Carlos rico Motos. profesor de ciencias políticas en la universidad pablo de olavide

"La calidad de los representantes depende mucho de la de los representados"

  • Su investigación sobre la crisis de la representación política ha merecido el premio del Congreso de los Diputados a la mejor tesis doctoral en Ciencias Políticas y Sociología

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Carlos Rico está acodado en la barra del bar Europa. Toma una infusión de manzanilla y el plumilla, tras los saludos de rigor, se pide una copa de Alfonso (es importante que cada gremio mantenga sus propias tradiciones). Pronto queda claro que este profesor de la Pablo de Olavide nacido en Granada, y que llegó por primera vez a Sevilla cuando a su madre la destinaron a la Expo 92, es otro ejemplo (uno más) de esa nueva hornada de universitarios a la que los recortes y la crisis han condenado a vivir en una permanente inseguridad sobre su futuro más inmediato. Pese a haber sido merecedor de un premio del Congreso de los Diputados, a estas alturas aún no sabe si el año que viene tendrá o no contrato. Hay algo que llama poderosamente la atención de su currículum: al contrario que la gran mayoría de los profesores universitarios españoles, Carlos Rico no ha dedicado todos sus años a hacer carrera académica. También tuvo tiempo y probar el periodismo en El País y de trabajar en las entrañas de la Moncloa cuando hizo de asesor en el gabinete del Secretario de Estado de Asuntos Constitucionales y Parlamentarios del Ministerio de la Presidencia, allá por los ya lejanos años del presidente Rodríguez Zapatero. Cuando habla de políticos y periodistas lo hace, desde luego, con conocimiento de causa.

-A muchos ciudadanos nos da la impresión de que el debate parlamentario sirve más bien para poco, de que es una mera puesta en escena con pocos resultados prácticos. 

-El debate parlamentario son muchas cosas. Hay una parte que coincide con lo que usted dice, en la que realmente hay mucho de escenificación, de hablar de cara a la galería. Pero en el Parlamento suceden muchas más cosas que no siempre acaban reflejadas en los medios de comunicación. La mayoría de los debates legislativos se producen a puerta cerrada o en los pasillos y es precisamente en esos ambientes donde se da un debate más constructivo y se producen cambios en las posiciones de los políticos.

-Pero todos esos acuerdos de pasillo no son transparentes, no permiten al ciudadano saber cuál es la verdadera posición de los políticos… ¿No se produce ahí un déficit democrático?

-Los políticos hablan de forma muy diferente cuando saben que están siendo observados a cuando no tienen la presión del público. Un representante tiene muchas obligaciones: con sus representados, con su partido, con su conciencia… Cuando le quitan el foco público, el diputado debate tranquilamente con su interlocutor y puede permitirse el ceder posiciones para llegar a acuerdos, que en el fondo es lo que deseamos los representados. No sé si esto es más o menos democrático, pero sí sé que es más real. Los ciudadanos somos muy contradictorios cuando hablamos de política, porque queremos que los políticos se mantengan fieles a lo que le hemos mandado, pero al mismo tiempo les exigimos que reaccionen si las circunstancias cambian.

-Los debates parlamentarios que vemos en televisión son casi monólogos, auténticos diálogos de sordos.

-Eso suele pasar en los debates de política general, del estado de la nación o de control del gobierno, porque son intervenciones agonistas, de enfrentamiento. El político intenta vencer porque sabe que está siendo observado. Pero si nos metemos en la labor legislativa, que como decíamos se da más a puerta cerrada, observaremos más diálogo, más deliberación y cambios de posturas.

-¿Conoce usted algún caso de la historia universal en el que un parlamentario le haya dado la razón al oponente?

-Alguno debe de haber… Eso depende de cada parlamento. Hay dinámicas como la española que son de mucha confrontación, porque el diputado piensa que un cambio de posición no sería bien valorado por su electorado, lo cual nos lleva a reflexionar sobre si la culpa es sólo del representante o si también alcanza al representado. Pero hay otras dinámicas, como la sueca o la estadounidense, en las que distintas circunstancias hacen que el diputado no tenga una estricta disciplina partidista y que el representado pueda valorar los cambios de posición. Al Parlamento sueco los representantes acuden de una forma muy constructiva y antes que nada intentan demostrar rigor técnico, por lo que se ve como algo respetable el que se le concedan puntos a un rival que ha argumentado bien su posición. En este asunto, la cultura política de un país es el factor más condicionante.

-Quizás en España falte bastante el sentido del humor, algo que se ve con más frecuencia en el Parlamento británico.

-Tenga usted en cuenta que el Parlamento británico es la madre de muchos parlamentos. Allí existe una cultura de debate muy arraigada, en la que la ironía es un uso bien valorado tanto por los parlamentarios como por el público al que se dirigen.

-¿Y el italiano? Aunque parezca un tópico, quizás sea el más pasional de todos.

-El Parlamento italiano tiene mucho poder, pero su cultura política mediterránea es bastante parecida a la española, con un gran uso de la confrontación, de la descalificación…

-Alguna torta se han dado sus italianas señorías…

-Sí, ha habido algún zarandeo, algo a lo que no hemos llegado todavía aquí.

-¿Cómo influyen las listas cerradas en esta ausencia de auténtico debate parlamentario público?

-Las listas cerradas tienen un efecto muy claro: la lealtad del diputado es a su partido y no a su electorado. En el momento en el que un parlamentario le debe su escaño a la élite de un partido va a tener muy difícil llevarle la contraria. Sin embargo, si la lista es abierta y es el propio elector el que lo premia o castiga dependiendo de sus posicionamientos el juego de lealtades cambia.

-Le voy a pedir que se moje. Dígame políticos españoles actuales que le parezcan buenos parlamentarios.

-Depende de lo que entendamos por buen parlamentario. Si hacemos una analogía entre buen parlamentario y buen orador teníamos hasta hace poco a Rubalcaba, Rajoy, Durán y Lleida… Pero no deberíamos quedarnos sólo con la retórica. El buen parlamentario es también el que sabe llegar a consensos, el que hace una labor invisible para el gran público.

-La parte aburrida del parlamentarismo…

-Nosotros somos muy críticos con los representantes y tenemos razones para serlo. Pero también es verdad que a nosotros, como ciudadanos, no nos interesa la política hasta el detalle de ver un debate sobre la ley de costas. Los propios periodistas que entrevisté para hacer mi tesis doctoral reconocían que, a la hora de dar información sobre el Parlamento, se quedaban con lo más espectacular…

-… Con el titular.

-Sí, con el titular, la confrontación, la lucha, la frase ingeniosa… Pero no con lo otro, con el trabajo técnico.

-¿Y cuáles son esos buenos parlamentarios que no son piquitos de oro?

-No son los primeras espadas, ni gente popular. Todos los grupos políticos suelen tener a sus fontaneros, a sus expertos en las distintas ramas que son capaces de ponerse de acuerdo cuando hace falta. Pero esos parlamentarios no son los que luego dan la cara, porque otra de las características del Parlamento español es que hay muy pocas individualidades, sólo están los portavoces o los líderes, todos los demás están en un segundo plano. Esto, por ejemplo, no pasa en el Congreso norteamericano.

-Usted estudió la IX legislatura española, la segunda del presidente Rodríguez Zapatero, entre 2008 y 2011, en la que se dio aquello que se denominó la "geometría variable".

-La inexistencia de mayoría absoluta es importante para que la labor parlamentaria juegue un papel fundamental, para que exista diálogo y transacción. En la IX legislatura se dio, además, la novedad de que el grupo mayoritario, el socialista, optó por no llegar a un acuerdo de legislatura, sino que prefirió ir pactando puntualmente con cada grupo parlamentario en atención a la materia. Por eso me interesó, por el juego parlamentario que propició. El 80% (96/120) de los proyectos de ley elaborados por el Gobierno fueron enmendados tras la tramitación en el Congreso de los Diputados, lo que muestra que la cámara baja mantuvo una actividad importante en materia legislativa en esa legislatura. Además, el 61% de las leyes fueron aprobadas con consensos muy superiores a los estrictamente necesarios.

-El problema de los acuerdos es que, muchas veces, la gente los ve más como una debilidad que como una fortaleza.

-La española no es una cultura especialmente proclive al acuerdo y a la transacción. Como ciudadanos debemos ver hasta qué punto le exigimos a nuestros representantes cosas que no nos pueden dar. Por un lado queremos que se mantengan firmes en sus convicciones, pero por otro le exigimos que lleguen a acuerdos. Hagan lo que hagan los representantes siempre van a defraudar a un sector de su electorado.

-Los parlamentos tal como los conocemos son unas instituciones que nacieron en el siglo XVIII. Todavía hoy se exige la presencia física en el foro y el debate se basa casi exclusivamente en la oralidad. ¿Va eso a cambiar con la revolución tecnológica que estamos viviendo?

-Creo que hay elementos del Parlamento que siguen teniendo importancia aunque ya no sean prácticos: elementos simbólicos, emocionales, de identificación… El Parlamento es un sitio donde podemos visualizar la representación política. Es verdad que la función legislativa necesitaría innovaciones y los cambios tecnológicos pueden ayudar. Por ejemplo, ya se está debatiendo por qué tiene que haber presencia física para emitir el voto y se han realizado experimentos para que éste se pueda ejercer en casos justificados, como las bajas de maternidad, etcétera. Los parlamentarios podrían estar en sus circunscripciones y participar en los debates a través de los medios digitales y también se podría incorporar a la ciudadanía a estas deliberaciones. Podríamos conservar la parte más simbólica y emocional del Parlamento, pero mejorar su funcionamiento.

-Quizás el problema del Parlamento Europeo sea la falta de esa conexión simbólica y emotiva con la ciudadanía.

-Europa es un crisol de muchas naciones que se ha ido construyendo poco a poco y no partiendo de una unidad emocional. Su soberanía se ha ido elaborando con pequeñas porciones de otras soberanías, con lo cual es difícil que el ciudadano italiano o francés se sienta representando por un Parlamento que no siente como el suyo natural. Sin embargo, las campañas europeas son cada vez más transnacionales. Se vio hace poco cuando Rajoy o Pablo Iglesias fueron a Grecia a apoyar a sus candidatos afines. Si se van creando poco a poco vínculos emocionales es más probable que veamos al Parlamento Europeo como algo propio.

-Su tesis se titula Democracia deliberativa y crisis de la representación política. Solemos atribuir la impugnación que está haciendo la sociedad española a los políticos a la crisis económica y a la corrupción, pero debe haber elementos más profundos…

-Es complicado hablar de la crisis de la representación sin entender muy bien qué significa representación política. Normalmente nos fijamos en los representantes (lo mal que lo hacen, que no cumplen…), pero no vemos que la representación es una relación dialéctica, dinámica. Volvemos a lo de antes: queremos que los representantes cumplan con nuestros intereses, pero también con el general; con los del territorio, pero también con los del nacional… Es muy difícil que el representante pueda satisfacer todas las exigencias al mismo tiempo, porque continuamente tiene que optar por alguna de las interpretaciones de la representación. La calidad de los representantes que tenemos depende mucho de la calidad de los representados. Es decir, del nivel cívico y de exigencia que la sociedad le impone. Está bien quejarse del bajo nivel de la representación, pero no solucionaremos el problema si no vemos que esos políticos no hacen más que reproducir males sociales.

-¿Pero algo malo habrán hecho los políticos?

-Sí. Evidentemente los ciudadanos no tenemos la culpa de que la clase política se haya sentido impune para hacer y deshacer y que hayan controlado todos los órganos técnicos de decisión… Pero hay muchos políticos que salen reelegidos y que están implicados en casos de corrupción… Hay ciertos aspectos de la política que tienen que ver con el nivel ético y cultural de una sociedad.

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