La semana santa de...

"Las cofradías no sólo no lastran la ciudad, sino que la benefician"

  • Devoto del Gran Poder, nazareno de los Estudiantes en sus cuatro años como rector de la Hispalense y convencido de la función social de las hermandades

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Hermano del Gran Poder, San Roque, los Estudiantes y el Dulce Nombre. Nacido en la calle Recaredo. Manuel Clavero Arévalo (Sevilla, 1926), abogado, catedrático, ex ministro y presidente del Consejo Editorial de Diario de Sevilla, fue testigo directo de la primera cuadrilla de hermanos costaleros de la Semana Santa, ha presidido la cofradía de los Estudiantes como rector de la Universidad, ha oído cantar saetas a Antonio Mairena y a Fosforito y ha sido junto a su padre nazareno del Gran Poder, la imagen a la que profesa honda devoción.

Clavero está convencido del papel positivo de las cofradías en la ciudad: "Las cofradías tienen un gran peso en la ciudad. Son una seña de identidad de Sevilla. Hay otras Semanas Santas con otras características, como en Castilla, donde el estilo de las imágenes y la propia organización de la Semana Santa son distintos, pero nuestra Semana Santa es importante hasta en los pueblos. El Consejo General de Hermandades es toda una institución en Sevilla. Las cofradías, lejos de lastrar a la ciudad, la benefician incluso desde un punto de vista no ya religioso, sino civil: la Semana Santa es una fuente de turismo. Las cofradías, además, están cada vez más volcadas en la caridad. Tienen casas y bolsas de caridad y hacen una labor fundamental en el cristianismo: el ejercicio de la caridad. Amar al prójimo es uno de los grandes mandamientos".

Su infancia cofradiera tiene lugar en la carrera oficial con unas características muy especiales: "Mi primer recuerdo de Semana Santa es en la calle Sierpes, en el edificio donde antes estaba el Banco Hispano Americano, el antiguo Círculo de Labradores y la antigua cárcel en la que estuvo Cervantes y que actualmente es Cajasol. Mi tío Faustino Arévalo, hermano de mi madre, era el director regional en Andalucía del Banco Hispano Americano y me invitaba allí a ver la Semana Santa junto a mis primos. El sitio era privilegiado. Enfrente del banco había un bar y encima de este bar, en la primera planta, había un balcón desde el que se cantaban muchas saetas. Allí oí cantar nada más y nada menos que al niño de Mairena, el famoso Antonio Mairena, y a Fosforito. Estos dos saeteros se alternaban en el cante. ¡Verlos cantar allí era un lujo!"

Al recordar aquellas tardes en la calle Sierpes, Clavero esboza un análisis del ambiente de esos tiempos: "El público de aquellos años abarrotaba las sillas, como ocurre actualmente. Pero los nazarenos de las cofradías pudiéramos decir que tenían menos disciplina que los de ahora. Y, por supuesto, había menos nazarenos por cofradía. Me acuerdo de una broma que se decía por aquel entonces sobre un extranjero que oyó decir a un nazareno: 'Tenme el cirio que me voy a dar un latigazo'. Y, claro, el extranjero pensaba: 'Hay que ver, menuda disciplina. ¡Se sale de la cofradía para darse latigazos!'. Y la verdad es que el nazareno iba a tomarse una copa a un bar. Estas prácticas hoy no se dan ya".

Jamás olvida cuando habla de cofradías su experiencia como rector de la Universidad de Sevilla, cuando presidió vestido de nazareno la cofradía de la Buena Muerte: "Ya era hermano de esta cofradía desde que era estudiante de Derecho. Recuerdo que el hermano mayor de entonces era un hombre muy preparado como médico y como cofrade, don Ricardo Mena Bernal. Fui testigo directo y privilegiado de la primera cuadrilla de hermanos costaleros de la Semana Santa. Aquella experiencia la viví muy de cerca".

El Gran Poder ocupa un lugar preferente en sus vivencias cofradieras: "Nosotros vivíamos en la Plaza de Jáuregui, donde nos vestíamos de nazareno y desde donde íbamos andando mi padre y yo hasta San Lorenzo. Mi madre era quien nos ayudaba a ponernos las túnicas. Una cosa que me impresionó mucho fue que mi padre se cayó yendo hacia la iglesia. Sin embargo, pudo salir aquel año. Salir de nazareno era una auténtica muestra de disciplina y sacrificio. Mi padre y yo íbamos juntos a San Lorenzo y también nos volvíamos juntos. Cuando mi padre dejó de salir de nazareno, también lo dejé yo, porque salir en el Gran Poder es algo que lo tengo muy asociado a mi padre".

Clavero sigue viviendo cada Semana Santa, aunque ya de forma distinta y, sobre todo, con un criterio mucho más selectivo: "Actualmente salgo poco a la calle en Semana Santa. Me gusta ver salir alguna de la Catedral. Voy también algún año a ver a los Estudiantes cuando ya regresan por la calle San Fernando. Y, sobre todo, las veo en las televisiones locales, que es donde se ve la Semana Santa de una manera extraordinaria. Y, además, con unos comentaristas que lo hacen magníficamente bien. Aunque la Semana Santa está muy masificada, las televisiones pueden influir en que haya menos público en los últimos años".

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