calle rioja

Una cuadrilla con alma de cuadro

  • Ensayo. El sastre Pedro Algaba ultima los detalles del traje con el que el domingo tomará la alternativa en la Maestranza Rafa Serna a partir de un diseño del pintor Ricardo Suárez

De izquierda a derecha, el torero Rafa Serna, el pintor Ricardo Suárez y el sastre Pedro Algaba, en la tienda de este último en calle Adriano. De izquierda a derecha, el torero Rafa Serna, el pintor Ricardo Suárez y el sastre Pedro Algaba, en la tienda de este último en calle Adriano.

De izquierda a derecha, el torero Rafa Serna, el pintor Ricardo Suárez y el sastre Pedro Algaba, en la tienda de este último en calle Adriano. / juan carlos muñoz

De la misma tienda donde su padre le regaló el primer capote, se arregló el primer traje y se compró su primera ayuda -la espada de mentiras- con un billete de cincuenta euros que tuvo que pegar con flixo, saldrá Rafa Serna (Sevilla, 4 de octubre de 1995, 21 años) vestido de torero para el gran día de la alternativa en la Maestranza el próximo domingo, festividad de San Miguel.

En la tienda de toreros de Pedro Algaba (Albaladejo, Ciudad Real, 1954), justo frente al coso del Baratillo, se improvisó una réplica de la lección de anatomía de Rembrandt con una terna singular: el torero, el pintor Ricardo Suárez y el sastre Pedro Algaba. Anatomía en el sentido literal y metafórico, porque las piernas del torero se corresponderán con las columnas corintias que Suárez ha pintado inspirándose en las de la iglesia del Salvador, la agonía del barroco antes de que en Sevilla se impusiera la moda del neoclasicismo.

El traje lleva motivos del Salvador, iglesia unida a las dos ramas familiares del torero

El traje de Rafa Serna es una vuelta al ruedo de su infancia, un viaje íntimo a las vivencias de su familia. Su padre, Rafael González Serna, ya dijo en el Pregón de la Semana Santa de 2016 que la plaza y el patio del Salvador eran como el patio de su casa. Su madre, Magdalena Lirola, miraba orgullosa este guiño de querencias: su padre, Pepín Lirola, uno de los socios de Vilima, titular a sus 87 años de la barrera 11 de la Maestranza, le transmitió a su nieto la afición a los toros. "Era cuando empezaba El Juli, al que Rafa le imitaba los pases en la terraza", recuerda la madre del torero. El abuelo fue hermano mayor de la Hermandad del Rocío del Salvador que sale de la misma plaza donde el abuelo paterno, el padre del pregonero, tenía una zapatería en los soportales que ahora refrescan los gaznates.

Los hermanos Justo y Pedro Algaba forman un AVE de diseños taurinos que se bordan en Madrid, en los dominios de Justo Algaba (Villapalacios, Albacete, 1948) y se prueban en Sevilla. "En cuarenta años que llevo en este oficio, es el traje de torero al que más alma le he echado", dice este sastre de toreros autodidacta. "Las sastrerías taurinas han sido generacionales, de padres a hijos y nietos. Con nosotros se ha roto el molde. Ni un botón sabía mi hermano ni yo tampoco".

Es el primer traje de torero que pinta Ricardo Suárez inspirado en una iglesia del Salvador donde está enterrada la madre del artista, buena aficionada a los toros que disfrutó con el toreo de Rafa Serna cuando era novillero. Es el primer traje de torero en el que Pedro Algaba cuenta con un pintor, con la única excepción de una insólita colaboración con John Fulton, pintor y torero norteamericano -apareció en un cartel de la Maestranza como El Yanqui- que le inspiró unos vestidos basados en motivos romanos en los que aparecía el dios Baco, trabajo del que recuerda un traje rojo que lució Julio Robles que llevaba mallas de gladiadores.

Rafa Serna nació en la Cuesta del Rosario, un torero del centro de Sevilla, en el entorno de una iglesia que antes fue mezquita y que fue restaurada con el empeño de un cíclope llamado Juan Garrido Mesa y cuya historia cuenta al detalle el arquitecto Fernando Mendoza.

La afición le llegó por su abuelo materno, Pepín Lirola, 87 años, que podría ir a la plaza

El sastre Pedro Algaba fue expresamente a ver torear a Rafa Serna a Sanlúcar de Barrameda porque le entusiasmaba el traje y quería verlo sobre la arena de los nuevos gladiadores. No suele ir a ver torear a los toreros que viste, y no hay figura del escalafón que quede fuera de su cartera de clientes. En la tienda está el paseíllo del Domingo de Resurrección de 1992, tres toreros vestidos por los hermanos Algaba, a saber: Curro Romero, Paco Ojeda y Espartaco, "que llevaba oro, pero oro de verdad, no baño de oro". También para Paco Ojeda hizo un traje para reforzar la condición de pensador del torero sanluqueño. Y uno negro y oro para Paula que le robaron.

Una pieza angular del diseño de Ricardo Suárez es el rosetón, un círculo que se corresponde con el que se encuentra bajo la cúpula, de mármol rojo y negro de Montellano. Es gratificante oír hablar de pintura al sastre. "¡Hay tanta simetría...!". "Es pura arquitectura", responde el pintor. Oír hablar de pintura al torero, al cuerpo de baile de esa arquitectura soñada: "No quería un blanco, quería una tonalidad". Se transfieren conocimientos y Pedro Algaba dice que "las cosas no salen bien por la buena profesionalidad, sino por la inspiración".

En guiño a la Macarena que en la Madrugada de hace tres años se protegió de la lluvia en el Salvador, el pintor ha sugerido un color "merino esperanza". Reconoce esos pigmentos el sastre. "Es el color de la lana antes de ser teñida, mi familia tuvo ganado".

Esta sastrería de toreros sabe de alternativas. Ya hicieron por encargo el traje de Lama de Góngora. Dice Algaba que el de Rafa Serna es un traje que en desvelos y detalles "corresponde a cinco vestidos". Le sugiere que lo lleve "como un pijama". "No va como desnudo, el traje le da al torero una protección psicológica". Ricardo Suárez le pintó la portada del Feria al padre pregonero y le ha dado en colores las llaves de la puerta del Príncipe al hijo torero. El toreo es el último sueño barroco de la ciudad en la que Halloween le gana la partida a don Juan y donde Carmen la cigarrera hace juanolas. Ayer, en Adriano, frente a la Maestranza, la fábrica de los sueños, el sastre, el pintor y el torero hicieron el paseíllo de la última prueba.

Algaba destaca las escamas y las lentejuelas. El pintor repara en que el mismo autor del retablo del Salvador, el portugués Caetano Dacosta, hizo también el palco del Príncipe de la Maestranza. El domingo el traje de luces iluminará el sueño de la Costanilla.

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