De la calle San Gregorio a La Haya

  • Amigos y discípulos arropan a la familia en el emocionado adiós a Carrillo Salcedo. Marcelino Oreja y Mayor Zaragoza asistieron al funeral del catedrático de Internacional.

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Carmen, la mayor de sus ocho nietos, no se separó un momento de su abuela, Matilde Donaire. El cortejo fúnebre con los restos de Juan Antonio Carrillo Salcedo entró al cementerio de San Fernando y se desvió por la calle San Justo. No podía ser otra para quien tuvo una idea tan alta de la justicia. En el funeral, uno de los oficiantes leyó el pasaje de las bienaventuranzas. Todos se sentían bienaventurados de haberlo conocido.

El abuelo ha tenido que ser muy importante, pensaría su nieta. Allí se dieron cita personas que han presidido el Parlamento de Andalucía, el Tribunal Constitucional, la Junta de Andalucía, que han sido ministros, alcaldes, rectores de Universidad, presidentes de Academias, comisario de la Expo, presidente de la Unesco, teniente de hermano mayor de la Maestranza. Y gente anónima.

Francisco Sánchez cogió el 10 en la parada del hotel Macarena y se bajó del autobús en la de San Lázaro. Iba a darle el último adiós a su amigo Juan Antonio. "Yo nací en Sevilla, en la calle Orfila, pero a mi padre, que era mecánico de aviación, lo destinaron a Morón. Allí coincidí en el bachillerato con Juan Antonio en el colegio Hispania. Hace cuatro días me mandó un e-mail en el que me decía que había salido del hospital Macarena".

El ausente se cruzaba por las vidas de todos los presentes. Marcelino Oreja, ex ministro de Asuntos Exteriores, lo conoció hace 55 años en La Haya. "Cuando lo conocí Juan Antonio tenía 21 años y yo 15". Antonio Miguel Bernal, catedrático de Historia Económica, no se fue tan lejos. "Él venía del colegio mayor Hernando Colón a una pensión en la calle San Gregorio en la que estábamos estudiantes de Morón, de El Coronil, de Arahal. Vino para terminar la tesis doctoral, que se la pasaba a máquina mi hermano Manolo. Nos llevaba al cine, nos descubrió el teatro de Alejandro Casona y nos hizo leer La muerte de un viajante. Ya era novio de Matilde. Nosotros éramos bastante más jóvenes y nos volvían locas dos chicas guapísimas que vivían enfrente. Una de ellas, con el tiempo, sería novelista y escribió la novela El Sur que llevó al cine Víctor Erice".

El saludo cordial entre los alcaldes Luis Uruñuela y Juan Ignacio Zoido, 34 años de municipalismo democrático, condensaban el tiempo vivido en Sevilla por Carrillo Salcedo cuando volvió de foguearse en Madrid, Granada y foros europeos. "Fue profesor de mi hija María José", recordaba Uruñuela. A Juan XXIII le llamaba "San Juan XXIII". Lo contó al final del funeral uno de los sacerdotes que mejor lo conocía. Joaquín Lozano es párroco en Santiponce. "Hemos estado veraneando juntos durante cuarenta años en la playa de Rota". El especialista en Relaciones Internacionales tuvo la cuna en Morón y el paraíso en Rota. Entre las dos bases aéreas norteamericanas.

Serenos y destrozados. Orgullosos de su padre, los cuatro hijos arropaban a su madre: Juan Antonio, Pedro, María del Mar, que es cantante en Granada, y Rosario, colaboradora en el Instituto Cervantes de Atenas. El internacionalismo es en esta familia la máxima paulina de que nada humano les resulta ajeno. "Tengo el mismo desamparo que el día que enterramos a Mesa Garrido, a quien por cierto Juan Antonio le hizo un bellísimo obituario", decía Manuel Álvarez Fuentes.

Ayer recordaban al maestro que les habló por primera vez de Ho Chi Minh. Miguel Florencio, el rector que lo nombró en 2005 comisario del quinto centenario de la Universidad, ha vuelto a sus clases de Matemáticas y ayer evocó aquellos fastos impregnados de la personalidad del sabio de Morón. La institución sigue siendo de Ciencias, el timón lo lleva un profesor de Físicas, Antonio Ramírez de Arellano, que colaboró con Carrillo Salcedo en aquel centenario cuando dirigía el Citius. Junto a ellos, el ex rector Javier Pérez Royo, que con Carrillo Salcedo, Losada Villasante o Caballero Bonald formó el Foro Siglo XXI que formó el ex presidente Chaves.

Despojados de su atuendo institucional, allí estaban los amigos: Manuel Clavero, acompañado por Guadalupe, su esposa, y Antonio Merchant, decano de Derecho; Federico Mayor Zaragoza, que compartió la aventura universitaria de Granada; los consejeros Antonio Ávila y Emilio de Llera; José Joaquín Gallardo, que pierde a un distinguido colegiado; Manuel Olivencia y Miguel Sánchez Montes de Oca; Javier Benjumea, que lo tuvo en la fundación Focus-Abengoa; Alfredo Flores; Jaime Rodríguez Sacristán, cuya familia intercambiaba en verano visitas ad liminam con la de Carrillo; Juan Manuel Albendea, que lo recordaba como jurado de los premios de novela del Banco de Bilbao; los portavoces municipales Juan Espadas y Juan Bueno; Ángel López, que presidió una institución, el Parlamento de Andalucía, que envió una corona; Enriqueta Vila y su compaña de académicos: Rogelio Reyes, Javier Lasarte, Ramón Luis Serrera, Rafael Valencia; sus discípulos José Villa y Elisa Pérez Vera, ella de un Tribunal Constitucional que presidió Guillermo Jiménez Sánchez; José Rodríguez de la Borbolla, ajeno a protocolos.

En el funeral, los sacerdotes Isacio Siguero y Carlos Muñiz glosaron las virtudes de un cristiano ecuménico. Estas historias cruzadas acreditaban una vida tan plena que allí la muerte tenía muy poco que hacer. Historia con mayúsculas. Al funeral asistió Juan Ortiz Villalba, que en su libro Sevilla 1936 convierte a Pedro Donaire, el suegro del catedrático de Derecho Internacional, en uno de los personajes de aquella trama real con unas peripecias dignas de una novela.

Ayer no habría nadie en Sevilla más orgulloso que Carmen, la nieta de Matilde y Juan Antonio. El profesor despedido como un maestro cuyo legado va desde la Alhambra hasta el Partenón.

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