cada mes lo que aquí en dos años". Con sólo 26 años, los sueños de Axel Valdivieso pasan en exclusiva por la expansión asiática de la empresa sevillana Iturri, que se encarga de la venta de uniformes de trabajo para profesionales de diferentes sectores. Su pasión oriental comenzó hace ya algunos años cuando, en plenos estudios de administración de empresas en la Universidad Pablo de Olavide, decidió hacer un año de prácticas en Tokio. "Es un país para retirarse". A su vuelta a Sevilla, ya con la idea de volver a aquella parte del mundo, Axel comenzó a estudiar la lengua china. "Contrataron un profesor nativo y me apunté". Dos años después, "en una conversación", le surgió la oportunidad de marcharse a China, a trabajar en la expansión de la compañía de origen hispalense. "Envié el curriculum y como tenían problemas para encontrar a gente, me escogieron. Tras el período de formación, Axel emprendió su aventura laboral en el gigante asiático, que resume en la sede de Diario de Sevilla: "China es el país más interesante para los negocios. Ahora mismo estoy totalmente comprometido en la expansión en Bangladesh, Tailandia, Camboya y Pakistán. Allí compramos materia prima, pero también será mercado. Estamos muy contentos".

Pero los comienzos no fueron fáciles. Con una compañera marroquí, Axel marchó a una remota localidad minera del norte de China, de nombre Ghijiazhuan. "El director del banco no había visto a un extranjero en su vida y no sabía cambiar las monedas". Allí sufrió especialmente las malas condiciones ambientales y se sorprendió al ver a tanta gente montada en sidecar. Su siguiente escala fue la bella Hangzhou antes de recalar en la costa este del país, en una ciudad de 14 millones de personas que se llama Guangzhou.

Comunicarse con los naturales del país sigue siendo una asignatura pendiente para este joven, que asegura tener mil anécdotas. "Nadie habla inglés aquí y, encima, en el sur la gente habla cantonés y no mandarín, por lo que lo que vas aprendiendo no te sirve". Pero lo peor de todo son las operaciones comerciales: "Hay un choque cultural muy grande, son totalmente diferentes. Cuando tratamos de vender algo, hemos tenido muchas confusiones porque tienden a decirte, por educación, que sí a todo, lo que no significa que te vayan a comprar. Llevo tarjetas con la palabra china del producto que quiero. Ir en taxi es otra odisea".

Su tiempo libre es escaso. Largas jornadas laborales, continuos viajes por el sudeste asiático y uno o dos días de descanso al mes, que Axel acepta con naturalidad. Incluso su forma de trabajar es muy china: "Coloco en la pared la lista de objetivos de la semana". Pero Sevilla está presente en su tiempo libre: "Quedamos para comer y charlar con nuestros vecinos, que también son de Sevilla".

Natural del barrio de Los Remedios, sus padres viven hoy en El Porvenir. Reconoce las bondades de la vida de Sevilla, pero no ofrece fisura alguna a la nostalgia por retornar. "Aquí aprovecho para recargar pilas, porque el ritmo es completamente diferente". ¿Cuál es el primer deseo del hombre de negocios al regresar a su tierra natal? "Llamo a mi hermano, que es cocinero, para que compre los ingredientes para un buen chuletón". La comida es una de las cosas que más echa de menos. "En China los platos son muy pesados, llenos de especias. Mucho más que los restaurantes chinos de España". Pero la solución a este mal llega en forma de un salvífico remedio del sur. "Yo le llevo siempre al cocinero una botellita de aceite de oliva y otra de vinagre para que me cocine con ellos".

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