Calle Rioja

Los caftanes harán furor en Feria

  • Diseñadoras marroquíes y de moda flamenca comparten jornadas con Ángeles Espinar y con Lina que rematan hoy con un desfile con té en la Fundación Tres Culturas.

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ALina le gusta el caftán, traje típico de Marruecos, porque "se nota la mano mucho más que la máquina". La diseñadora, a sus 81 años, dio lo que en el argot universitario llamarían una lección magistral. Una apasionante charla teórica como prólogo del desfile de trajes de diseñadoras andaluzas y marroquíes que tendrá lugar esta tarde, con un té en el descanso, en la Fundación Tres Culturas, el pabellón de Marruecos de aquella Feria de abril del 92 que duró seis meses.

Tres Culturas en el sentido más literal del término. Como no funcionaba el traductor de francés para la media docena de diseñadoras procedentes de Marruecos, participantes en este proyecto Mere (Cooperación Transfronteriza entre Mujeres Empresarias de las Regiones del Estrecho), la pregunta que Fátima formuló en árabe moderno la tradujo directamente una intérprete voluntaria. Catalina Bejarano moderó el encuentro con Lina y le preguntó que en su trabajo "cuánto hay de conocimiento innato y cuánto de aprendizaje".

"Cuando vino John Galiano a mi taller a ver las batas de cola, me preguntó que cuál era mi inspiración. Yo le devolví la pregunta. ¿Y la tuya? Me dijo que los viajes. Cuando yo empecé, con seis niños, no podía ir a ningún sitio. Pero además no me gusta viajar. Me inspira mucho la música". La maldita palabra suena mucho mejor en otro contexto. "Empecé con mi cajita de recortes, me hacía mis muñecas". Se inició con su inventario de sacramentos: batones de cristianar para bautizos, trajes de comunión, de novia. "Pero a mí lo que me gustaba hacer era ropa de artistas".

Y contó cómo Lola Flores le encargó una bata de cola. "Le pedí las medidas y me las quería dar por teléfono". Imposible. Las manos de Lina tienen que trabajar para resaltar pecho y cintura, para dar libertad a los brazos en el baile por sevillanas. "Cuando empezó Rocío Jurado, mi marido y yo llegamos a tiempo de darle por la ventanilla del tren, en la estación de Cádiz, el traje que nos había encargado".

Aires de Feria en Sevilla. Y a finales de abril se celebra en Marraquech el encuentro anual de diseñadores de caftán. Allí estarán Guitta Laskrouif, Najia Mountassif, Sara Najah, Meyem Boussikouk, con su taller de costura en Casablanca, y, entre las dos aguas culturales del Estrecho, la melillense Nadia Abdecelem.

El intercambio lo protagonizan con ocho diseñadoras de moda flamenca y cuatro firmas de complementos. Además de esta lección magistral de Lina, el jueves vieron en Villamanrique de la Condesa los bordados y mantones de Manila de Ángeles Espinar. Dos catedráticas que fueron juntas a París. En el caso de Lina, se sigue considerando una adicta a la costura. Ha delegado en dos se sus hijas, una con el taller, otra con las relaciones públicas, pero sigue acudiendo a diario.

"No apurarse nunca por nada, no compensa", les dice a estas jóvenes colegas que pretenden salir adelante en tiempos complicados. Como los que se debió encontrar Lina cuando empezó. "Yo quería aprender y era la chica de los recados". No había proyectos ni intercambios. "Evolucionamos sin fijarnos en nadie". Tres generaciones lo atestiguan. Citó una clientela con pedigrí genealógico. "La duquesa de Alba, su hija, su nuera y su nieta". Ya huele a Feria en Sevilla y en Tetuán.

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