Julio Cuesta. Comisario de los 25 años de la Expo 92

El comisario para las bodas de plata

  • Fue comisario del pabellón de la Cruzcampo, donde Gambrinus se mantiene como mascota de la Expo que recuerda

Julio Cuesta con Alberti Julio Cuesta con Alberti

Julio Cuesta con Alberti

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La imagen del papa emérito Benedicto XVI, cardenal Ratzinger, celebrando con cerveza su nonagenario aniversario, tiene su lógica: los pabellones del Vaticano y de Cruzcampo de la Expo los diseñó el mismo arquitecto, Miguel de Oriol e Ybarra. Julio Cuesta Domínguez (Sevilla, 1946) fue comisario del segundo de esos pabellones. El alcalde, Juan Espadas, le encargó los actos conmemorativos de las bodas de plata de la Expo que vivió desde sus entrañas. Hermano del Baratillo, revisa un certamen que se inauguró un día después del Domingo de Resurrección, punto de partida de la temporada taurina de una ciudad que ese año tuvo dos Curros, uno de Camas y otro diseñado por Heinz Eidelmann, el checo que llevó a los dibujos animados el Submarino Amarillo de los Beatles.

El comisario de las bodas de plata se niega a admitir la dialéctica del motín de la Bounty para retratar la relación o el pulso entre Olivencia y Pellón. "Eso es más representación que realidad", dice quien sigue sin entender que no tengan una calle o una glorieta con su nombre "los dos hombres que más han hecho por esta ciudad en toda su historia en un periodo más corto de tiempo". Los malos usos del dualismo sevillano, que hace el paseíllo con Joselito y Belmonte como coartada estética para reeditar el duelo bíblico de Caín y Abel.

Llegó hasta la Exposición de 1992 desde la del 29, ya que trabajó en el edificio que había sido pabellón de los Estados Unidos para el certamen que inauguró el rey Alfonso XIII. En esa etapa conoció los apasionantes prolegómenos de la Expo 92 en la oficina que Manuel Olivencia tenía en la avenida de la Palmera.

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