El agua desembalsada llenaría 15 veces el pantano del Gergal

  • La aportación de la lluvia en los últimos dos meses supera en un 1.214,6% la recogida durante todo el curso hidrológico pasado Las reservas están garantizadas hasta 2016

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Las lluvias de los últimos meses han alejado definitivamente el fantasma de la sequía. Tras un invierno bastante seco respecto a la tónica habitual, febrero y marzo han supuesto un auténtico alivio para el campo andaluz y, sobre todo, para el sistema de abastecimiento de agua de Sevilla, que ha alcanzado uno de sus máximos históricos, según Emasesa, empresa metropolitana que se encarga de este servicio.

Desde que en octubre comenzó el nuevo año hidrológico se han recogido 734,94 hectómetros cúbicos. En dicha cifra hay que tener en cuenta el agua que ha llenado los cuatros embalses que surten a Emasesa (Aracena, Zufre, Minilla y Gergal), más el de Cala (construido para la generación de energía eléctrica pero que también abastece a Sevilla) y el de Melonares (cuya agua aún no se puede consumir a falta de que se concluyan las conducciones). Esta última presa, en concreto, ha recibido 233,76 hectómetros cúbicos. La cifra total supera en un 1.214,62% toda la aportación del curso hidrológico precedente (de octubre de 2011 a septiembre de 2012), o lo que es lo mismo, la aportación de las precipitaciones a los embalses el ejercicio anterior representa un 7,6% de toda el agua recogida en estos seis meses. En este sentido, hay que tener en cuenta que el curso 2011/12 fue uno de los más secos que se recuerda en 70 años, pese a lo cual no se activó el estado de pre alerta debido a la gran reserva existente gracias a las lluvias de los años previos.

Con las precipitaciones de los dos últimos meses hay agua garantizada para el consumo de los sevillanos hasta 2016. No es para menos. En total, la capacidad de los embalses de los que se abastece Emasesa (incluyendo Cala y Melonares) es de 641 hectómetros cúbicos, por lo que sólo la lluvia ha provocado un excedente de casi 94 hectómetros cúbicos. Si esto se une al estado que presentaban ya los pantanos, la situación ha provocado que en el Gergal se desembalsen 248,95 hectómetros cúbicos y en Melonares (aún sin canalizaciones), 276,09. En total, las salidas han alcanzado los 525,04 hectómetros cúbicos, lo que supone multiplicar casi por cinco veces la aducción (agua extraída) en 2012 para abastecer a los municipios que suministra Emasesa. La importancia de este desembalse se ratifica si se establece una comparativa con los pantanos, ya que llenaría casi tres veces la superficie de Melonares (el más grande de todos con 186 hectómetros cúbicos) y podría abastecer otras 15 el de Gergal (de 35 hectómetros cúbicos, el más pequeño).

¿Y cómo llega el agua desde el embalse al grifo de los sevillanos? Precisamente la aducción es uno de los sistemas más complicados en tanto que la empresa metropolitana persigue el mayor aprovechamiento energético en el abastecimiento y la máxima calidad. Para ello hay que que recordar que Emasesa dispone de dos canales de conducción distintos. Uno que procede de la presa de la Minilla, en plena sierra, y otro del Gergal, en Guillena. El primero lo hace aprovechando la gravedad del terreno, por lo que no se trata de una conducción lineal, sino que va formando recovecos para discurrir mediante saltos hasta llegar a la estación de tratamiento del Carambolo. Este canal mide 63,4 kilómetros de longitud y es capaz de transportar hasta 5,6 metros cúbicos por segundo. La segunda conducción parte del pantano del Gergal y es totalmente distinta, al tratarse de un terreno firme, por lo que requiere de una estación de bombeo situada en Camas antes de llegar al Carambolo. Este canal lineal consta de 21,2 kilómetros y su capacidad es mayor al de la Minilla: 7 metros cúbicos por segundo.

Hay que tener en cuenta que el agua tomada en los pantanos procede de distintos niveles. Boyas como la colocada en el Gergal se encargan de precisar cuál es la de calidad más optima en base a diferentes parámetros. Una vez que el líquido elemento llega al Carambolo -bastante oxigenado por la conducción- queda almacenado en un repartidor. Desde ahí empieza el tratamiento de potabilización, para el que ha sido esencial la selección realizada antes en el pantano, ya que cuanto mejor sea el agua, más se reducirá el siguiente proceso y, por tanto, los gastos. En el citado repartidor se le añade el reactivo coagulante, elemento que contribuye a la clarificación, próxima fase que se lleva a cabo en las dos líneas de decantadores que existen en esta estación.

Estas instalaciones, de planta circular, cuentan con un instrumento vertebrador llamado corona en que al agua se le une el floculante, cuya principal misión es agrupar los flóculos del coagulante para que sedimenten y formen un lecho (decantación), de manera que el agua pase lo más limpia posible a los filtros.

Estos elementos lo constituyen una losa de hormigón que se recubre con otra capa de arena silicia con un grosor de 80 centímetros. Condición indispensable es que los granos que la conforman tengan la misma dimensión, por lo que previamente ha debido ser tratada. Si la decantación ha sido exitosa, el agua pasará por los filtros sin problema. En caso contrario, se activa un procedimiento para evitar que el líquido elemento llegue al siguiente canal que lo transporta hasta los dos depósitos de la planta, con capacidad para albergar hasta 266.000 hectómetros cúbicos.

En 2012 la cantidad de agua captada en El Carambolo fue de 108,8 hectómetros cúbicos, lo que supone la cifra más baja de los últimos años, muestra del descenso en el consumo, una tendencia que los representantes de Emasesa atribuyen a que cada vez la gente toman mayor conciencia de que el agua es un recurso limitado y a los efectos de la crisis. No en vano, la captación más alta se registró en 2004 con más de 125 hectómetros cúbicos.

En cuanto al agua tratada en el Carambolo, la cantidad alcanzada en 2012 fue de 85,36 hectómetros cúbicos, la más pequeña de los últimos 22 años y a mucha distancia de la lograda en 1991, cuando se trataron casi 150 hectómetros cúbicos, otro claro ejemplo de la bajada en el consumo.

Todo este proceso viene acompañado de un control exhaustivo para garantizar la calidad del agua y evitar posibles riesgos, para lo que se establecen barreras de control en cada una de las etapas antes mencionadas. Dicha vigilancia está basada en las normativas estatales (real decreto 140/2003), autonómicas (decreto 70/2009) y de la propia empresa.

Al margen de las boyas en los embalses de captación (Minilla y Gergal), también se realizan análisis biológicos para la detección precoz de fitoplancton tóxico en el agua almacenada en ellos. Durante el año pasado en el de la Minilla se llevaron a cabo 40 controles (tres menos que en 2011) y en el Gergal, 26 ( dos menos que el ejercicio anterior). En cuanto a las muestras efectuadas, en 2012 se realizaron 2.389, de las cuales 1.792 se practicaron en plantas de tratamiento (la mayoría en el Carambolo), depósitos y red de distribución, y otras 597 en los grifos de consumo situados en locales públicos y domicilios particulares (313 en la ciudad hispalense).

Respecto a las quejas, el último año se recibieron 55, la mayoría relacionadas con el color y el sabor, por apreciarse una cantidad baja de cloro y para exigir la comprobación de la potabilidad. De ellas, sólo ocho se confirmaron.

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