Tribunales Las reclamaciones más insólitas

La 'culpabilidad' de las víctimas

  • El conductor de un ciclomotor que atropelló a una mujer en un paso de peatones reclama en el juzgado a la víctima el pago de la reparación del vehículo, así como de unas gafas y una cazadora de piel nuevas

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En una sociedad en la que se reclama por todo y en la que todo se judicializa, no es extraño que de vez en cuando se produzcan reclamaciones insólitas que pueden considerarse inmorales. Eso es lo que pensó Trinidad Muñoz Morillo, una mujer de 52 años que fue atropellada por un ciclomotor y que ahora ha visto con sorpresa cómo el conductor de la moto, un hombre de 32 años, le reclama en los tribunales 2.760 euros. En esta cantidad se incluyen los gastos de la reparación del vehículo y el importe de unas gafas y una chaqueta de piel, además de una compensación por las lesiones que sufrió: una fractura costal de la que curó en 30 días y que no le dejó secuela alguna.

El accidente en el que se vio involucrada Trinidad Muñoz ocurrió a primera hora de la mañana del 26 de octubre del año 2006, cuando la mujer se disponía a cruzar por un paso de peatones regulado por semáforos en la avenida Ingeniero la Cierva. Un ciclomotor que circulaba por la misma calle la atropelló, desplazándola varios metros desde el lugar del impacto. A causa del accidente, Trinidad Muñoz tuvo que ser hospitalizada durante nueve días, al sufrir fractura de pelvis, traumatismo craneoencefálico y de nariz. Como secuelas, la mujer sufre una anosmia o pérdida completa del olfato.

Los agentes de la Policía Local que se desplazaron al lugar del accidente redactaron un atestado en el que, valorando únicamente los testimonios del conductor y de la víctima, consideraron que el ciclomotor circulaba con su semáforo en verde y que en el siniestro pudo influir la deficiente iluminación de la zona -estaba amaneciendo- y la ropa oscura que llevaba la víctima, que dificultaba aún más la visibilidad.

El atestado también recogía que Trinidad Muñoz se hallaba "bastante aturdida y fatigada", por lo que debido a ese estado no pudo concretar si el semáforo peatonal estaba abierto. Lo que sí confirmó la víctima es que los vehículos que estaban a su izquierda se hallaban completamente detenidos cuando ella cruzó el paso de cebra.

El conductor de la moto declaró, en cambio, que su semáforo estaba en fase verde y que el peatón se cruzó en la calzada de forma "oblicua" y no pudo evitar el atropello.

Trinidad Muñoz se ve "impotente" ante la reclamación del motorista porque se siente como si fuese culpable de su atropello. "Parece que yo he cometido el crimen, no querría haberme visto nunca en esta situación", asegura la mujer, que comenta que estuvo una semana llorando cuando su marido le gastó una broma al decirle que tendría que ir a la cárcel si no pagaba el dinero que le exigen.

Del día del accidente, sólo recuerda que iba para su trabajo y que tenía el semáforo peatonal en verde. "Sentí el golpe, quedé inconsciente pero me tuvo que dar un buen porrazo".

Trinidad cree que, como cunda el ejemplo de este joven y se ponga de moda reclamar daños y perjuicios a las víctimas de los accidentes de tráfico, los peatones van a tener que contratar "un seguro por si les atropellan", para hacer frente a las posibles reclamaciones civiles.

Después del atropello, la mujer ha perdido completamente el olfato, aunque es consciente de que "hay otras cosas peores". Su familia también vivió momentos difíciles durante la hospitalización, porque la mujer no reconocía a su esposo ni a sus hijos, que fueron informados por los médicos de que había sufrido dos derrames a causa del traumatismo.

El conductor de la moto, comenta Trinidad Muñoz, ni siquiera se interesó por su estado de salud. No supo nada del joven hasta que el juzgado recibió la demanda por la reclamación, que aún está pendiente de juicio. En ese momento, se sintió víctima por segunda vez.

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