puntadas con hilo

Los 32 baches de Cuna y otros parches

  • La llegada de las fiestas primaverales ha centrado aún más la agenda del gobierno de Zoido en rutas gastronómicas y cuestiones accesorias, y la ciudad difícilmente aguanta ya más remiendos.

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EL gobierno de Juan Ignacio Zoido suele responder en muchas ocasiones a los ataques de la oposición, todavía tibios, con números, balances de actuaciones, multas y expedientes abiertos con los que intenta demostrar que sí que se están haciendo cosas en Sevilla. Las que se puede hacer, aunque sean pequeñas. Y basta con centrarse en esas pequeñas cifras para ver con otros ojos esa realidad. Un ejemplo: en la calle Cuna, en pleno corazón de la ciudad, hay 32 baches parcheados que convierten el paseo por este cardo maximus de la capital en una experiencia senderista por la sierra norte. Y no es exagerado, el número lo aporta en su informe el propio Defensor del Ciudadano que, alejado de los despachos, suele patearse la ciudad. Y si en Cuna son 32, extrapolando tampoco se traspasarían mucho los límites de la verdad si se compara una ruta en coche por Sevilla con un viaje en la montaña rusa.

La ciudad vive a golpe de parche, ni siquiera a golpe de efecto, que siempre ha sido uno de los fuertes del alcalde. Zoido, siguiendo con los números, pasa casi semanalmente el parte de las multas a gorrillas. Pero éstos siguen repartidos por las calles de la ciudad. Y, aunque con menos frecuencia, saca a relucir las actuaciones contra la prostitución, que tampoco se ha erradicado, y los asentamientos chabolistas, indigentes que van mudando sus bártulos de orilla a orilla como si fuese un juego.

A nadie con dos dedos de frente se le pasa por alto que el cometido es difícil. Sí. Pero el alcalde acostumbró a la ciudadanía a pensar que nada es imposible. Era su lema de campaña, impreso en camisetas. Y hoy pocos sevillanos mantienen la esperanza de ver otra Sevilla posible, la de las oportunidades para todos, en un plazo inferior a dos años.

Muchos en la Plaza Nueva deberían estar tensos. Más que por el trabajo de la oposición, por los escasos resultados de un gobierno que cree demasiado en la micropolítica y las buenas intenciones.

Hace semanas que el equipo de Zoido parece inmerso en un impasse primaveral incomprensible. Algunos tienen la convicción de que los sevillanos en esta época festiva -también en Navidad- quiere olvidarse un poco de sus problemas y disfrutar de la belleza y la alegría de la ciudad. Y quizás por eso, y también porque la actualidad ha puesto en foco en los tribunales y los escándalos del PSOE que sólo pueden beneficiar al PP, el gobierno local cree que éste no es el momento de sacar toda su artillería. Lo malo es que no sea simplemente una cuestión estratégica, sino que realmente no haya artillería que sacar ni ahora ni dentro de un año ni de dos. Ni tampoco creatividad para sortear esta crisis, que también parece ser de ideas. El Ayuntamiento trabajó intensamente durante una semana en Madrid con motivo de la feria internacional del turismo, Fitur. Y ahora se sabe que la mayor promoción turística cerrada con Amsterdam ha sido un sorteo de un viaje para dos holandeses a la Feria de abril para aquel que conozca alguna película donde salga Sevilla. En Holanda vinculan a la capital con el noviazgo de sus príncipes, que se conocieron en el real. ¿Y ésa es la imagen que se quiere dar fuera?

Ya ha empezado la temporada taurina en la Maestranza y esta semana al gobierno local le ha tocado hablar de toros y de tapas de rabo estofado. Se apagó el inciensario y ya huele a Feria. El concejal Beltrán Pérez tuvo ayer el capote en la mano en una clase taurina en la Plaza del Salvador. Curiosa iniciativa. El edil es un artista: tres verónicas y una media.

Es más que probable que el gobierno esté trabajando en otras líneas, pues hay mucho por lidiar. El problema es que lo único que trasciende es demasiado anecdótico.

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