La devoción que no se ve

  • Desde 1906 las religiosas de Santa Ángela tienen el privilegio y la responsabilidad de engalanar a la Virgen de los Reyes, tarea que efectúan hasta cuatro veces en agosto.

Prefieren no decir sus nombres. Quieren permanecer en el anonimato y huir de cualquier protagonismo personal: “Las camareras de la Virgen de los Reyes somos las Hermanas de la Cruz, ninguna hermana en particular”. Desde el año 1906, son las encargadas de vestir a la Patrona de la ciudad y su Archidiócesis. Fue el Capellán Real, José Rodríguez Soto, quien les encomendó esta delicada y privilegiada tarea que desde entonces vienen ejerciendo con absoluta entrega y dedicación.

“Es una labor que no nos merecemos”, asegura una de las religiosas, aunque al mismo tiempo reconoce que es un “privilegio y una responsabilidad muy grande para todas nosotras”. Casi siempre son las mismas, tres o cuatro procedentes de la Casa Madre de Sevilla. Al frente está la Hermana Maestra que es la que más tiempo lleva ejerciendo esta labor. Junto a ella, varias de las novicias.

Las Hermanas de la Cruz visten a la Virgen de los Reyes cada dos o tres meses, según el calendario litúrgico, aunque es en agosto cuando la maestra y sus novicias acuden con más frecuencia a la Catedral. “La Señora se cambia 4 veces en este mes. Para el primer besamos, para la novena, para la salida y, después de unos días, para el segundo besamanos”.

La elección de la ropa que lucirá la Patrona es otro de sus cometidos. Para esta ocasión han elegido el manto verde que regaló la Reina Isabel II en 1853. La elección no es caprichosa. Se hace de manera alterna. “Cada año va tocando uno diferente. La gente ya sabe cuál es el que corresponde año tras año”. El pecherín siempre es el mismo, el de brillantes, el más rico de los que se guardan en el tesoro de la Virgen. La labor de las hermanas no es fácil por las propias características de la imagen. “Todos los mantos son difíciles de poner porque la Virgen va sentada. Son todos muy buenos y muy grandes”.

El ajuar es muy rico y variado. Fruto de la devoción de sevillanos anónimos y de personas como la Reina Isabel II o la Infanta María Luisa, que han regalado mantos y otras joyas. Son 5 los mantos bordados que la Virgen de los Reyes tiene reservados para la salida procesional del día de la Asunción. Para el resto de los cultos y el camarín se utiliza la ropa de menos valor. Este año para el besamanos la Virgen ha “reestrenado” el manto salmón donado por la familia Guardiola y que ha sido restaurado por el taller de bordados de Sucesores de Esperanza Elena Caro, una casa íntimamente relacionada con la Patrona de la ciudad que se encarga habitualmente de reparar los bordados de la Virgen de los Reyes.

El Niño Jesús siempre se viste en función de lo que se le ponga a la Virgen. “Suele haber una hermana que es la que se encarga del Divino Infante”. Las Hermanas de la Cruz cuentan con la ayuda de dos camareras auxiliares miembros de la Asociación de Fieles de la Virgen de los Reyes y San Fernando. Dolores Gálvez Lolina y Ana María Molero llevan muchos años también junto a la Patrona. Se encargan de que todo este dispuesto y que a las hermanas no les falte de nada cuando se disponen a vestir a la Virgen. Son ellas las encargadas de velar por la imagen cuando las religiosas abandonan la Catedral.

Las Hermanas de la Cruz, que tan cerca tienen a la Patrona, no asisten a la procesión. Viven la jornada como si fuera cualquier otro día del año. Una muestra más de una actitud de entrega que huye de cualquier protagonismo: “Vamos después, cuando ya ha terminado todo y está otra vez en su capilla para quitarle la corona”. Entonces, la Virgen vuelve a ser de ellas, aunque sea por un instante hasta que los sevillanos la vuelvan a reclamar para si.

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