"No hay ningún calificativo para la pérdida de un hijo"

  • Juan Cortés no encuentra palabras para definir el estado en el que se halla tras la trágica muerte de su hija

"Si a mí se me muere mi madre, me quedo huérfano. Si se muere mi mujer, seré viudo. Pero si se muere un hijo... No hay calificativos para la pérdida de un hijo". Juan Cortés hacía esta reflexión ayer a las puertas del tanatorio de San Jerónimo, mientras dentro le hacían la autopsia al cuerpo de su hija. No hay palabras para designar a la persona que pierde un hijo. Es algo antinatural, para lo que ninguna persona puede prepararse. Juan busca la palabra, pero no la encuentra. Se emociona, pero se sobrepone. Atiende a los medios de comunicación, aunque el goteo de periodistas dura toda la mañana y llega un momento en el que confiesa estar algo cansado.

También llegan amigos y allegados. La familia permanece a las puertas del tanatorio. No hay sala para ellos porque están a la espera de que termine la autopsia para marcharse a Dos Hermanas. Besos, abrazos y llantos. La prensa aguarda en la acera de enfrente, resguardada del sol bajo un enorme árbol. La familia ha facilitado una fotografía de Rocío Cortés a quien quiera publicarla. Es una imagen de la boda de la joven, celebrada hace dos años, en la que se le ve radiante, tocada con una corona y con una sonrisa que brilla casi tanto como sus enormes pendientes.

"Era la alegría de mi casa, mi cascabel, estaba en la flor de la vida, con 25 años, lo normal habría sido que me enterrara ella a mí", decía el padre, que el domingo celebraba el nacimiento de su nieta y lloraba la muerte de su hija. "Tengo siete hijos, pero ella era muy especial... ¿qué dedo me corto?", se preguntaba, como si alguien le hubiera dado a elegir entre sus hijos.

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