Los negocios de la crisis

La ciudad del compro oro

  • Con más de 200 establecimientos legales, Sevilla se ha convertido en la segunda capital española en compraventa del metal preciado. La Policía desmantela varias bandas especializadas en robar sólo joyas.

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Sevilla es, desde hace unos años, la segunda ciudad de España en la que más oro se vende y se compra. Sólo Madrid supera a la capital andaluza en este mercado, uno de los escasos negocios florecientes que ha generado la crisis. El elevado precio de este metal, considerado como un valor refugio en tiempos de recesión, ha llevado en los últimos años a miles de ciudadanos a desprenderse de joyas para poder obtener liquidez, así como a la proliferación de bandas de delincuentes especializadas en asaltar domicilios para robar única y exclusivamente piezas de oro.

Las tiendas de compro oro han pasado de ser ocho en el año 2008 a más de 200 en la actualidad, sólo en la capital. En el conjunto de la provincia se superan las 400. Un porcentaje muy elevado de relojerías y joyerías clásicas se han pasado también a comprar oro tratando de compensar la caída de ventas. Por ello, hay ya negocios de este tipo en prácticamente todos los barrios de la capital y en todos los municipios de la provincia, incluso los más perdidos de las sierras Norte o Sur.

El precio del oro es cada vez mayor y evoluciona constantemente, por lo que se trata de un negocio con unos márgenes de beneficio muy amplios. Si algún tendero es capaz de pagar el valor del gramo hoy y, en vez de dar salida a esa joya inmediatamente, aguantarla un par de meses, podrá vender cada gramo por un precio bastante más elevado de lo que pagó. De ahí que exista una red de mayoristas que controlen varias tiendas y que son quienes realmente rentabilizan su inversión. A la hora de cierre de esta edición el gramo de oro estaba en 42 euros, cuatro veces más alto que hace cuatro años.

Entre ellos la competencia es feroz. De hecho, si en una calle en la que ya hay una tienda se queda vacío un local, es muy probable que el propietario del compro oro de esa calle alquile el inmueble sólo para restar competencia. Puede abrir otro negocio similar o simplemente dejar el local vacío, ya que la ley impone unas medidas de seguridad que pueden resultar muy costosas, tales como puertas blindadas o cristales de un determinado grosor.

Cuando un ciudadano se desprende de una joya, el comerciante que se la compra puede venderla de segunda mano, enviarla a fundir para extraer el oro o vendérsela a un mayorista. Éste, al controlar más tiendas, siempre tendrá más capacidad para aguantar la pieza sin venderla o fundirla y, por tanto, obtener más ganancias por ella. Cada persona que vende una joya debe realizar un contrato con la tienda y dejar sus datos personales. De esta forma se intenta evitar la venta de piezas robadas.

El Grupo de Robos de la Policía Nacional se encarga de investigar las transacciones con artículos sustraídos. Las bandas de delincuentes especializadas en el robo de joyas no suelen revenderlas en los establecimientos legales de compro oro. Generalmente trabajan con sus propios peristas, que se encargan luego de dar salida a las joyas en el mercado negro. Se trata de organizaciones compuestas en su mayoría por ciudadanos de Europa del Este expertos en asaltar domicilios vacíos.

En Sevilla, el Grupo de Robos ha desmantelado varias bandas de este tipo en los últimos años. Algunas de ellas eran especializadas en desmontar la cerradura extrayendo el bombín de la misma, un método que se conoce con el nombre de bumping. Otros procedimientos clásicos son el del resbalón, que consiste en deslizar una tarjeta de plástico duro para hacer saltar el pestillo, o el de la palanqueta, mediante el que se destroza la puerta.

Estas bandas no suelen estar asentadas en Sevilla, sino que son itinerantes. Pueden tener su base en una provincia y cada día desplazarse a otra para cometer varios robos. Se mueven con coches de segunda mano, generalmente antiguos y a los que no les hacen luego la transferencia del nombre para que los delincuentes no consten como propietarios. Actúan en bloques de pisos altos y siempre por la mañana, de manera que pueden robar en varios domicilios de un mismo edificio en cuestión de minutos. Apenas hay vigilancia previa. Tocan en los porteros para comprobar si hay alguien. Si se encuentran con alguna persona, inmediatamente dan la vuelta y se van, ya que lo que buscan es no ser reconocidos por nadie. De ahí que tampoco sean violentos.

Cuando entran en un piso, van directamente al dormitorio principal, que es donde casi siempre se guardan las joyas. Los robos duran apenas cinco minutos, el tiempo de rebuscar en los armarios y en los cajones. Si acaso, echan un vistazo a algún dormitorio secundario, pero no miran nada más. Este tipo de bandas no se llevan televisores ni ordenadores como sí hacen otros grupos organizados, ya que operan a plena luz del día y buscan no llamar la atención. Sólo roban joyas y dinero en metálico.

La mayoría de las piezas son de oro de 18 kilates, de ahí que difícilmente un perista o un comerciante de oro pague por ellas el precio que dice en su publicidad. Algunos comercios aseguran en sus anuncios que abonan más de 40 euros por gramo, pero sólo lo harían en el caso de que se trate de oro de 24 quilates. Las joyas son de 18 porque el de 24 es más blando y debe ser aleado con otros metales para que no se deforme. De 24 sólo pueden hacerse monedas y lingotes.

Una vez que se funde, se extrae el oro y se desechan el resto de materiales. Ese oro, ya hecho lingotes, puede ser sacado de España, ya que en Bélgica, Holanda y Suiza se paga mejor. Buena parte de esas joyas terminan convertidas en oro de inversión y guardadas en bancos fuera de España.

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